Chile. Maternidad, trabajo doméstico y teletrabajo: La triple jornada laboral de miles de mujeres en la pandemia

Son miles las mujeres que, mientras realizan el trabajo remunerado desde sus hogares, también se hacen cargo de su rol de madres, conjugando dos labores que no se pueden abandonar. Radio y Diario Universidad de Chile recogió tres testimonios de mujeres líderes en sus áreas, quienes compartieron sus experiencias ante este desafío.

Históricamente ha existido desigualdad entre hombres y mujeres en el cuidado y las labores domésticas. Es conocido que en la mayoría de los hogares estas tareas recaen sobre las mujeres, incluso a pesar de que ellas tengan trabajos remunerados a los que responder en su día a día.

En el contexto de la pandemia por COVID-19, la situación se ha acrecentado, puesto que ahora muchas mujeres a lo largo del país están realizando sus trabajos remunerados desde casa, lo que las obliga a ejercer al mismo tiempo y en el mismo lugar sus labores de maternidad, trabajo doméstico y trabajo remunerado.

Respecto de esta situación, Paula Poblete, directora de Estudios de ComunidadMujer, señaló que “la prevención y el cuidado de las y los familiares por el coronavirus ha aumentado la carga de trabajo de las mujeres. Además, para quienes pueden hacer teletrabajo es peor, porque cuando nuestro hogar es también la oficina, pareciera dificultarse nuestra capacidad de armonizar los tiempos laborales, familiares y personales. La carga mental y la suma de las horas dedicadas al trabajo, tanto remunerado como no remunerado, han crecido para las mujeres”.

Paula Poblete

Paula Poblete. Créditos fotografías: ComunidadMujer

Agregó que lo importante es entender que esto no es un problema personal de las mujeres, o un asunto de pareja, sino que es “un problema social, que, como tal, debe ser abordado por la política pública. Un país que pretenda ser desarrollado, que aspire a un progreso sostenible para todos sus ciudadanos y ciudadanas, no debe permitir que una mitad de la población abuse sobre la otra. Es hora de que los hombres hagan la parte de la pega no remunerada que les corresponde, es decir, que hagan la mitad de la pega. Ni más ni menos”.

Junto a ello destacó que ninguna política pública es neutral al género, puesto que muchas de las que se han establecido durante esta crisis tienen directa relación con la afectación o exposición de las mujeres, como los perjucios de la cuarentena para quienes sufren violencia. O que quienes atienden servicios esenciales como supermercados y salud son mayormente mujeres, o en el caso de la ayuda a familias más vulnerables, la mayoría de los hogares pobres son liderados por una mujer.

Hay menos trabajo remunerado, más trabajo doméstico

Magaly Ávila es vocera del Comité Educacional de la Coordinadora Feminista 8M. Por decisión personal, antes de la pandemia ya realizaba el trabajo desde casa pues es periodista independiente, activista de derechos humanos y participa en organizaciones vinculadas al área de la educación.

Si bien se puede pensar que para alguien que ya hacia teletrabajo este nuevo escenario no significa mayores cambios, ocurre todo lo contrario, pues la presencia de sus dos hijos en casa ante la suspensión de clases, sumado al aumento del trabajo doméstico y la incertidumbre laboral, ha generado un panorama diferente en su vida y la de su familia.

“Por la pandemia el trabajo remunerado ha bajado, y el de la casa ha aumentado, porque como sucede con otras madres hago también las tareas domésticas. Hay más desorden, el lugar donde se come es el mismo donde se trabaja y estudia, y el tema de las salidas también provoca más atención, más trabajo por sacar permiso, revisar lo que se necesita para salir, confeccionar las mascarillas, y sanitizar todo al volver. Lavar la ropa, siempre hay más, la casa hay que limpiarla más, además de todas las tareas que ya se hacían antes, como el tema de cocina, por ejemplo”, cuenta a través de Whatsapp sobre su experiencia.

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En un mensaje de audio reconoce que el encierro ha generado ventajas en la familia, como poder estar más tiempo con sus hijos, verlos, generar espacios de conversación y que se reconozca y valore el trabajo y cuidado doméstico que se hace a diario, pero a la vez comenta que el confinamiento ha dado paso también a dificultades.

“Las dificultades son muchas, la tensión que significa el aislamiento, no hay privacidad, el tiempo que se dedicaba para una es mínimo, si es que hay. Hay más bulla, menos concentración para la creación por ejemplo, más ansiedad, más conflictos, más gastos en electricidad, en agua, en gas, en comida (…)  El trabajo remunerado escasea porque siempre está la disyuntiva de si va a llegar, si tendré el otro mes o la otra semana“, dijo.

Magaly es enfática en reconocer que sabe que sus problemas son pocos en comparación a la realidad de otras mujeres que están sufriendo violencia en sus hogares, o que sumado al trabajo doméstico y también el remunerado deben hacerse cargo de cuidados de adultos mayores, personas con discapacidad o niños pequeños. Por eso, asegura que las autoridades deben hacerse cargo de estas situaciones.

“Hay que exigirle al Gobierno que implemente políticas públicas para apoyar a mujeres precarizadas, decirle que cuide a las personas más que a la economía. Que más que ayudar a las empresas ayude a las y los trabajadores, porque sin ellos y ellas las empresas no son nada y eso se ha demostrado estos días”, finaliza.

En el marco de un nuevo 1 de mayo, desde la Coordinadora Feminista 8M conmemoran esta fecha poniendo en el centro de la discusión la diversidad de trabajos que sostienen la vida. Para esto realizarán una jornada de agitación transmitida en línea, bajo la consigna “los trabajos serán para sostener la vida y no sus ganancias”, en las que se discutirán temas como la necesidad de un sistema de cuidados, la potencia internacionalista que emerge desde la huelga general feminista, la lucha en defensa por el agua y los territorios, la profundización de la crisis social en tiempos de pandemia, entre otras demandas.

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Avanzar hacia la igualdad

Claudia Heiss es doctora en ciencia política, académica y jefa de la carrera de ciencia política del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile. Durante este semestre imparte tres clases, y acaba de lanzar un libro referente a una posible nueva Constitución. Todas labores que la han mantenido muy ocupada en lo que a la docencia y trabajo remunerado refiere.

A esto, se ha sumado la maternidad y el cuidado doméstico durante la pandemia, pues producto del COVID-19 se encuentra en su hogar con teletrabajo, cuidando a su hija de 12 y su hijo de 7 años.

Así, la académica ha tenido que distribuir su tiempo diario en el cuidado de los niños, ayudarlos en los deberes del colegio – especialmente a su hijo menor – y también responder a sus labores de docencia y trabajo administrativo en la Universidad.

“Ha sido lindo, por un lado, trabajar con mi hijo más chico, porque la niña es más independiente, pero por otro súper desafiante, porque cuando yo estoy muy exigida de trabajo finalmente no tengo alternativa más que dejarlo que use las pantallas: si no lo dejo usar la tele o el ipad no me deja trabajar. Entonces estoy con la culpa permanente, cuando estoy muy exigida, de no estar haciendo cosas con él y que de alguna forma paga el costo de que yo esté dedicada al trabajo. Entonces ese tironeo es súper duro para quienes estamos a cargo de niños”, comentó respecto de su experiencia.

Ante esta situación, Claudia decidió que el cuidado de sus hijos se compartiera con su ex esposo durante la emergencia sanitaria. Luego de verse sobrepasada por la triple jornada en un inicio, comenzaron a rotar la custodia, por lo que una semana es ella quien se hace cargo, y la siguiente el padre, manteniendo con ello todas las medidas sanitarias que se requieren para la prevención del COVID-19.

La docente reconoce que por tomar esta decisión en algunos casos puede ser mirada como mala madre, pero asegura que es necesario terminar con esos prejuicios y avanzar en compartir los roles, especialmente ante este tipo de emergencias, garantizando una buena calidad de vida en todos los integrantes de una familia. Asimismo, señaló que para ella ha sido clave no sobre-exigirse, entendiendo que bajo este nuevo escenario no se puede controlar todo. Y que se puede vivir con menos de lo que uno suponía.

Además, indicó que en esta situación actual en la que se ha evidenciado aún más la sobrecarga que hay en las mujeres, al caer sobre ellas todo este trabajo, es probable que se genere una mayor valoración del trabajo doméstico y de cuidados, tal como los cuestionamientos a cómo se distribuye.

“La pandemia nos da una oportunidad de ver cómo los cuidados están tan feminizados. Hay que tratar que cuando volvamos a la situación normal no se mantenga esta diferencia de género tan grande, donde incluso cuando las personas tienen ayuda doméstica o para el cuidado de niños o adultos mayores, siempre lo hacen recaer en otras mujeres”, expresó.

Añadió que es esencial reconocer el problema que aquí existe y que es de toda la sociedad. “Hay que valorizar los cuidados, que la sociedad en su conjunto valore lo que significa el trabajo con los niños, enfermos mayores y domésticos. Que lo valore y una vez valorado lo reparta, que se pueda hacer de forma equitativa. Hay que desvincular el género de los cuidados”.

Así, son miles las mujeres a lo largo del país que ante la pandemia han tenido que hacerse cargo de al menos tres tipos de labores en sus hogares: maternidad, trabajo doméstico y trabajo remunerado, exponiéndose a grandes cargas de estrés e incertidumbre generadas por la desigualdad de género que todavía existe en la sociedad. Una realidad que debe ser enfrentada para avanzar hacia su erradicación.

radio.uchile.cl/2020/05/02/maternidad-trabajo-domestico-y-teletrabajo-la-triple-jornada-laboral-de-miles-de-mujeres-en-la-pandemia/

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