Chile. Que el pueblo haga su propia Asamblea Constituyente y su propia Constitución

La derecha está herida. Y cual bestia salvaje, hará cuanto esté de su parte para salir de la agonía que le impuso el pueblo que manifestó su hastío con el sistema político corrupto.

Lo trágico, o risible, es la cantidad de postulantes que se han erigido para asumir la paternidad de lo sucedido el domingo 25 de octubre.

Pocos dicen la verdad: el proceso, amañado, tramposo, manipulado, fue la respuesta por la que optó el sistema para evitar el desfonde total y definitivo. No fue una graciosa y democrática concesión de los poderosos.

Fue el miedo.

El pueblo y solo el pueblo puede adjudicarse el triunfo ante la trampa auto inferida que se ha hecho el sistema.

Y como siempre ocurre, los sinvergüenzas de casi todos los colores corren a asumir como propia victoria su derrota. Solo en el dominio de la corrupta política nacional sucede que se gana incluso cuando se pierde, trastocando la lógica más elemental.

La carrera por postularse como miembro de la Convención Constituyente se ha desatado y los más entusiastas son aquellos que precisamente no querían este mecanismo y, peor aún, los que jamás han querido cambiar la actual Constitución.

Y no digamos solo la ultraderecha. El fatuo furor democrático ha hecho presa también a la ex Concertación, cuyos principales líderes reiteradamente dieron fe de lo democrático de la Constitución que ahora intentan cambiar.

Aunque resulte repetitivo, vale destacar que la actual Constitución lleva la firma del ex presidente Lagos.

La clase/casta/costra/ política se viste con un ropaje falso, que no les cabe ni les asienta. La descomposición moral del sistema político da otra muestra de su putrefacción.

Este mismo sistema endogámico ha puesto todas las trabas posibles para evitar que personas que no militen en los desprestigiados partidos políticos puedan siquiera postularse a la Convención.

Ningún dirigente social, intelectual, artista, científico, poblador, campesino, mapuche o trabajador, puede tener la más mínima opción de levantar su candidatura si no es en alianza con o en un partido político.

¿Habrá que someterse a ese tipo de castigo y chantaje?

Se abre el camino para que desde la gente misma, sus organizaciones de los barrios y poblaciones, desde los gremios, sindicatos, desde los artistas e intelectuales, desde los científicos y profesionales, de los colectivos y grupos en los que se reúne el pueblo, se levante un movimiento que genere su propia Asamblea Constituyente en paralelo a la de los poderosos.

¿Qué lo impide?

Una Asamblea que sea capaz de impulsar el ejercicio de elegir sus propios constituyentes, imponiendo en los hechos una contradicción entre lo que hace el duopolio partidista y la gente.

El movimiento popular, el de la Plaza Dignidad, ese que ha llorado sus muertos, sus mutilados, su torturados, violadas y presos, debería ser capaz de levantar sus propia Asamblea y elegir sus propios constituyentes y entregar al pueblo su propuesta, mucho más democrática y legítima que la Convención de los mismos de siempre.

Que los poderosos hagan su Constitución y el pueblo, la suya.

Que el pueblo organice su proceso, que la gente tenga la opción de participar, que las personalidad que se han propuesto o que ha sido propuestas para la Convención Constitucional, se vuelquen a la Asamblea Constituyente impulsada por la gente y que se deslegitime en los hechos ese ejercido tramposo que solo busca perpetuar un orden injusto, criminal, abusador, que por mucho tiempo se ha reído de la gente.

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