Chile. Nos deben una vida

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“Nos deben una vida”, dice un rayado en una pared cualquiera.

Las consignas de ocasión, las frases simples que se multiplican en carteles y muros expresan mucho más que buena parte de los análisis que andan circulando. Si no aluden a lo consabido, son repetitivos, reiterativos hasta el cansancio y faltos de cualquier originalidad para dar cuenta de lo que sucede. Para qué gastar palabras en aquellos que simplemente niegan o pretenden desvirtuar los hechos.

La deuda es abominable, porque es mucho más que económica, aunque nazca de allí, de lo material.

La frase refleja, me parece, el nudo del sistema y la herida que nos inflige a diario: desvela el daño íntimo, irreparable (el tiempo no retrocede), sobre cada ser humano (o alienígena, a esta altura) considerado al servicio completo de una vida superior: la de ellos.

Nos deben una vida porque nos han hecho vivir como muertos. O como zombis. Pidiendo permiso para vivir.

La violencia polimorfa del neoliberalismo hoy les revienta en la cara. ¿Qué esperaban?

Nos deben una vida y dan ganas de decir que se la cobraremos con intereses usureros. Pero no. No somos como ellos.

 

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