Chile: MINEDUC no quiere Educación Pública, quiere Instrucción

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“Es peligroso pensar, amigo”… esa frase jamás la he olvidado, afortunadamente. Tal vez la había escuchado en otras situaciones, pero la hice piel cuando tuve en suerte asistir –en el mes de agosto del año 1970- a la presentación, en el viejo Estadio Chile (hoy, ‘Víctor Jara’) de la Cantata Santa María de Iquique, la obra musical del profesor Luis Advis,  en las voces del conjunto Quilapayún, con el recitado a cargo del actor Marcelo Romo (posteriormente lo haría el ya fallecido Héctor Duvauchelle), durante el Segundo Festival de la Nueva Canción Chilena, a escasos días de la elección presidencial que llevaría al doctor Salvador Allende a ocupar el sillón de O’Higgins.

Durante los 17 años de dictadura el pensamiento libre fue aherrojado, prohibido y perseguido, cuestión que por lo demás es esperable de parte de cualquier autoritarismo, sea este de izquierda o de derecha, católico, judío o musulmán. Sin embargo, recuperada la democracia los gobiernos de la Concertación (y hoy los de la Nueva Mayoría) se esmeraron en continuar la saga de iniquidades contra el grueso de la población, a la que desde el inicio mismo de  las administraciones del duopolio se le privó de informaciones veraces, de prensa libre y de educación de calidad, pública y laica.

Para lograr lo anterior, el bloque actualmente en el gobierno –siempre con el visto bueno y aplausos de la derecha dura- dio los primeros pasos en su objetivo de minimizar al pueblo en asuntos políticos logrando que muchas revistas y diarios, que habían luchado fieramente contra la dictadura, cerraran sus prensas y desaparecieran de los quioscos del país. Fue así que medios informativos de enorme valer, representantes de una libertad de expresión ya desaparecida, como las revistas “Análisis”, ‘Cauce’, ‘Rocinante’,  ‘Apsi’ y ‘Hoy’, dejaron de existir junto a la muerte de diarios y periódicos como “El Fortín Mapocho”,  “Siete más siete”,  ‘Los Tiempos’, ‘Página abierta’, ‘Diario Siete’, “Plan B”, etc., a la vez que esa misma Concertación de Partidos por la Democracia (¿?) impidió el resurgimiento en Chile del popular diario “Clarín” que, hasta el mismo día martes once de septiembre de 1973 era el de mayor venta en Chile.

Conseguido lo anterior, los ‘renovados’ socialistas -aliados con viejos alfiles de la sedición derechista- destinaron sus esfuerzos a la Educación, aunque en estricto rigor lo hicieron preferente y casi únicamente en la educación pública municipal, ya que los establecimientos de de enseñanza básica y media en manos de propietarios privados, quedaron en libertad de estructurar sus propias mallas currriculares, respetando sólo el mínimo exigido por el estado docente, cual era -y sigue siendo- cumplir (los docentes) con el conjunto de programas obligatorios, mismos que en los establecimientos educacionales públicos son solitarios habitantes al interior de las mallas respectivas.

Puede parecer lo anterior algo cercano a una conspiración para evitar que los hijos de las masas populares “aprendan a pensar, a discernir, a calificar y comparar”, cualidades que pueden ser alcanzadas mediante el conocimiento de ciertas materias, como la Filosofía y la Historia. Quizá, no sea una conspiración propiamente tal, y se trate sólo de una acción desglosada del quehacer dubitativo de quienes gobiernan ese estado docente, ya que no es posible eludir un hecho cierto que tal vez provoque una sonrisa irónica a más de alguien, pero los datos duros certifican que desde hace dos décadas el MINEDUC (ministerio de educación) viene dando palos de ciego en las materias que le corresponden.

¿Cuántas ‘reformas y reformitas’ ha parido ese ministerio en los últimos 26 años? Los cambios curriculares son ya un asunto que se renuevan en cada calendario, y siempre se traducen en avances a medias o en fracasos completos, lo que obliga (¿o permite?) al MINEDUC volver con otra propuesta de reforma educacional al año siguiente… y así se continúa empantanando aquello que se refiere a la igualdad de oportunidades mediante la igualdad de calidad y de contenidos.

¿Es preciso dar un ejemplo?   Una de las tantas reformas’ parida por la mente de profesionales de ese ministerio fue unir, mezclar, dos asignaturas (Ciencias Naturales y Ciencias Sociales) en un todo orgánico pomposamente bautizado como “Comprensión del Medio Natural y Social”… el fracaso fue estrepitoso (como ha ocurrido con  casi todas las indicaciones ‘novedosas’ de esa repartición pública), ya que los docentes se vieron obligados a separar las asignaturas, y en una jornada enseñar ciencias naturales, y en otra jornada enseñar ciencias sociales. Finalmente, años más tarde,  a los ‘sabios’ del MINEDUC les cayó la chaucha y decidieron separar también las asignaturas,  pero millones de alumnos de educación básica ya habían sido dramáticamente perjudicados en sus aprendizajes.

Para los ‘expertos’ que ofician de autoridades educacionales en los gobiernos del duopolio es de máxima prioridad evitar, oficialmente, que las masas populares aprendan a pensar, a criticar, a comparar, a dudar (como dijo  Descartes). Para ello, aprovechando el paso anterior dado por esa misma sociedad de intereses mutuos conformada por Concertación y Alianza en la década de 1990 referente a la muerte de la prensa libre, los gobiernos post-dictadura iniciaron el largo camino del “ensayo y el error” en materias educacionales, pero siempre aplicando tales cuestiones preferentemente a las niñas y niños que forman parte del alumnado en la educación pública.

Ya a comienzos del actual siglo, la vieja Concertación –pauteada por la Alianza por Chile-  le hincó el diente al objetivo principal: separar aguas en estos asuntos y estructurar un andamiaje que marcara diferencias entre “empleado y patrón”. Este último era el dueño de la educación verdadera, mientras que el primero –el empleado- sólo recibía una especie de instrucción mínima, la que coartaba sus posibilidades de entender el mundo y el,orden de las cosas. .

Para nutrir lo anterior, disminuyeron las horas docentes en Historia y Geografía, intentaron eliminar la enseñanza de Música y de Arte en general, rechazaron –durante años- el regreso de la Educación Cívica, y cuando finalmente parecen aceptarla (obligados por la presión ciudadana), pretenden que ella pueda rebajar aún más las horas destinadas a la asignatura de Historia (ciencia muy peligrosa y peliaguda para la buena salud de los corruptos a cargo del país hoy día). No contentos con ello, ahora promueven eliminar la asignatura de Filosofía y reemplazarla por un engendro  llamado “Ética y Comportamiento Ciudadano”, o algo parecido,  cuestión que –de seguro- contará con programas ‘oficiales’ cercanos al espanto mismo, ya que la actual casta política, corrupta, venal y clasista, sería la encargada de determinar qué es ética y qué es ser ciudadano en el Chile neoliberal. Un chiste cruel, sin duda. .

Definitivamente, en estos 26 años, el MINEDUC ha borrado la esencia de la Educación en escuelas y liceos públicos, cambiándola por una simple Instrucción de tecnologías varias, las que por cierto son necesarias en el mundo del trabajo pero insuficientes en materias de ciudadanía, libertad, democracia y humanismo. Los expertos de ese ministerio soslayan (o desconocen) que el futuro será más y más exigente, impetrando a nuestras generaciones futuras una optimización del desarrollo del intelecto que, por cierto, no otorgan las tecnologías, sólo lo hacen las ciencias (y la Filosofía es la madre de todas ellas).

Lo que se está haciendo es automatizar a los niños y jóvenes de la educación pública, incrementando en ellos el individualismo y consumismo a la vez que estructurándolos como seres no pensantes, sin movimiento, ideas ni decisiones propias. Para nuestras autoridades, sigue vigente aquello de “es peligroso pensar, amigo”, o mejor dicho, es peligroso, mi amigo, que el pueblo aprenda a pensar, a reflexionar, a discernir.

Todo lo dicho resulta ser miel sobre hojuelas para el mundillo megaempresarial,  y también  para el leprosario donde habitan los políticos del duopolio que intentan, por todos los medios,  continuar agarrados con uñas y dientes a la ubre fiscal.

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