Chile. Los pobres, condenados a la prisión y a la muerte prematura: Una polémica mediatizada

El horrible asesinato de una joven mujer en manos de delincuentes, en la calle República de Santiago y, posterior mente, la tortura despiadada a una pareja de presuntos culpables del hecho – se les aplicó la “ley de la cana», que tiene más efectividad que la del Estado en las prisiones -, ha desatado una polémica aguda, cuyos partícipes visibles han sido personajes de la farándula y del deporte, destacándose la animadora Tonka Tomicic y los deportistas Marcelo Ríos y Claudio Bravo, entre otros.

Para que siga subsistiendo el 2% más rico se hace necesario llenar las cárceles de pobres o bien, esconderlos en poblaciones, donde deben permanecer encerrados en sus míseras viviendas para no morir, tal vez víctimas de una bala loca, provocada en las diarias “guerras” de carteles del narcotráfico. Para subsistir, las madres se ven obligadas a recurrir al microtráfico, que terminan poblando las cárceles de mujeres.

Según el capellán católico de Gendarmería Luis Robledo, Chile es un Estado fallido en el tratamiento del problema penitenciario: las cárceles son un infierno, donde hay  muertes  cotidianas  producto de las riñas entre reclusos y, en algunos casos, los internos son golpeados brutalmente por quienes deben velar por su seguridad, los gendarmes.

Si los derechos humanos son un chiste, incluso en los países desarrollados, en las cárceles, prácticamente, no existen y se violan sistemáticamente. En Chile, el pobre no tiene derecho a la dignidad (palabra que sólo se menciona en ocasiones especiales, por ejemplo, la visita de los Ministros de la Corte Suprema, o la famosa visita del Papa Francisco a la Cárcel de Mujeres). Decirle a los pobres que luchen por su dignidad es un sarcasmo, pues es el mismo Estado de Chile y la sociedad en general que  los condena a convertirse en la casta de los indeseables – o desechables – que hay que esconder en las cárceles.

El 90% de quienes están en las cárceles han pasado por el Servicio Nacional de Menores, SENAME, sobreviviendo al maltrato y a  la muerte a que los condena el Estado inviable de las Fundaciones colaboradoras, regentadas, en su mayoría, por militantes democratacristianos. En resumen, desde la niñez, los pobres están condenados a pasar de la guardia del SENAME, a cárceles superpobladas, donde reina el ocio, la violencia y  el caos, a causa de las nulas políticas del Estado con miras a la reinserción de quienes están pagando su deuda con la sociedad.

Hablar de sarcasmos cuando nos referimos a la dignidad de los pobres se convierte en una broma  cuando creemos que las cárceles son una instancia de reinserción, que le permite al condenado el aprendizaje o perfeccionamiento de un oficio. Para Luis Emilio Recabarren, “las cárceles eran – en 1910 – universidades del delito”, y hoy, quien cumple una condena sale como lo dice el capellán de Gendarmería, Luis Robledo, de tal manera destruido que, un 60% de ellos vuelve a las cárceles.

Maximiliano Robespierre, cuando era un joven diputado de la Asamblea Constituyente, se refería al artículo 1º  de la Declaración de los Derechos Humanos, “Los hombres nacen y permanecen iguales en derechos” sosteniendo que era una verdadera hipocresía, pues muchos de los revolucionarios franceses eran esclavistas – una negación radical de la igualdad entre los hombres-. En Chile, la igualdad ante la ley y la justicia no existe, por ejemplo, la cárcel está solamente destinada a los pobres para hacerlos invisibles y para que se pudran en ellas.

Es completamente falso que el juez condena al infractor de la ley solamente a la pérdida de la libertad: la verdad es que enviar a la cárcel a una persona desprotegida significa negarle todos sus derechos humanos, incluso, en algunos casos el más fundamental, el derecho a la vida (algunos beatos dicen defender “desde la concepción hasta la muerte”).

La tortura, cualquiera que sea su forma y el delito cometido, es inaceptable: las palabras de los deportistas Ríos y Bravo y de la animadora Tomicic demuestran el monstruoso desprecio que una parte privilegiada económicamente de la sociedad, además de muchos de los fachos pobres, yanaconas de la derecha, que aún creen que la pobreza es una condena de Dios a los pobres, por “flojos, borrachos, delincuentes y ladrones”; para estos personajes la cárcel es el hoyo donde deben podrirse, a quienes una parte de la sociedad considera como un peligro a su tranquilidad.

Chile tiene un récord de 50.000 presos, sumados a otros 50.000 prófugos, es decir,  las cáceles debieran ser pobladas por cien mil chilenos, mientras que en países civilizados, como Suecia, Noruega, Holanda, y otros, donde respetan los derechos humanos, se cierran iglesias y presidios, a causa de la escasez de fieles y delincuentes, respectivamente.

Chile empata con Estados Unidos en cuanto a la existencia de prisiones como sistema de segregación social: en el país del Norte son los negros, los latinos y, ahora, los niños; en Chile son los pobres  y marginados de la sociedad.

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