Publicado en: 8 octubre, 2015

Chile. Lucifer y el periodista

Por Carlos Tortín

Quienes han leído la primera crónica ( Lucifer pide refugio político ), se habrán enterado que solo un periodista se atrevió a enviar su reporte de lo acontecido en la frontera húngara. Pues, necesario es comprender, que si se atrevió una vez, bien podía atreverse de nuevo. Su curiosidad periodística quedó en alerta máxima e […]

Quienes han leído la primera crónica ( Lucifer pide refugio político ), se habrán enterado que solo un periodista se atrevió a enviar su reporte de lo acontecido en la frontera húngara.

Pues, necesario es comprender, que si se atrevió una vez, bien podía atreverse de nuevo. Su curiosidad periodística quedó en alerta máxima e insatisfecha. Se sintió inmerso en el comienzo de una aventura de gran magnitud, y solitario. Ninguno de sus colegas quiso ser cómplice de un hecho improbable. Pero tampoco osaron burlarse de él, por solapada y profunda superstición.

Nuestro amigo, reportero de guerra, fogueado en su profesión desde la invasión de Afganistán, no pensó en ir al encuentro que lo esperaba. Fue un acto no reflexivo. Simplemente se vio viajando, sentado en un avión, rumbo a Bucarest. Al salir del aeropuerto encontró una fila de buses. Había uno con destino a Transilvania. Lo abordó sin mirar a ningún lado, sin dudas y sin ticket de embarque. En el avión tampoco se lo exigieron, ni hubo control de pasaporte. De equipaje sólo llevaba su bolso de reportero, con su cámara y su cuaderno de apuntes.

Desde el terminal de buses de Transilvania, caminó, con paso seguro, como si conociera el camino hacia el Castillo de Bran, donde nunca había estado, ni conocía la ciudad. De verdad nunca había estado en Rumania.

Encontró la gran puerta, de madera maciza envejecida por los siglos, abierta para él. Avanzó seguro hasta una gran salón, la Sala de Música. Satanás estaba sentado, fumando una pipa de marihuana. El periodista lo notó por la fragancia que suavemente rozó su nariz y por el aspecto relajado del anfitrión. Es de la mejor, le informa el fumador, viene de la Universidad de Utrecht, en Holanda. Los estudiantes de Biotecnología y Botánica tienen un laboratorio de hierbas exóticas, un jardín completo. Esta pasa desapercibida. De allí me aprovisiono.

El visitante, algo inquieto, no aceptó tomar asiento y se paseaba contemplando el interior. En una sala contigua había un gran fogón, sin embargo el aire se respiraba tibio. Quiso preguntar algo, pero Lucifer se le adelantó. “ Ya sé que deseas saber muchas cosas. Te daré la oportunidad. Dos preguntas te serán permitidas”.

Antes quiero contarte que esta maravilla fue construida en el siglo XIII. Y reconstruida 165 años después. El conde Drácula nunca habitó este castillo. ¿Sabías que el conde Drácula en realidad fue Vlad Tepes, también conocido como Vlad Draculea? Veo que no.

Vlad Draculea fue Príncipe de Valaquia, una provincial del sur, fronteriza con Transilvania. Nació en tiempos que su país era disputado y conquistado alternativamente por otomanos, húngaros, austríacos y germanos. Su enemigo principal fue siempre el invasor otomano. Estos lo tuvieron prisionero en su juventud y más tarde organizó su venganza.

Conquistó el Principado de Valaquia y allí gobernó a mitad del siglo XV. Fue derrocado. Tiempo después organizó un levantamiento popular, mató personalmente a quien lo había derrocado y recuperó su Principado. Fueron sus años de gloria, malvado y cruel, un verdadero genocida. Allí comenzó su fama, vigente, eternamente vigente. Finalmente los otomanos lo tomaron prisionero y lo trajeron aquí, a este castillo, al final de su existencia.

Señor…, balbuceó el periodista, no sé como llamarle. Llámame Lucifer, es mi nombre favorito. O Satanás, que me identifica con más certeza.

El periodista se sintió más seguro de sí y se atrevió a informar que ha dedicado años de trabajo recopilando antecedentes de los personajes super malvados de la historia. Tiranos, dictadores, emperadores, genocidas. “Tengo archivos desde los Faraones. La Edad Media ocupa varias páginas. Del siglo XX tengo otros tantos, incluyendo dos líderes comunistas. Soy estricto en mis investigaciones, sobretodo en las fechas”.

Vas bien encaminado, dice Satanás. Y ahora, vamos al grano. Después de este encuentro no me verás nunca más. Puedes hacer dos preguntas, ya te lo he dicho.

“A los policías de frontera húngaros, usted mencionó que el Mamo llegó el 11 de septiembre recién pasado al infierno. Revisé informes de prensa y él aparece muerto el 7 de Agosto. Llamé a dos colegas a Santiago y me confirman la fecha”.

La respuesta es simple, le dice el diablo. A su llegada lo vi nervioso, en realidad temeroso, y supe que no deseaba enfrentarse solo a su jefe. Le informé que el Coronta tenía fecha de entrada el día 11 de septiembre. Me pidió tiempo para esperarlo. Me suplicó. Lo puse en cuarentena, en una antesala del infierno. “Te sentirás como en Punta Peuco, le dije. Tienes internet con wi-fi. Pero no escaparás a tu rutina. Te iré entrenando de a poco en tu entrada en las llamas ardientes.”

“Cuando llegó el Coronta, se puso eufórico. Y los puse en presencia de los demás. Tú ya sabes lo que pasó a continuación”. Y ahora, la última pregunta, sentenció.

El periodista sacó su cámara. “Más que una pregunta, quisiera me permita realizar una sesión de fotografías, para mi archivo”. Te servirán de poco, en verdad de nada, le responde el demonio.

“No las publicaré, aunque tal vez algún día…” Ya te he dicho que de nada te servirán. Pero lo prometido es deuda. Procede, le ordenó.

El periodista, entusiasmado, hizo fotos del interior del Castillo de Bran, Satanás con gorra de ferroviario, luego con su cabellera descubierta. Fotos del fogón en la sala contigua. Avanzó hacia la entrada, o salida en este caso, hacienda fotos de la gran puerta, por dentro. En ese momento le vino al pensamiento que las puertas de entrada sirven también de salida. Le pareció extraño que antes nunca había reparado en ello. Solamente los supermercados tienen entradas y salidas separadas, para seguridad de los propietarios. En los hospitales, se cruzan en la puerta principal los que entran enfermos con los que salen sanos. En las comisarías y cárceles se cruzan los que llegan presos con los que salen libres.

Ahí estaba, de frente a la salida, de espaldas a Lucifer. Vio abrirse la puerta y sintió una presión en su espalda, una suerte de bolsa de aire que lo empujaba. Se vio en la calle y la puerta volvió a cerrarse.

Abordó un taxi, que pasaba en ese preciso momento, hasta el terminal de buses. El taxista le pregunta si es parte de la familia propietaria. El periodista responde que tenía un trabajo pendiente. “Porque esta semana el castillo está cerrado a los turistas, le informa el taxista. Las autoridades locales y los propietarios temen que los refugiados ocupen los castillos y otros edificios.”

Al momento de bajar del taxi, el chofer le informa: “son doce euros”. El periodista sintió que despertaba y ponía de nuevo los pies en la tierra. Comprendió que debía comprar un ticket antes de abordar el bus de regreso a Bucarest. Y en el aeropuerto de Bucarest compró un billete de avión con destino a Paris.

Aterrizó en Orly al anochecer. Abordó otra vez un taxi y se dirigió directamente a su apartamento. Abrió su computador, escribió eufórico el reporte más espectacular de su vida. Luego introdujo la tarjeta de su cámara fotográfica en el ordenador, descargando las fotos que nadie más en su vida hubiera imaginado tomar. Su ilusión acabó en ese momento, al ver fotos de muros y salas interiores del Castillo de Bran. Cualquier turista hubiera logrado esas fotos. La imagen de Lucifer no aparecía en ninguna. Entonces recordó la frase dicha y repetida por Satanás:

Te servirán de poco, en verdad de nada. De nada te servirán.

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