Publicado en: 23 febrero, 2019

Chile. Los peligrosos sueños de grandeza de un especulador financiero

Por Arturo Alejandro Muñoz

Esa insistencia enfermiza de Sebastián Piñera por conseguir que en América Latina le llamen ‘líder’, le hace patinar sobre su ambición y poner en grave riesgo la estabilidad de nuestro propio país, el que ya no se siente representado por él en el concierto internacional

Es innegable que una de las mayores pretensiones que mueven a Sebastián Piñera es lograr reconocimiento internacional como estadista. Ojalá convertirse en líder regional, admirado y seguido en el subcontinente sudamericano como guía y ejemplo. Casi nada… pero es lo que le motiva y anhela. Por ello actúa cual caballo desbocado para obtener tales laureles.

Le penan los ejemplos cercanos. Ricardo Lagos, Michelle Bachelet. No cuenta con la capacidad política del  ‘faraón’ ni con el carisma de quien fuera la primera mujer presidenta de la nación. Sabe, además, que difícilmente será invitado a formar parte de grupos de acción y difusión internacional del neoliberalismo junto a personajes (siniestros en verdad) como Felipe González y Carlos Slim.

Es consciente de ser un componente de pequeños círculos íntimos conformados por mandatarios tan inefables como él mismo, cual es el caso de Mauricio Macri, Peña Nieto, Álvaro Uribe  y Jair Bolsonaro.  Pero sueña ser grande, inmenso, inigualable. Sin embargo, patina en su propia ambición y se desliza casi siempre por el tobogán del ridículo y del rechazo popular.

Esa búsqueda incansable de ser reconocido como el mejor gobernante chileno de todos los tiempos (a sabiendas que no lo es ni nunca lo será), le llevan a extremos que se traslapan con el delito,  o con la traición a la patria o con el ridículo, según sea el caso.  Pero él lanza todos sus errores e ilícitos al baúl de las “piñericosas”, ya que apoyado y ayudado por la ‘prensa canalla’ (o prensa oficial) festina sus errores transformándolos en inocentes chistes que le permiten esconder  sus tropelías haciéndolas pasar por pecados veniales.

La ensoñación (soñar despierto, por ejemplo) es uno de los mecanismos psicológicos que los seres humanos usamos para combatir la frustración.  Muchos hemos cerrado los ojos soñando ser ganadores de un gran premio en los sorteos de azar, con el cual solucionaríamos gran parte de nuestros problemas. Al abrir los ojos seguimos siendo los mismos pobres de siempre, pero tal ensoñación nos dio un respiro en nuestro estado de frustración.

El problema de Piñera, en cambio, es que ensueña ser un gran líder, pero jamás abre los ojos y actúa en consecuencia como si realmente lo fuera, obligando a millones de personas a vivir las consecuencias de tal elucubración.  Lo henos presenciado infinidad de veces en los dos gobiernos del especulador financiero. ¿Cuánto no nos ha cansado este mandatario con sus ya insoportables intentos por ‘caer simpático’ y, en cambio, transformarse en un bufón en decadencia, vergonzoso y .peligroso para la estabilidad de un sistema democrático cada vez más débil?

En el caso del señor Piñera Echenique, a la incontinencia verbal ha sumado acciones propias de un bufón, pero de los malos, de los fomes que finalmente terminan siendo pifiados. Si hay un caballo, quiere montarlo; si hay un desfile militar quiere encabezarlo; si hay un bote, quiere remar; si hay una pelota quiere patear un penal; si hay un Ford ‘T’ quiere conducirlo; si hay un helicóptero, quiere pilotarlo; si hay una nalga quiere ponerle una inyección; si hay un escenario quiere ocuparlo…definitivamente es demasiado. Tanto busca cámara, que llega el momento de la saturación

Durante los 17 años de dictadura el miedo le otorgó franquicia de “patriotismo” al delito. Una vez retornado el país al sistema dizque democrático, la franquicia no fue revocada. De ahí que Chile soporte situaciones vergonzosas que hablan mal de los niveles culturales y políticos del pueblo que lo habita.

Nos acostumbramos a convivir con ladrones, nos habituamos a ser gobernados por corruptos, traidores y mentirosos, por expoliadores de los recursos naturales, por clasistas sin límites, bravucones e ignorantes. No sólo nos acostumbramos a todo ello sino, además, un significativo porcentaje de nuestra sociedad civil decide cada cierto tiempo –elecciones mediante– ser gobernado por delincuentes.

Un sabio proverbio árabe dice  que “Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego”. Hay otro tanto o más sabio: “El hombre es enemigo de lo que ignora”. Si aplicamos ambos proverbios a la realidad chilena, comprendemos lo que experimenta el país en el presente.

Perdida la capacidad de asombro, cercenada la fuerza de la solidaridad mediante el triunfo del individualismo, y asfixiada la capacidad de reacción, los chilenos ni siquiera se inmutan ante tanta maldad, corrupción y mentiras provenientes de las cofradías políticas, muy bien disfrazadas, omitidas y amañadas por la “prensa canalla” sobre la cual se sustenta el sistema.

Y Piñera, que como todo especulador conoce del tema, aprovechó la coyuntura y se alzó con la copa del ganador. Creyó que había llegado por fin el momento para coronar sus sueños… sus ensoñaciones, en realidad. No trepida en arrasar lo que se le cruce en su camino, aún si ello cae en los patios del delito común. Baste recordar que su primer gobierno (2010-2014) terminó con ocho de sus ministros imputados o investigados judicialmente por casos de corrupción, sin contar los casos de sus amigos, consejeros y/o asesores como Jovino Novoa, Carlos Délano, Carlos Eugenio Lavín, Iván Moreira, Felipe de Mussy, Pedro Sabat y Alberto Cardemil, todos igualmente imputados y procesados por corrupción. Este es el listado:

  • Santiago Valdés: ex administrador de la campaña presidencial de Piñera y ex gerente de Bancard. Formalizado e investigado por facturas falsas en el caso PENTA.
  • Pablo Longueira: senador UDI, ministro de Economía en el gobierno de Piñera. Investigado judicialmente por delito de cohecho.
  • Laurence Golborne: fue ministro de Minería. Investigado por boletas falsas, en el caso PENTA.
  • Gabriel Ruiz-Tagle: fue ministro de Deportes. Imputado por delito de colusión de precios , en el caso del cartel del Confort o papel higiénico.
  • Pablo Wagner: fue subsecretario de Minería. Imputado por cohecho, delitos tributarios y lavado de activos en el caso PENTA.
  • Pablo Galilea: subsecretario de Pesca en el gobierno de Piñera. Investigado judicialmente en el caso CORPESCA.
  • Julio Pereira: fue director del Servicio de Impuestos Internos en el gobierno de Piñera. Imputado en el caso Johnson’s.
  • Ena von Baer: fue ministro en gobierno de Piñera. Imputada en el caso PENTA.

Y ahora, en esta segunda administración, don Sebastián arremete, lanza en ristre, a lo largo y ancho del subcontinente sudamericano dispuesto a convertirse en su líder. Para ello, sin dudar un instante, borra de una plumada todo cuanto ha pontificado respecto de la no intervención y el respeto a la juridicidad internacional (que tanto lenguajeó con ocasión de la detención de Pinochet en Londres el año 1999), para conseguir alzarse como el mejor socio ideológico de los intereses políticos y económicos que el gobierno de EEUU tiene en América Latina.

Él cree que ese aliado resulta vital para alcanzar su ansiado trofeo, y por lo tanto poco le  importa si lo anterior requiere sacrificar no solamente un país sino también la soberanía y libertad de todas las naciones de la región.  Si para Enrique de Borbón “París bien valía una misa”, para Tatán, ser considerado –por fin- líder sudamericano “bien vale una Venezuela invadida, arrasada, sacrificada”.

En esta inexplicable búsqueda de transformarse en “líder regional”, con su ignorancia y egolatría Piñera se ha unido a la troupe de payasos sudamericanos cipayos de EEUU, aquellos que en el siglo pasado y en parte del actual, conformaron –entre otros- personajes como Bucaram, Collor de Melo, Menem, Uribe, Alan García y Fujimori.

Además, y esto es una cuestión que ha comenzado a preocupar seriamente incluso a dirigentes de su propia coalición-, las últimas estupideces, mentiras y graves torpezas políticas cometidas por don Sebastián están demostrando que el síndrome de Tourette, mezclado con egocentrismo y mitomanía, podría no ser inofensivo.

En esas manos estamos.

 

COLABORA CON KAOS