Chile. Modelo económico al borde del agotamiento

Publicidad

El modelo económico chileno se encuentra al borde del agotamiento, pese a las apariencias, a las celebraciones e incluso a las cifras, advirtió en esta capital Michael Porter, experto de la Universidad de Harvard, de Estados Unidos.

Desigualdades sociales, autocomplacencia, baja inversión en tecnología, ausencia de regulaciones ambientales y de calidad, así como la falta de una estrategia nacional de desarrollo figuran entre las causas citadas por Porter en un reciente seminario organizado por una universidad privada local.

El comentario dejó virtualmente pasmados a los cerca de 500 ejecutivos y empresarios asistentes, habituados a los elogios constantes que emanan de las altas cifras de crecimiento económico, la sostenida reducción inflacionaria y el aumento de las exportaciones que ha exhibido Chile en los últimos 10 años.

Jean Jacques Duhart, director de ProChile, entidad oficial encargada de promover las exportaciones, compartió en general el diagnóstico de Porter, y dijo a IPS que existen señales de que el país esta alcanzando un »techo» en su capacidad exportadora, que difícilmente se podrá remontar en las condiciones actuales.

No obstante, en 1995 el país registro un crecimiento de ocho por ciento de su producto interno bruto (PIB), con inflación de ocho por ciento, aumento de 40 por ciento de las exportaciones, desempleo de 5,4 por ciento y aumento de 25 por ciento de la inversión extranjera.

A muchos chilenos, y a sus dirigentes políticos y económicos, les gusta pensar y decir que el paso de Chile del Tercer Mundo al primero está a la vuelta de la esquina.

El gobierno del presidente Eduardo Frei se fijó una meta de crecimiento anual promedio de seis por ciento, para alcanzar en los próximos cinco años un nivel de ingreso similar al de España (8.000 dólares), y promueve ahora la segunda etapa exportadora, en que se dará prioridad a los productos manufacturados.

En un análisis de la situación actual, el ministro de Hacienda, Eduardo Aninat, dijo recientemente que »lo importante es que las cosas están equilibradas: hay productividad alta, buen nivel de empleo, una situación externa favorable. Hay divisas, ahorro, crecimiento y baja inflación».

Pero las cifras no impresionan demasiado a Porter, un rubio edad indefinible que tiene en su curriculum varios libros y numerosas consultorías sobre competitividad, factor que considera el aspecto dominante de la escena económica mundial.

Lo que a los chilenos alegra –como el ingreso por habitante de 4.700 dólares alcanzado en 1995– es para Porter señal no tanto de lo logrado, sino de lo que falta para llegar a los niveles de los países industrializados, con ingresos superiores a los 20.000 dólares por habitante.

Y el énfasis que Chile ha dado a la explotación de ventajas comparativas, como mano de obra barata, geografía o factores climáticos, son considerados por él precisamente como los elementos mas peligrosos de la coyuntura actual.

En Chile hay una falsa »sensación de riqueza» que no se asienta sobre bases firmes y conduce a una actitud conformista, lo que a su vez relaja la competitividad, afirmó. Para Porter, la competencia sobre la base del precio solo es sostenible cuando se asienta en el aumento de la productividad, y no en la mano de obra barata, como ocurre en la mayoría de las llamadas economías emergentes.

»Un país no es rico cuando la mano de obra es barata», sentenció, y fustigó luego la noción de que se deben explotar las ventajas comparativas, porque tales ventajas ya no existen en un mundo donde la tecnología y la productividad eliminan las distancias y las dificultades climáticas y geográficas.

Citó, para probarlo, el caso de Holanda, cuyo pequeño territorio –la mitad protegida por diques bajo el nivel del mar– alberga la mayor densidad de población del mundo, en un suelo pobre y con inviernos de ocho a 10 meses, y que es, pese a todo, un importante exportador agrícola.

Entre otros rubros, es el principal exportador mundial de flores.

»Con 10 meses al año de lluvia y frío, Holanda es mas eficiente en la producción de flores que ustedes (los chilenos), con su clima soleado y sus suelos fértiles», dijo Porter.

El secreto holandés no está en el costo de la mano de obra (una de las más caras del mundo), sino en el conocimiento acumulado, la alta productividad de los invernaderos, en la especialización y en la tecnología productiva y de distribución.

Según Porter, cuando el régimen militar chileno abrió la economía del país según preceptos neoliberales, en la década del 70, »tomó decisiones correctas», pero ahora tales políticas alcanzaron su punto de agotamiento y el país no parece bien preparado para la siguiente etapa.

Sobre la base de bajos salarios y ventajas comparativas, los productos chilenos alcanzaron una buena posición a nivel internacional, pero la herencia fue un país lacerado por desigualdades sociales que solo Brasil supera en América Latina.

Los costos de mano de obra están en constante aumento en Chile desde 1990, cuando asumió el gobierno democrático del presidente Patricio Aylwin y comenzaron a liberarse tensiones sociales largamente reprimidas.

La política social de los dos sucesivos gobiernos democráticos –particularmente el de Aylwin– permitió en los últimos cinco años reducir la extrema pobreza de 14 a seis por ciento de la población, pero en la línea de pobreza aún se ubica un tercio de los casi 14 millones de chilenos.

Duhart enfatizó que muchos de los aspectos citados por Porter se encuentran bajo estudio, en particular el aumento de la inversión publica y privada en investigación y desarrollo tecnológico, la creación de incentivos de calidad y la formación de un consejo nacional de productividad.

No obstante, el representante de ProChile reconoció que la falta de un plan nacional estratégico que otorgue dirección a la economía constituye la debilidad principal.

»No se trata de una segunda fase exportadora. Tenemos que hablar de la internacionalización de la economía, del paso de la exportación de productos a la exportación de empresas, de gestión empresarial, de inversiones», dijo Duhart.

Para Porter, la decisión anunciada por el gobierno chileno de pasar de una exportación extractiva y agrícola a una industrial y de servicios no es necesariamente acertada, porque una economía agroindustrial puede ser altamente rentable si conjuga los elementos básicos de competitividad.

Estos elementos están más en la productividad y la especialización que en escoger el producto de exportación.

Muchos países pueden sobrepasar a Chile en ventajas comparativas, la tarea consiste en aprovechar potenciales ventajas tecnológicas y de conocimiento en áreas específicas y convertirse así en un actor mundial.

Porter estima que en solo cuatro o cinco renglones –como finanzas, supermercados, minería o vinos– Chile puede ser un líder mundial, única posición verdaderamente aceptable para un país que se considere, y sea considerado por los demás, como desarrollado.

Texto escrito por el autor hace 24 años, en 1996.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More