Chile. Mal comienzo de año para l@s trabajador@s

Por Hugo Alcayaga Brisso, Politika

Cifras en mano el inicio de 2019 ha sido nefasto para la clase trabajadora:  la ENAP alista lo que eufemismo llama “un proceso de ajuste” de sus dotaciones que preliminarmente apunta a prescindir de unos 500 trabajadores; el Colegio de Profesores denuncia despidos masivos de docentes que podrían superar también el medio millar, y se […]

Cifras en mano el inicio de 2019 ha sido nefasto para la clase trabajadora:  la ENAP alista lo que eufemismo llama “un proceso de ajuste” de sus dotaciones que preliminarmente apunta a prescindir de unos 500 trabajadores; el Colegio de Profesores denuncia despidos masivos de docentes que podrían superar también el medio millar, y se conoce  un estudio según el cual  tres de cada cuatro hogares asalariados mantienen deudas con el sistema mercantil,  resaltando que de más de 11 millones de deudores quienes permanecen morosos se acercan a los 5 millones.

Chile entró al nuevo año estancado en materia de empleos y salarios, pero con las calamidades creciendo sin límites. Los campamentos de tránsito han subido ahora a 822, con un total de 46.400 familias  que sobreviven en condiciones deplorables, tanto como las que afectan a los comerciantes ambulantes que ya están en los 2 millones y medio por la falta de oportunidades que les permitan una mejor ocupación, como fue fácil advertir con motivo de las festividades de fin de año.

El modelo neoliberal aparece en enero en su esplendor acentuando las desigualdades y activado por este gobierno que es ciego, sordo y mudo para ver a las clases populares, escuchar sus demandas y entregar al menos una palabra de aliento.  No interviene, por de pronto, para terminar con las temidas listas negras que imponen determinadas empresas influyentes y que, en el caso de Valparaíso,  han demorado el término definitivo del conflicto de los portuarios eventuales que paralizaron por 35 días.

Todo ello ocurre en el actual gobierno de Sebastián Piñera, que llegó a La Moneda presuntamente para dar solución a los problemas sociales más urgentes y no para agudizarlos. A estas alturas está claro que este gobierno creó grandes expectativas, pero no concreta nada positivo para la gente de a pie. Su gestión política, su conducción del país y la forma  en que enfrenta los problemas  se alejan de lo que esperaba su propio electorado y defrauda  a la población que en diciembre de 2017 salió de las brasas para caer a las llamas.

Sin duda Piñera es el más indicado para encabezar este régimen inserto en el modelo mercantil despreocupado de los que carecen de recursos,  pero atento a quienes poseen y usan y abusan del poder. Este no es sólo político, gubernamental u opositor, sino también económico, fundamental en el Chile de hoy, y que otorga al gran empresariado un poder superior a cualquiera de los organismos del Estado. El débil aparato estatal vive de rodillas ante las minorías ricachonas.

Con 3 mil millones de dólares a su haber el actual mandatario se mantiene de espaldas al pueblo que se esfuerza cada día por hacer posible el crecimiento. Su administración no gobierna para la calle, ha reconocido el ministro de Hacienda. Tampoco para los pobres, ni para los cesantes, los sin casa,  los morosos o los estafados por el sistema, ni para los jóvenes ni – ni  y los viejos con jubilaciones de hambre. Sólo para sus pares y para quienes, por su dinero o influencias,  pesan tanto o más que el propio Estado.

En este país  de abismos sociales la clase trabajadora indefensa se limita a observar ese lejano universo  de multimillonarios que controlan la economía chilena tras ser favorecidos por las privatizaciones de los 80  al alero de la dictadura. Asaltaron empresas y servicios estatales, construyeron lucrosos negocios en una de las economías más desiguales del mundo y empobrecen a los trabajadores y sus familias. El piñerismo asiste sin reparos a este penoso espectáculo de abusos y explotación.

La derecha festeja las cifras oficiales conocidas hace unos días. El crecimiento económico aumentó en noviembre en un 3,1%, lo que no sirve porque la riqueza y las utilidades quedan en los bolsillos de unos pocos que no generan empleos ni suben los salarios,  y el IPC de diciembre fue  ¡negativo!, de menos 0,1%, aunque en las festividades de fin de año todo estuvo más caro comenzando por las tarifas de los buses interprovinciales elevadas hasta un 120%. Las manipulaciones siguen castigando y congelando los sueldos y pensiones.

En Chile el modelo neoliberal tiene la suerte de no contar con oposición porque está sostenido por las dos derechas funcionales a la oligarquía. A su vez, las organizaciones  que tendrían que estar en la calle protestando y exigiendo cambios y mejoras radicales no salen del sopor en que cayeron durante la dictadura. Bien les vendría mirar lo que sucede en Argentina y Francia.

Si este año continúa tan mal como empezó dependerá en gran medida de las fuerzas sociales y los movimientos populares, y de su voluntad por movilizarse sin descanso por la satisfacción de sus necesidades básicas. Por ahora lo único claro es que la clase trabajadora no es prioridad para Piñera y su gobierno empresarial.

COLABORA CON KAOS