Chile. Piñera y sus leyes represivas versus la subversión de un pueblo

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Los meses de subversión que está experimentando el pueblo de Chile ha generado que este se haga preguntas, las cuales requieren respuestas rápidas, pues de no ser contestadas lo antes posible abren la posibilidad de un escenario que a la clase dominante en el poder no le agrada y que se esforzará por socavar.

Los pensamiento, propósitos, creencias y reflexiones  que nos ha dejado el pasado 18 Octubre, nos muestra cómo la subversión de uno de los pueblos más sufridos de Latinoamérica, el más austral del mundo, denominado en versos, como Santiago de Nueva Extremadura (Chile), ha vigorizado la máxima, que al parecer sostiene el deseo de alcanzar el legítimo derecho a la liberación del pueblo.  Subvertir el orden público. Subvertir un sistema, un modelo, un Estado corrupto y opresor.

La Aldea de los subversivos, donde cohabita o convive el pueblo malogrado por siglos de esclavitud y trabajos forzados,  como resultado de una construcción social, en la que la misma persona se auto-sometió, hoy es objeto de persecución y montajes, pues estos han dicho basta de abusos a la élite en el poder.

La clase dominante y su modelo económico capitalista, monopólico-financiero, patriarcal y extractivista, se encuentra en una fase que busca afianzar y recrear sus métodos y formas de ganancias con el único objetivo de conservar sus prebendas en Chile y oponerse a eso que los chilenos llaman “el despertar de un pueblo» y que hoy perfectamente podemos calificar de “la subversión de los abusados”.

Sin embargo, han pasado los días y la sociedad chilena ha sido puesta en jaque por la habilidad de la  clase política, que representa a la oligarquía y plutocracia chilena, ávida de poder y privilegios, llevando adelante un proceso constitucional lleno de subterfugios, disimulos y argucias, con el único fin de mitigar la subversión del pueblo, único camino, que al parecer, les permitiría lograr alcanzar soluciones concretas  a las demandas sociales.

Ante tal escenario y carentes de una respuesta auténtica de parte de aquellos que podrían organizar  la subversión espontánea, el pueblo chileno, al parecer,  será nuevamente engañado, al igual que con el plebiscito de 1988, con eso de la alegría ya viene y que nunca llegó.

Este es un momento histórico, o se subvierte el orden en su totalidad o se consolida el modelo, promoviendo un Estado de bienestar y un Estado empresarial, que quizás dejará atrás la idea de Estado subsidiario, pero que mantendrá la sociedad de mercado. Aquí muchos de los mal llamados partidos  de oposición han puesto sus fichas a esta manera de salir a la crisis por la que atraviesa el país, desorientado y falseando los hechos, argumentando que es la única forma de salvar la situación sin derramamiento de sangre, pero que en definitiva mantendrá en esencia el modelo económico capitalista, patriarcal  y extractivista.

¿Chile lucha por una  nueva sociedad libre,  justa y solidaria o por reformitas que con  nueva o antigua constitución mantendrán  el modelo?

Sin miedo a plantearse la siguiente pregunta: ¿En Chile es posible una revolución o solo es un concepto utilizado para el cartel de seudo-revolucionarios?

Llevar adelante los cambios verdaderos requiere más que solo  buenas intenciones. Pues pasan los meses y el oficialismo con su represión consolidan el modelo de la ganancia privada que mantendrá las cosas tal  y como las conocemos.

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