CHILE. Pinochet : Muerte y Herencia de un Dictador.

PINOCHET : MUERTE Y HERENCIA DE UN DICTADOR.


por  José Valenzuela Feijóo
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“Hablen otros de su vergüenza.

Yo hablo de la mía”.
               (Bertold Brecht)

 

I.- La necesidad histórica subyacente.

           
Para sus partidarios, Pinochet ha sido el adalid del neoliberalismo, a nivel de América Latina e inclusive a escala mundial. Y por cierto, se agrega que ese neoliberalismo ha sido causa de un gran progreso económico.

         
  
En cuanto al primer punto, Pinochet fundador y estadista mayor, el dictador chileno distó mucho de cumplir con los requisitos personales (imaginación creadora, rigor conceptual, visión telescópica y de conjunto) que exige un papel histórico como el que se le pretende atribuir. Bastaba escucharlo en sus discursos o entrevistas para percatarse que desde siempre fue un militar bastante primitivo (un “milico cuadrado”, para decirlo en chileno), más o menos paleolítico y muy escaso de neuronas y de imaginación. Del todo incapaz, por ende, de forjar un proyecto económico y político mayor. En materias económicas, por ejemplo, siempre fue un ignorante perfecto y se comprenderá que si de proyecto neoliberal se trata,mal lo podía conceptualizar a partir de tamañas carencias. En breve, no estamos frente a un hombre de ideas, aunque sí frente a uno de acción. Y como sabemos, el estadista y gran político es el que sintetiza esas dos dimensiones: ideas que van al encuentro de la historia y que, a la vez, son capaces de encarnarse o materializarse en ella, es decir, de transformar el ser social.


           
El simple hecho de que el neoliberalismo haya surgido en una multiplicidad de países, por lo demás, nos advierte que no estamos en presencia del resultado de la acción de tal o cual personalidad, por fuerte que ésta sea. Muy poco, si es que algo, entenderíamos de la historia si empezamos a juzgarla a través de las psicologías individuales. Estas, pueden o no ajustarse a las necesidades del momento histórico. Si lo hacen y si el momento es “estelar” (para recordar la expresión de Stefan Zweig), pasan a brillar con luz propia. Es, por ejemplo, el caso de un Cromwell, de un Bonaparte, de un Lenin. Pero no son éstos los que crean la situación y aunque la situación no los crea (reduccionismo muy burdo), sí es la que los busca y les permite pasar al primer plano de la escena. En corto, la historia busca y encuentra sus personajes, pero éstos no la crean. Las fuerzas motrices del suceder histórico hay que buscarlas en otro lado.


            En este contexto, valga señalar: el neoliberalismo, como cualesquier forma socioeconómica, no es algo que responda a factores puramente subjetivos, a la simple voluntad de tales o cuales prohombres. El “modelo neoliberal”, responde a una necesidad histórica objetiva del capitalismo en cierta fase de su desarrollo. Por lo mismo, podemos observar que no es algo exclusivo de la experiencia chilena, que surge en América Latina a veces antes de Pinochet y cuando lo hace después, no lo hace al úkase del dictador chileno. Más aún, con las peculiaridades del caso, es un fenómeno que también se extiende en el capitalismo más desarrollado, en Europa (la Inglaterra de la sra. Thatcher, la España del último Felipe González, etc.) y en Estados Unidos, con Reagan en especial.


II.- Neoliberalismo: el polo desarrollado.

¿Cuál es el contenido de esa necesidad histórica objetiva?


Consideremos, inicialmente, el caso de los Estados Unidos. En la inmediata postguerra y hasta aproximadamente fines de los años sesenta, se da un estilo de desarrollo que combina ritmos de crecimiento del PIB relativamente elevados (del orden de un 3.7% anual entre 1950 y 1973 ), niveles de desocupación más o menos bajos ( 4.6% promedio entre 1950 y 1969) y oscilaciones cíclicas leves. Más de alguno, ha hablado de “años dorados”. Este patrón de crecimiento, al cabo del tiempo, terminó por devenir disfuncional al mismo sistema capitalista. ¿Por qué ?Si nos concentramos en lo más medular y a riesgo de incurrir en un esquematismo excesivo, podemos apuntar: i) los altos ritmos de crecimiento dieron lugar a niveles de desocupación no muy elevados y, por ello, a un mercado de fuerza de trabajo cada vez menos desfavorable a los asalariados; ii) el mayor poder de regateo que logran los asalariados les permite obtener mayores éxitos tanto en sus reivindicaciones salariales como en las referidas a las condiciones de trabajo (higiene, seguridad industrial, normas de intensidad, etc.);iii) esos éxitos terminan por erosionar la tasa de plusvalía: los salarios comienzan a crecer igual o más que la productividad y la disciplina fabril comienza a deteriorarse;[2]iv) elestancamiento o incluso descenso de la tasa de plusvalía ocasiona un impacto negativo en la tasa de ganancia del capital. Se atasca, por ende, el curso de la reproducción y el patrón de postguerra entra en crisis.


En un contexto como el descrito, la necesidad objetiva que surge es muy clara: se trata de recomponer las condiciones de valorización del capital. Es decir, recomponer la tasa de ganancia. Para ello, la vía fundamental es la elevación de la tasa de plusvalía.


¿Cómo elevar la tasa de plusvalía?Dado el contexto en que surge el problema y dadas las posibilidades que ofrece el corto plazo, la única vía eficaz y factible es operar por el lado de la rebaja salarial. Para ello, el sistema redescubre las funciones disciplinadoras del ejército de reserva industrial y para poder ampliarlo hasta asegurar el efecto buscado, no tiene más opción que la de castigar la acumulación. Es decir, se elige como recurso el estancamiento económico y los altos niveles de desempleo. Mientras mayor sea la cesantía y por más largo tiempo se prolongue, mayor será el debilitamiento de la fuerza negociadora de los asalariados. Lo cual, termina por provocar el descenso del salario real. Por esta vía, reduce el valor de la fuerza de trabajo y logra el consiguiente aumento de la tasa de plusvalía.Luego, al elevarse ésta, se generan las condiciones para una tasa de ganancia recuperada y satisfactoria para el capital.


En los Estados Unidos, entre 1950 y 1973, el PIB creció al 3.7% anual. Entre 1973 y 1998 sólo al 2.4% anual. La tasa de desocupación fue en promedio igual a un 4.6% entre 1950 y 1969 e igual a un 6.8% entre 1970 y 1989 : aumenta en casi un 50%. El salario real por hora trabajada (trabajadores productivos) fue igual a 8,55 dólares ( constantes de 1982) en 1973 para caer a 7,39 dólares en 1995.[3]En 1998, el salario real fue apenas semejante al de 1967. Y todavía inferior, en casi un 10%, al alcanzado en 1973. En suma, el empobrecimiento no es sólo relativo. De hecho, asistimos a un proceso de pauperización absoluta. Y valga agregar: al interior del segmento asalariado también se acentúa la desigualdad o heterogeneidad de las percepciones.[4]


La tasa de plusvalía, según Moseley, pasó desde un nivel de 1.55 en el año 1974 hasta un nivel de2.22en 1987.[5] Y cabe esperar que haya seguido subiendo hasta el fin de siglo: el salario real casi no ha subido, la productividad ha crecido más rápido que el salario real y la jornada de trabajo se ha alargado un poco.[6] En una estimación muy gruesa, podría haber llegado a un nivel de 2.98 en 1996.[7] O sea, desde 1974 a la fecha, la tasa de plusvalía se habría prácticamente duplicado, fenómeno que encierra el aspecto más esencial del estilo económico neoliberal.


En términos de ingreso, el medio por ciento más rico de las familias supera en 21.1 veces el ingreso del 90% menos rico. En términos de riqueza, lo que muy aproximadamente podríamos entender como distribución de la propiedad (o del patrimonio )el diferencial es abismante y llega a 274 veces. Por cierto , en ese medio por ciento se ubica lo que Wright Mills denominara la “élite del poder”, o sea, las cumbres del poder económico, político y militar.


El modelo, junto con redoblar la tasa de explotación y afectar duramente a la clase obrera, al interior de la burguesía provoca un claro desplazamiento a favor del capital dinero de préstamo y en contra del capital industrial productivo. Si en el período el salario real cae en casi un 2%, las ganancias industriales suben, en términos reales, en un 63%. Asimismo, tenemos que el capital accionario ( lo que Marx denominaba “capital ficticio”) se multiplica por 5.32en términos reales. Lo dicho: se ataca al trabajo asalariado y se beneficia al capital. Luego, en el seno de éste, se beneficia más al capital dinero de préstamo (especulativo) que al capital productivo. De aquí, el sesgo parasitario que tipifica al modelo.


Volvamos a subrayar: el tremendo aumento en la tasa de explotación y el método que ha seguido el sistema para lograrlo, un ataque frontal a los niveles de vida de la clase obrera. En esto, el instrumento básico ha sido la coacción económica : el gran aumento que experimenta el ejército de reserva industrial a partir de la primera parte de los setenta. Junto a ello, han caído los niveles de sindicalización y la ideología dominante se ha extendido y penetrado inclusive con mayor fuerza que antes en el seno de la clase obrera.


III.- Neoliberalismo: el polo subdesarrollado.


En América Latina, surge una necesidad análoga y también emerge el neoliberalismo. Por supuesto, las condiciones socioeconómicas son muy diferentes y lo mismo vale para las rutas que sigue el proceso. No obstante, se comparte el rasgo central: la necesidad de un drástico aumento en la tasa de plusvalía y la satisfacción de esta meta con cargo a la reducción salarial.


Al iniciarse los setenta o algo antes, en los países de mayor nivel de desarrollo relativo de la región (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, en especial) el crecimiento basado en la sustitución de importaciones se agota y entra en contradicciones mayores. Surge, en consecuencia, la necesidad de avanzar a una nueva fase de desarrollo, que hemos denominado “secundario-exportador”. Dos son los rasgos de ésta a relevar: i) la industrialización debe avanzar a una fase superior, más pesada, capaz de abordar (selectivamente) la producción interna de bienes de capital y de intermedios más sofistificados;ii) dinamizar drásticamente las exportaciones, lo que supone elevar en alto grado su componente manufacturero. Es decir, avanzar desde un perfil primario a uno secundario en el sector exportador. El primer rasgo eleva la composición orgánica del capital y a igualdad de otras circunstancias debería reducir la tasa de ganancia. Esta caída se evita si se eleva la tasa de plusvalía en la magnitud adecuada. Lo cual, puede lograrse si caen los salarios reales. El segundo rasgo, exige elevar la productividad del sector manufacturero exportador y controlar, hacia abajo, el nivel de los salarios. En corto, surgen fuertes presiones para elevar la tasa de plusvalía y para que esto se logre por la vía de la caída del salario real.


En este contexto, las políticas de ajuste que impone el FMI vienen de perlas. Sus consecuencias de mayor desempleo y de restricción salarial son conocidas y apuntan a una mayor tasa de plusvalía. Además, si a esa coacción económica se le agrega la coacción directa o extraeconómica- destrucción de partidos populares, de sindicatos, asesinato o exilio de dirigentes, miedo generalizado en la población- se tiene que economía y política comienzan a trabajar en contra de los asalariados y a favor del capital. Es decir, a favor de una mayor explotación.


Conviene agregar: en los países latinoamericanos, a esa fase recesiva y de ataque frontal en contra de los trabajadores, tendría que haber seguido otra(si de desarrollar las fuerzas productivas se trataba) en que se diera la recuperación de la acumulación y del crecimiento, de acuerdo a las pautas antes indicadas. Lo cual, entre otras cosas, exigía una intervención estatal fuerte (a favor de la acumulación pesada y de las exportaciones manufactureras) , una apertura externa regulada y la consiguiente protección (selectiva y calendarizada) a la industria interna en proceso de creación y expansión.[8] Esta fase se cumplió parcialmente en Brasil aunque los últimos gobiernos (el de Cardoso en especial, sin que Lula haya revertido el proceso) se han encargado, con rara tenacidad, en destruirla.


¿Qué factores impidieron el avance a la etapa de un capitalismo autóctono, secundario y exportador?En el plano interno, habría que señalar: i) las políticas de ajuste que impone el FMI, siempre alteran la correlación de fuerzas a favor del capital financiero y el externo. A la vez, debilitan a la clase obrera (que suele soportar casi todo el coste del ajuste) y a buena parte de la burguesía industrial;ii) mientras más fuerte el movimiento popular previamente existente, más duro debe ser el ataque de las derechas. Lo cual, también favorece, en el seno de la clase dominante, a sus segmentos más reaccionarios. Luego, en el plano internacional, tenemos el que pensamos funciona como factor clave: la presión de los Estados Unidos por imponer esquemas neoliberales en la región. Y valga remarcar: aunque en el plano interno EEUU ya no practica un neoliberalismo a ultranza, sigue esgrimiendo esa doctrina para el resto del mundo, muy en especial para el caso de los países subdesarrollados.



En América Latina, el neoliberalismo implica en primer lugar lo ya dicho: fuerte reducción del salario real y fuerte aumento de la tasa de plusvalía. Segundo, la conocida “desregulación estatal”. Es decir, en el plano económico el Estado tiende a asumir una actitud relativamente pasiva y se habla de volver al “libre mercado”. Conviene precisar:la menor intervención económica estatal no se aplica en todos los ámbitos. Señaladamente, el mercado laboral permanece muy regulado y en contra de los asalariados; asimismo, no hay ningún avance a tránsito a una economía de libre competencia. Esto es una burda y monumental engañifa. Lo que sí tiene lugar es el cambio a favor de una planeación corporativa (o “regulación oligopólica”) indiscriminada. Tercero, una apertura externa no selectiva y violenta. Se liberalizan los flujos de mercancías y de capitales, lo que dinamita las importaciones, impulsa el déficit externo y estimula el financiamiento externo especulativo. Cuarto, una gran debilidad de la acumulación productiva y una tendencia al estancamiento o a un muy débily oscilantecrecimiento.



En México, en 1981 (último año de funcionamiento del antiguo patrón) se estima que la tasa de plusvalía era igual a3.1. En 1996 habría llegado a 6.75, siendo su valor medio a lo largo de 1981-96 igual a 5.5. El aumento, que es notable y que se concentra en el período 1982-88, se asienta básicamente en el descenso del salario real. Este, cae un 40% entre 1981 y 1996.[9] Para Brasil, Ouriques y Vieira estiman un aumento de casi un 50% en la tasa de plusvalía para el período que va de 1990 a 1997.[10] Y aunque no conocemos de estimaciones para períodos previos, todo indica que el aumento se inicia mucho antes, desde el mismo advenimiento de los gobiernos militares a mediados de los sesenta.


En el caso concreto de Chile, tenemos que en los inicios del gobierno militar tiene lugar un brutal descenso del salario real. En 1975, el nivel promedio equivale a un 56% del vigente en 1971 y a un 59% del nivel de 1972. En términos gruesos, el desplome es del orden de un 40% o más. Luego de muchos años y ya en pleno período de la llamada “recuperación democrática” (i.e. de los gobiernos de la Concertación), la situación no era precisamente maravillosa: en 1997, el salario real se ubicaba apenas entre un 10 y 15% por arriba del vigente en 1972.[11] En 1972,la participación salarial(sueldos y salarios sobre elingreso nacional)giró en torno al 49%. Con la dictadura pinochetista, la cuota se desploma y cae a casi un tercio. En 1989, último año del régimen militar, se acercó a un 32%. [12] A lo largo de los gobiernos de la Concertación, la cuota salarial parece haber descendido muy levemente. Es decir, respecto al período de Pinochet, la pauta o norma de distribución ha permanecido básicamente similar. En términos de tasa de plusvalía, si ensayamos una aproximación gruesa, para 1972 encontramos una tasa que gira entre 2.0 y 2.5; y para 1985 habría llegado a 4.30.[13] Es decir, la tasa de explotación casi se habría duplicado al entrar la economía a su período neoliberal, algo que es poco frecuente en la historia del capitalismo.[14] El salto es brutal y se explica tanto por el descenso del salario real como por la mayor extensión que alcanza la jornada de trabajo. En el Chile contemporáneo la jornada anual llega a las 2400 horas. Entretanto, en países como Alemania y Francia gira en torno a las 1500 horas.


El mecanismo de la plusvalía relativa (i.e. elevación de la tasa de plusvalía por la vía de un aumento en la productividad del trabajo que supera el crecimiento del salario real) es algo que casi no ha funcionado en la América Latina neoliberal. Por ello, el factor explicativo central ha sido el descenso del salario real, que ha llegado a ser, con un más o con un menos según el país y el período, del orden de un 50%. De hecho, estamos en presencia de una mutación cualitativa que ha dado lugar a una redefinición (descendente) del valor de la fuerza de trabajo.


En América Latina, al igual que en el polo desarrollado del sistema, se ha puesto en operación un extendido ejército de reserva industrial. Algo que, sobremanera en su modalidad “latente”, no es para nada novedoso en la región. Pero si el desempleo y las más recientes modalidades de la “flexibilidad laboral” han jugado su papel, es muy claro que el factor más decisivo ha sido el uso a destajo de la coacción extraeconómica. Es decir, el empleo de la violencia o coacción directa, de la fuerza explícita de las bayonetas, en contra del movimiento popular en general y del obrero industrial en particular. [15]


En lo señalado podemos advertir un hecho especialmente sugerente. En el polo desarrollado, salvo a título puntual, no se da un uso masivo de las bayonetas: el régimen, aquí, es más cuidadoso con las formas y con la preservación de la “legitimidad”. En el polo subdesarrollado, ese cuidado por los “buenos modales” desaparece y se utiliza la violencia explícita en términos masivos y brutales.[16]

Al respecto, el caso chileno (pese a su no corta continuidad institucional y a su aparente cultura democrática) resulta paradigmático y, no en balde, Pinochet se transformó, a nivel mundial, en el más perfecto símbolo de la barbarie represiva.

Valga agregar: cuando el viejo patrón de acumulación se agota y entra en crisis, se abren ciertas alternativas históricas. Una de ellas fue la neoliberal. Pero en el caso chileno se abrió también una opción de carácter no capitalista: la encabezada por la Unidad Popular de Allende. Por lo mismo, nos encontramos con una doble necesidad: destruir ese movimiento popular anticapitalista y a la vez sentar las condiciones que exigía el advenimiento del patrón neoliberal. La colisión tenía que ser mayor y, por lo mismo, extremadamente violenta.


IV.- El agente subjetivo y su personalidad.


Sentado lo anterior, podemos retomar el problema inmediato inicial: el del rol histórico del dictador. La respuesta puede ahora quedar clara: Pinochet ha funcionado como un agente de esa necesidad histórica. Más precisamente, como un agente inconsciente de esa necesidad. Agente por razones muy obvias: es su régimen el que impulsa en Chile la contrarrevolución neoliberal. Inconsciente porque participa del proceso sin tener ninguna idea clara, ni remotamente, de sus reales alcances. En el bagaje ideológico del dictador, encontramos su anticomunismo cerril, obsesivo hasta lacaricatura, máscierta visión geopolítica de corte militar. Se podría agregar alguna afición a la historia descriptiva simple y , en lo posible,“visual” [17].Nada más. Por lo mismo, el proyecto neoliberal es algo que recibe “desde afuera”, de los ideólogos y políticos al servicio de los cuales utiliza el poder militar. Se podría quizá decir que fue él quien eligió al equipo de “Chicago boy’s” que delinearon la política económica neoliberal. Pero más allá de las apariencias, el relacionamiento siguió el camino inverso. Más aún, ese grupo de economistas ultradoctrinarios, dirigidos por Sergio de Castro, no era sino el representante y agente político- ideológico ( aunque disfrazados de “técnicos”) de las fracciones clasistas que realmente capitalizaron el golpe de Estado.



En realidad, en un sentido muy concreto,Pinochet siempre asumió la orientación económica que tenía a mano y que le aseguraba reproducir su poder. Así fue en los dos primeros años de su gestión (en que con alguna dificultad terminó por asumir la postura ultra-neoliberal)y así fue hacia 1982, cuando la enormidad de la crisis económica lo amenazó con el abandono de la misma clase dominante que lo había sustentado. En ese momento (en que el PIB cayó nada menos que en un 14,1%),la derecha declara que “ las cosas se están manejando con rudeza de inexpertos…el régimen está en peligro de quedar sin más defensores que sus aguerridos soldados”[18]. Sergio de Castro renuncia (el 22/4/1982) y si Pinochet, como dogmático amateur, se oponía tercamente aabandonar el tipo de cambio fijo(aplicando la misma política que llevó al colapso mexicano en diciembre de 1994), en junio de 1982 tuvo que quemar sus viejas banderas y devaluar. Se suceden las quiebras bancarias y se inician, en 1983, las Jornadas de Protesta Nacional, las que reclaman el retiro del dictador. En tal contexto, recurre a o­nofre Jarpa, un político viejo y sagaz que maniobra ofreciendo “apertura política”. En el frente económico se refugia en el ministro Luis Escobar (un hombre algo ajeno al neoliberalismo y que declara que “ el conjunto de medidas dispuestas tiene un solo objetivo: evitar al país un ajuste recesivo, una política, como la que algunos piden, que implicaría bajar el producto y generar mayor desempleo. Haremos el ajuste, pero con reactivación. Esa es la política”[19]. Agreguemos que Escobar devaluó en un 24% y aumentó los aranceles hasta un 35%, medidas bastante ajenas a la ortodoxia más usual) y luego enHernán Bucci, un personero más pragmático, menos ultradoctrinario y que también le ayuda a salir del pantano. La moraleja de este recordatorio elemental es clara: en lo económico, el dictador se agarra a lo que le dicta la correlación de fuerzas del momento y el interés de la fracción clasista dominante.[20]


Con todo, Pinochet aportó algo: su indudable capacidad para ejercer una violencia sin límites en contra de los sectores populares. En ello, su personalidad primitiva y su falta de escrúpulos resultó muy funcional. Su ser primitivo va estrechamente asociado al extremo subjetivismo que siempre lo tipificó. Más precisamente, el dictador no parece haber superado lo que los psicólogos (Piaget et al) han denominado fase del egocentrismo mental. Es decir, en su desarrollo personal no alcanzó a desplegar el proceso de “descentramiento” (la “revolución copernicana” que experimenta el niño como a los dos años o un poco antes) de la perspectiva humana, algo que permite una visión objetiva de los fenómenos, naturales o sociales. El dictador, si no ve la otra cara de la luna, declara que no existe. Es decir, es absolutamente incapaz de verse a si mismo como un algo (objeto) entre otros algos (objetos), de situarse en la perspectiva de los otros o, peor aún, en cualesquier perspectiva que no sea la que él tiene en el momento del caso. Junto a su subjetivismo extremo, destaca su desprecio a los derechos humanos y su completa falta de escrúpulos, lo cual se expresa en su desenfado para mentir descaradamente [21], para asesinar sin remilgos y también para robar, i.e., usar el poder para favorecer el enriquecimiento de su familia y de sus camaradas militares más cercanos. Por cierto, el subjetivismo o egocentrismo extremos contribuía a justificar, a los ojos del dictador, su falta de escrúpulos y su total desprecio a los derechos humanos más elementales. Como quien dice, le funcionaba como una “pomadita” para la mala conciencia.


Valga agregar: decir que alguien es primitivo no equivale a sostener que es un débil mental, un perfecto imbécil. Un observador apuntaba que el dictador “tiene una especie de horror a la inteligencia. Digamos, a la inteligencia dialéctica (leáse discursiva, J.V.F.). Tiene como un temor frente a alguien que él cree que le va a formular un razonamiento abstracto”[22]. Junto a ello, tenemos cierta inteligencia práctica, por definición semi-inconsciente, que es la que le ayuda a navegar y maniobrar en su larga vida política. Se trata de un hombre astuto y cínico, agazapado y sinuoso, que posee la malicia o la pillería del campesino cazurro y desconfiado.[23]


De suyo se comprende: para utilizar la violencia exigida por la implantación del modelo neoliberal, una personalidad como la descrita resulta bastante adecuada. O sea, tenemos“el hombre adecuado para la tarea adecuada”. Tal ha sido la “virtud” que la historia podrá reconocer en Pinochet.


Pinochet fue un conservador inculto. Cuando un periodista le pregunta si ha leído a García Márquez y su clásico Cien años de Soledad, responde: “No, porque casi todos los autores modernos son muy crudos”.[24] Se declara católico fervoroso: “Yo creo en Dios y creo en todo lo espiritual” (…) “Rezo todos los días, encomendando a Dios las almas de los muertos. Y el día domingo leo la Biblia” (…) “No concibo que la religión se vaya modernizando, eso no puede ser” (…) “la teología de la liberación… me parece un error, porque la teología mira a Dios y estudia a Dios. La teología de la liberación estudia como finalidad al hombre, marxismo puro, lo que no puede ser”.[25]


Sobre los Derechos Humanos, a veces es sincero: “yo no conozco eso de los derechos humanos. ¿Qué es eso? ” [26]. También declara que “las elecciones no son parte de la democracia” y cuando se le pregunta por el papel de la dictadura en la transformación neoliberal,responde: “ no me hable de dictadura, porque nunca hubo dictadura. Son invenciones fascistas, marxistas…” [27]. En esto es enfático: “yo no soy totalitario y lo digo mil veces y eso grábenselo bien” [28].

También es un hombre seguro de si mismo y de su rectitud moral: “si alguien quiere pedir perdón, que lo pida. Yo no voy a pedir perdón por mi institución en ningún momento” (…) “ No tengo nada que lamentar” (…) “Yo [sólo] me arrepiento con Dios” [29]. Así las cosas, se comprende lo pulcro de su conciencia: “ no tengo ningún cargo en mi conciencia. Tendré pena por otras cosas…me puedo preocupar por un nieto, por mi mujer, por mis hijos, pero tengo mi conciencia limpia” [30] (…). “Siempre he sido buena persona, saludo a las damas, les hago cariño a los niños, trato de ayudar a los pobres porque he sido formado con sentido humano” [31].

VI.- El golpe de Estado y la defensa del orden establecido.


Repitamos: la dictadura de Pinochet sólo se explica parcialmente en función de las exigencias del modelo económico neoliberal. Operando con mayor fuerza está el desafío anticapitalista que representó la Unidad Popular allendista.



Para mejor situar el problema, permítasenos un muy sintético recuerdo histórico: en Chile, “hacia mayo de 1972, en Concepción, tiene lugar una “asamblea popular” que marca un hito clave. Sectores revolucionarios de dentro y fuera de la Unidad Popular intentan un primer ensayo de poder popular autónomo (…) A pesar de sus insuficiencias notorias, es una clarinada: las masas comienzan a rebasar a las direcciones tradicionales”. Para Orlando Millas (dirigente nº2 en la jerarquía del partido Comunista), tal suceso constituyó “el hecho más grave que la UP debía afrontar desde el triunfo de septiembre”. Luego, “octubre de 1972, marca otro hito clave, de tensión máxima de la lucha de clases. La derecha lanzó todas sus fuerzas sociales al ataque y desató un paro patronal –durante casi dos meses- abiertamente insurreccional. La respuesta obrera y popular fue abnegada y maravillosa: nadie abandona los lugares de trabajo, se caminan kilómetros para llegar a los centros productivos, las fábricas son tomadas, dirigidas y controladas por el pueblo. Irrumpen las brigadas de trabajo voluntario. El pueblo, y en especial el proletariado, muestran todo su potencial. Y al unísono, la gran burguesía desnuda su parasitismo e inutilidad histórica. Pretendiendo movilizar al país sólo levanta al proletariado. Las direcciones políticas tradicionales de la propia izquierda son rebasadas por el aluvión popular. Y en forma casi espontánea (aunque al encuentro de planteamientos, hasta la fecha un tanto abstractos, de algunos embriones de vanguardia), surgen los cordones industriales y los comandos comunales. El pueblo, particularmente el proletariado industrial, comienza a descubrir, pugnar y laborar por sus formas de poder. Vientos ya centenarios, de los viejos communards, comienzan a mecer al país. Los agoreros de la ‘desfavorable correlación’ (Millas, pleno del PC, julio de 1972), sufren un mentís rotundo. Para la derecha, el paro la llevaba a la derrota. La institucionalidad estaba resquebrajada y el enfrentamiento pareció inminente. Allende, sin embargo, optó por integrar a las fuerzas armadas al gabinete y por canalizar la lucha –evitando el desborde institucional- con vistas a las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. Se presentó a las fuerzas armadas como ‘salvadoras’ y ‘quebradoras’ del paro patronal. La verdad era otra. El paro ya estaba derrotado y las FFAA arribaron a los ministerios para preservar la institucionalidad burguesa y no para favorecer al pueblo”[32]. Durante el primer trimestre de 1973 la situación económica empeoró y subió el descontento popular. No obstante, la UP obtuvo una altísima votación en las parlamentarias (44% del voto efectivo). Fue otro momento decisivo: la derecha quedó frustrada pero el gobierno no la golpeo. De hecho, el PC propuso “como tarea central no la conquista del poder político sino la ‘batalla por la producción’, con la estulta perspectiva de ganar las elecciones presidenciales de 1976. O sea, de la exitosa jornada electoral de marzo, las conclusiones eran una vez más encerrar las energías populares en los cada vez más estrechos cauces de la institucionalidad burguesa. Las conclusiones sacadas por las clases dominantes fueron muy distintas. A partir de marzo cierran filas en torno a un objetivo central: derrocar a Allende antes de 1976” [33]. Luego, el tanquetazo o putsch de junio de 1973, es un último hito decisivo: “fuentes bien informadas han mencionado una carta de Fidel Castro en que éste le dice a Allende que el 29 de junio era su Playa Girón, pero el comentario no fue asimilado”[34]. A la vez, aunque sin el apoyo del Gobierno [35], el pueblo buscaba desarrollar los diversos modos del poder popular. Desfila frente al Gobierno y le pide armas (“ ¡el pueblo quiere armas, compañero Presidente!”), se opone con fuerza creciente a las vacilaciones e intentos de acuerdo con la Democracia Cristiana (cuyas cúpulas, empezando por Frei y Aylwin, ya propiciaban el golpe), critica más y comienza a autonomizarse de las cúpulas dirigentes reformistas.[36] En un documento de la época, emanado de los Cordones Industriales, podemos leer: “supimos que se había constituido el gabinete cívico militar. Nadie nos consultó. ¿Para qué? Los pobres de la ciudad y del campo servimos sólo para ciertas cosas. Servimos para que nos digan: Hay huelga de patrones, trabajen. Servimos para que nos digan: Los patrones escondieron las micros, caminen. Servimos para que nos digan: El Gobierno tiene poca plata, así que contrólense con los pliegos de peticiones. Servimos para asistir a concentraciones, para gritar a favor del Gobierno, para llevar letreros. Servimos para ganar la batalla de la producción. Servimos para aguantar la inflación. Y también serviríamos, caramba que serviríamos, para salir a las calles a defender al Gobierno”. El documento sigue: “Para eso servimos los pobres de la ciudad y del campo. Cuando el Presidente dijo que estábamos al borde de la guerra civil, no nos contaba ninguna novedad(…) él sabía que estábamos (…) dispuestos, que comprendíamos que por las fábricas y por las tierras teníamos que pagar un precio. Si no estuviéramos preparados, si no estuviéramos dispuestos, el compañero Presidente habría tenido que hacer las maletas. Habría tenido que hacer las maletas con la misma prisa que hizo sus maletas Goulart, con la prisa de los gobernantes que no tienen un pueblo detrás que los defienda (…). Que no se llame a engaño el compañero Presidente. Fue la presencia física de millones de trabajadores lo que lo mantuvo en el Gobierno. Las Fuerzas Armadas y la muñeca diestra sirven para muchas cosas, para muy interesantes cosas, pero no bastan para mantener u

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