Chile. ¿Qué harían nuestros políticos en un país sin política?

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En esa situación, ¿a qué dedicarían sus existencias algunos conocidos hombres públicos?

Siempre a contra corriente, a contra pelo. Así se ha desarrollado mi existencia. Habré de morir con las botas puestas y la pluma en la mano.

Lea y juzgue. El triunfo de Donald Trump –que una vez más puso al desnudo la falsedad de las encuestas– provocó la aparición de una saga de chistes, ‘memes’ y rumores, algunos de los cuales son un verdadero acierto. Otros cayeron en el estercolero del racismo, el clasismo y el fascismo.

Lo cierto es que Trump promete (¡Ah! Las promesas…) terminar con los políticos de pachanga que han mangoneado durante tanto tiempo, llevando la ‘América profunda’, el pueblo que trabaja duro por salarios miserables de 6 o 7 dólares la hora, a hundirse en la desesperanza. ¿Cómo? Esa es harina de otro costal. Que se la vea Trump. Lo que me interesa –habida cuenta de la venalidad y la incompetencia de los nuestros– es la simple posibilidad de dejarles sin empleo.

Admitiendo que fuese posible devolver diputados y senadores –para no hablar de muchos ministros y más de un/a presidente de la república– a su vida “civil”, aquella en la que hay que trabajar para ganarse los frejoles, la cuestión que me intriga es saber, adivinar, suponer, qué diablos harían.

Ya de entrada, dinero no les faltaría: con todo lo que se han embolsicado en estas décadas, corrompiendo mucho y trabajando nada, sería imposible que les faltara billete para convertirse en “emprendedores”. ¿Y si no tienen vocación de explotadores?

¿Cuáles podrían ser las actividades rutinarias de esos personajes que han vivido (casi) toda su vida colgados de la teta del Estado? Esto fue lo que pude concluir…

Carlos Larraín: la habitual, o sea la crianza de ovejas en su estancia patagónica, con la tranquilidad de saber que los lobos están en Santiago. Pero Carlos es hombre inquieto, no le basta una apacible actividad. Por ello me inclino a pensar que, sin abandonar sus ovejitas, instalaría una moderna y bien equipada Escuela de Conductores. Ahí le faltarían horas a sus días enseñándole a conducir a Martín, su vástago tan proclive a conducir pegado a la berma. El problema sería encontrar bermas en medio de la pampa…

Evelyn Matthei: una chicharra… muere cantando. Evelyn no podrá deshacerse de lo que sus genes y su alma de llanera solitaria le mandan. Si no logra infiltrarse en un gobierno “Trump-like”, para el cual dispone del talento de decir diez enormidades por minuto, se lanzaría en la aventura de formar “Cuerpos Ciudadanos” (ciudadanos ‘bien’, no flaites) destinados a la preservación de “la paz, el orden, las buenas costumbres y la defensa a ultranza de nuestra chilenischenstadt”. Para justificar sus patrullajes, marchando a paso de ganso repetiría en cadencia: wir hatten genügden geteilte städte in Chile und habe sien noch (‘Hemos tenido suficientes ciudades divididas en Chile y las seguimos teniendo’). Evelyn y sus Bürgerkorps recorrerían las calles de la gran ciudad armados de bates de béisbol, santo remedio a la hora de mantener el orden. Ja doch…achtung!

Pablo Longueira: ghosting, si oso decir. Usted no lo va a creer, pero mis indagaciones arrojaron esa actividad para Pablito, que ha estado más de una vez dispuesto a abandonar por completo y ad eternum la actividad política, para ejercer de algo parecido al fantasma de Canterville. En cada ocasión algo esotérico y misterioso, surgió como probable explicación de su comportamiento. Que el espíritu de Jaimito, que el agotamiento síquico-metafísico, que el peso de los rumores y maledicencias contra su limpísima alma, férreo patriotismo y mejor conducta… en fin, por ahí va el tema. Y si el fantasma de Canterville era un muerto que le tenía miedo a los vivos, Pablo también: en la UDI hay demasiados “vivos”.

Iván Moreira: ¿A qué se dedicaba antes de ser designado alcalde de La Cisterna por el gobierno militar? Vivía y “trabajaba” en Punta Arenas, si animar una boîte –meneo de caderas incluido– puede llamarse trabajo. En la boîte lo ‘descubrió’ la CNI una noche de jolgorio con piernas. Fueron esos benefactores de la humanidad quienes se lo recomendaron a Pinochet: “Iván –le dijeron– Iván”. Ya no hay Pinochet, ni CNI, ni designaciones a dedo. Moreira debiese regresar a Punta Arenas, a la boîte. ¿Sabe hacer algo más don Iván? ¿Es técnico, es profesional, trabajador calificado, empresario? No. Iván es carne de putero. A la boîte pues.

General Humberto Oviedo: un gobierno “Trump-like” lo llamaría a retiro inmediato: es verdad que los “Juegos de Guerra” forman parte de la formación militar, pero nunca en el punto y banca. Oviedo abriría una Escuela de Paracaidistas cuyas prácticas serían nocturnas, saltando siempre sobre un objetivo que él conoce a la perfección: el Casino Monticello. De nada sirve que Oviedo explique su confusión con la célebre batalla de Monte Cassino: si te confían un bombardeo… no puedes equivocarte de 12 mil km y de más de 70 años…

Juan Pablo Letelier: recordemos que se crió en los EEUU y reapareció por Pelotillehue sólo cuando hubo elecciones parlamentarias. En esos años el apellido ayudaba (y todavía…). Todos olvidaron que el genio suele saltarse una generación y asumieron que JP era como su padre: íntegro e inteligente. Craso error. En fin, si desaparece el Congreso JP regresaría a los EEUU en donde abriría un gran Instituto para la enseñanza de idiomas: en los EEUU creen que habla castellano, y en Chile juran que chamulla en inglés. De lo que no entiende mucho es de mecánica y controles técnicos, ni de gimnasia bancaria, actividades que le trajeron un par de problemillas menores.

Ignacio Walker: conociéndole como le conocemos, iría con paso raudo y ágil a ofrecerle sus servicios al gobierno “Trump-like”. Trump está contra el aborto, Walker también. Es una lástima que tanto en Chile como en los EEUU soporten los ‘abortones’ porque hay quién afirma que ni a Walker ni a Trump los terminaron. Salieron como salieron. Nachito podría dedicarse a ser “empresario” artístico de su ama y señora Cecilia Echeñique. En su nueva ‘pega’ ofrecería los servicios musicales de su cónyuge para eventos en Casapiedra, graduaciones militares y fiestas de todo tipo, pero de aquellas ‘top’. Argumentos no le faltarían con su habitual modo de meter la pata y hablar estupideces. Si no le va bien, podría pedirle una manito a quienes él mismo ayudó en otros tiempos: Álvaro Uribe en Colombia, Temer en Brasil y Capriles en Venezuela. Un golpe por aquí, un golpe por allá…

Jorge Tarud, Gustavo Hasbún, Daniel Jadue y Pablo Zalaquett: ¡El caso más interesante! Estos cuatro caballeros, de tendencias políticas distintas, demostrarán que siempre –eso no falla– “la sangre tira”. Son semitas, árabes para más claridad, y por tanto amantes del negocio, del comercio. Desaparecida la perspectiva política (no son jovencitos que se cuezan al primer hervor) tenderán a regresar a sus raíces, a sus afanes e intereses… Se asociarán a una empresa distribuidora de cualquier cosa: vestimentas, artículos de dormitorio, vajilla, lo que sea… Se instalarán –si aún no está hecho – en el barrio de Patronato. Como “business is business” contratarán la consultoría de Rodrigo Hinzpeter otro semita, pero de los ‘primos’. Así triunfaría, una vez más, la tesis de la transversalidad y se aportaría tal vez una piedra al degradado edificio de la paz en el Medio Oriente.

Ricardo Lagos: Ricardo no tendría problemas. Su ‘padrino’ Carlos Slim y su mentor Felipe González, lo cuidan como a un almácigo. Si a eso le sumamos el “amor de los empresarios” chilenos, que acaba de renovar el presidente de la CPC… es poco probable que se quede sin laburo. Es verdad que en Alicante los estudiantes les recibieron a los gritos de “¡Fuera, mafiosos, de la Universidad!”, pero estamos en Chile, en donde, cuestión mafias, somos menos delicados de la epidermis.

Alejandro Navarro: con este caballero no hay cómo perderse; tendría que regresar a su ciudad favorita, Concepción para instalar un salón de belleza y peluquería. Unisex desde luego, hay que vivir al ritmo de los tiempos. Su futuro fuera de la política está más que claro: tiene estilo y facha de buen “peluca”.

Francisco Huenchumilla: ¡Marichiweu! Francisco se unirá a las huestes de Aucán Huilcamán para formar un gobierno mapuche. Panchito sería, como mínimo, ministro del interior, o sea ministro de la IX Región. Desde ese cargo establecería relaciones diplomáticas con el gobierno de Chile, lo que no dejaría de ser divertido. Lo primero sería negociar la libertad de los presos políticos mapuche contra la entrega de los miles de carabineros y fuerzas especiales capturados en el nuevo territorio autónomo.

Y, ya puestos, si un gobierno “Trump-like” –mucho mejor que el “gobierno-de-nuevo-tipo” de Teillier– viese el día en Chile, es un hecho de la causa que al autor de estas malas líneas le esperaría un futuro tan negro como noche sin luna, cuestión que de seguro le agradaría a muchos lectores … y quizás incluso a mi editor.

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