Chile, ¿Qué quiere y para quién trabaja la Democracia Cristiana?

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No es fácil tratar de desenredar la trenza de intenciones y objetivos que pueblan la mente de hombres como Jorge Burgos, el ex ministro del interior del gobierno de Michelle Bachelet que, una vez renunciado al cargo y luego de haber ganado millones de pesos por ocuparlo,  aparece en la prensa (en cierta y determinada prensa, la derechista) ninguneando a su ex jefa, cuestionando la participación de su tienda partidista en la administración actual,  tanto como, también, emporcando el que fue su nido durante muchos meses.

Era cosa sabida que algunos connotados dirigentes del partido demócrata cristiano nunca comulgaron  con ciertas propuestas del programa de la Nueva Mayoría, asunto que se agravó durante el ejercicio de la actual administración, incrementándose ello a partir del arribo del partido comunista al gobierno, aunque  esto último ha sido utilizado por los ‘díscolos’ derechistas que perviven al interior de esa tienda falangista como argumento útil para provocar escisiones y abandonos… o quizá, para demostrar a los bandos contrarios cuán dispuestos están en orden a rearmar agrupaciones como la vieja CODE (Confederación de la Democracia, configurada por la democracia cristiana, la democracia radical y el partido nacional), genio y figura del rompimiento del gobierno constitucional de Salvador Allende  y la democracia en los años 1972-73.

“Típico de la DC”, me repite una y otra vez el ‘pepe grillo’ que zangolotea en mi conciencia. Pero, más allá de la habitual cantinela que acostumbramos dedicarle a ese partido, hay una pregunta que tal vez no la hemos explicitado con voz fuerte jamás. Por ello creo oportuno hacerlo ahora.

¿Qué quiere, realmente, la democracia cristiana? Por favor, que nadie salga con el verseo ya gastado de respuestas como “el bienestar de la gente”, “el desarrollo del país”, “la solidez de la democracia”  y otras vaguedades similares, pues esas son palabras que abundan en las bocas de todos los políticos, incluyendo aquellos que siempre están dispuestos a apoyar sediciones, golpes y genocidios.

Si nos atenemos a declaraciones emitidas por personeros como Ignacio Walker, Soledad Alvear, Gutenberg Martínez, Andrés Zaldívar, Mariana Aylwin y el mismo Jorge Burgos, deberemos concluir que esa tienda propone virar hacia la derecha, continuar e incrementar el destace del país y la venta de nuestros recursos naturales a manos privadas, reavivar la dependencia del estado respecto de las órdenes vaticanas y, por supuesto, mantener en el más bajo nivel posible la influencia del estado en asuntos económicos, lo que incluye la Educación (para felicidad de Mariana Aylwin que tiene gordos intereses en esa materia), la Salud, el Agua (gloria, gloria, Pérez  Yoma),  y el Mar, cuya actual ley de pesca –propuesta y dirigida por Pablo Longueira- siempre contó con la interesada participación de algunos DC como Andrés Zaldívar, la “pimpinela escarlata” de la DC.

Si bien alguna vez en los anales de nuestra Historia este partido tuvo cierta cercanía con el pueblo, hoy se ha distanciado kilométricamente, cósmicamente. Ya una vez se le perdonaron sus efluvios fascistas, como por ejemplo cuando Andrés Zaldívar (politicastro que lleva más de seis décadas mamando de  la ubre del fisco), siendo ministro del gobierno de Frei Montalva en octubre de 1970, por cadena nacional llamó a los chilenos a concretar una corrida bancaria, dejando al fisco casi sin dinero, a objeto de provocarle grandes deterioros y problemas al país debido a que Salvador Allende asumiría la presidencia de la república.

También se le perdonó a la DC –porque jamás hubo condena judicial alguna al respecto-  que uno de sus principales simpatizantes y representantes militares en el gobierno dictatorial, el general Sergio Arellano Stark,  a bordo de un helicóptero ‘Puma’- asesinase a decenas de prisioneros políticos (todos, civiles e inocentes) en una acción que merecía, sin duda, el total repudio y la la más dura sanción de parte de toda la comunidad nacional…

Se le volvió a perdonar al PDC la cobardía de Patricio Aylwin con su “justicia en la medida de lo posible”, cuestión que Chile prefirió dejar pasara en beneficio del avance de una transición a la democracia que transitaba una vía de largo recorrido e inefable resultado (como vemos y comprobamos lamentablemente hoy), ya que asesinos y torturadores de ayer continúan libres, y no tan sólo  ‘libres’ sino, peor aún, ocupando cargos públicos gracias a la aceptación y nominación de los mismos dirigentes DC en alianza con socialistas ‘renovados’ a la fe neoliberal.

Una vez más se le perdonó a ese partido ‘cristiano y democrático’ (eso dice su razón social) el jugarse el todo por el todo, durante el gobierno de Frei Ruiz Tagle y con la activa y entusiasta participación del entonces ministro José Miguel Insulza (un socialista ya empapado de aceite fenicio en la pila bautismal del bolicheo de las transnacionales y del FMI, que recurrieron incluso al más inaceptable de los engaños para lograr que el dictador Augusto Pinochet fuese liberado por los tribunales ingleses y enviado de regreso a Chile, donde reapareció con más salud que la de un conejo del cerro Quillayquén.

A pesar de los pesares, el país también ‘perdonó’ (mediante el típico olvido ‘chilensis’)  lo realizado por Andrés y Adolfo Zaldívar (ya fallecido) en los asuntos pesqueros. Agreguemos a ello las oscuras maniobras de Pérez Yoma en el poder judicial para mantener sus intereses en cuestiones relativas al agua en Petorca… o las andanzas de Mariana Aylwin en lo referente a establecimientos educacionales defendiendo el copago. Y para qué hablar de lo efectuado por las hijas de Belisario Velasco en sus calidades de asesoras y representantes de la predadora empresa canadiense Barrick Gold (“Pascua Lama”) realizando lobby en el Congreso y en La Moneda.

Y ahora Jorge Burgos, rematando una secuencia de aprovechamiento económico y mangoneo politicastro en beneficio del status quo del sistema neoliberal que define a nuestro país como ‘plan experimental’ del  FMI en el mundo (o del neoliberalismo desatado), aparece disparándole, tanto a La Moneda como a su propia coalición, para atraer confianza y apoyo de la derecha dura con el objetivo de revivir nuevamente el viejo referente político del  ‘73 que permita mantener a la sociedad civil chilena bajo los dictámenes de un  mercado  beneficioso exclusivamente para el 5% de la población.

Ah… ¿estoy equivocado? ¡No me diga!… acláreme usted entonces, querido lector, pero con ‘manzanas, “qué quiere y desea la Democracia Cristiana”. Se lo agradeceré, al igual que millones de chilenos que ya no confían ni creen en los Frei, Zaldívar, Gutenberg, Pizarro, Walker, Aylwin, Burgos y otros, considerados por la mayoría de los potenciales electores como personas políticamente mentirosas y traicioneras a sus propias raíces cristianas y ‘progresistas’.

Desde arriba del bosque, quienes no nos casamos con las promesas del duopolio (ni hemos sido cazados por ellas), observamos a un PDC distanciado de la lucha libertaria e independista de América Latina, y cada día más abrazado a la derecha empresarial y a los dictámenes del FMI, de Washington, de Tel-Aviv y de Casa Piedra.   Amigos del PDC, parece que de nuevo la vieja y sediciosa CODE les espera.

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