Publicado en: 30 septiembre, 2018

Chile. Lenguaje populista, accionar totalitario y predador: Piñera y los suyos

Por Arturo Alejandro Muñoz

“Dirigir el Estado desde el Gobierno para destrozar el Estado y convertir el país en un negocio, en beneficio propio y de intereses foráneos personal”

“¡¡Ganamos!!”… ese fue el estentóreo grito que lanzó Sebastián Piñera en una de las salas de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos de Norteamérica,  la tarde del día martes once de septiembre de 1973, y que sus compañeros de estudios recuerdan claramente. Durante los siguientes diecisiete años que la dictadura cívico-militar descuartizó al país, Piñera hizo mutis por el foro y jamás emitió queja alguna por los graves atentados a los derechos humanos, las torturas, asesinatos y desapariciones forzadas que las siniestras DINA y CNI ejecutaban a diario.

Coronando lo anterior, y cuando la democracia había retornado al país,  nuestro actual mandatario apareció en las pantallas de la televisión chilena en 1998 criticando al juez español Baltasar Garzón y a los tribunales de Inglaterra, quienes mantenían en proceso judicial a Augusto Pinochet en Londres. Resulta imposible, entonces, presumir que don Sebastián haya sido alguna vez realmente defensor del sistema democrático y adversario de los totalitarismos y dictaduras. Tanto su pasado como sus palabras lo condenan.

Confiando ciegamente en su verborrea, Piñera sigue apostando a obnubilar a la gente con múltiples promesas respecto de cuestiones que sabe sobradamente cuán ímprobas son de lograr, y aprovechando ese lapso de tiempo en el cual millones de chilenos muestran ingenua satisfacción por lo prometido, apura el tranco para avanzar en asuntos que sí le interesaban y que satisfacen el inagotable apetito económico de sus empresarios amigos.

En ese vagón, donde Piñera transporta su verdadera personalidad y pensamiento, viajan también los ‘gustitos personales’ que en su calidad de primer mandatario expresa ante la comunidad mundial, incluyendo aquellos que van más allá de una simple “gaffe”, ‘patinazo’ o ‘error’, ya que caen abiertamente en insultos a la propia nacionalidad, al país y al pueblo que se supone debe representar.

Lo acaecido en su última visita a Estados Unidos de Norteamérica, tanto en su discurso ante la asamblea general de la ONU como en su visita al presidente norteamericano en la Casa Blanca, confirma lo dicho. En la ONU el presidente chileno habló con cierto desparpajo respecto del “cuidado del medio ambiente” (de su gobierno, por supuesto), lo que no se condice cn la acción misma de su administración en el desastre ambiental producido en la zona costera de la región de Valparaíso que la prensa internacional ha bautizado como “el Chernóbil chileno de Quintero y Puchuncaví”, lo cual se acompaña con la renuncia oficial a participar en el Acuerdo de Escozú (Acuerdo Regional sobre la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en Latinoamérica), a la vez que de manera casi coetánea el Servicio de Evaluación Ambiental aprobó continuar con las operaciones  y tronaduras en la mina de carbón (“Invierno”) ubicada en la Isla Riesco.

Además, el fracasado ‘juego de banderas’ realizado por Piñera en el Salón Oval junto a Donald Trump, le pasó la cuenta a tal grado que en Chile ya hay quienes sospechan que un trastorno mental viene aquejando al mandatario desde hace varios años. Otros, afirman que él y su grupo de mega empresarios amigos decidieron esta vez dirigir el Estado desde el gobierno, para destrozar el Estado y convertir al país en un negocio en beneficio propio y de intereses foráneos. A quienes así piensan, las cifras, los datos duros y la realidad concreta parece darles la razón.

Es por ello que a pocos chilenos asombra ya el accionar corrupto y cínico de algunos ministros que forman parte del gabinete nominado por Sebastián Piñera, quienes, como buenos discípulos de su propio jefe, no han tenido rubor al momento de ejecutar acciones que en países dueños de un mejor sistema judicial y político serían acreedores de penas drásticas, las que en muchos casos terminarían llevando los huesos de esos implicados a una cárcel.

¿Ejemplos de lo dicho? Veamos algunos.  El actual ministro de Hacienda,  Felipe Larraín, tiene un patrimonio de más de 6 mil millones de pesos, pero gestionó y consiguió 20 millones de dólares (12 mil millones de pesos) entregados por CORFO para desarrollar su ‘emprendimiento’. Larraín fue parte de la creación de una estructura de sociedades, donde el cuantioso monto recibido del ente estatal como crédito (destinados a proyectos de innovación para Pymes), fue usado para comprar 10 colegios particulares y subvencionados.

“Fue un emprendimiento”, se defendió el ministro. El diputado Giorgio Jackson atacó directo al cuello del jefe de la cartera de Hacienda escribiendo en su cuenta de twitter: “Respuesta muy insuficiente. Habiendo tantas PYMES que buscan financiamiento y no lo logran, no parece razonable que quienes tienen alto patrimonio se adjudiquen fondos escasos de CORFO. Menos para comprar colegios quebrados a través de una cascada, que de innovación poco o nada tiene”.

Recordemos que este es el mismo ministro que había viajado, con dineros fiscales, a un encuentro de ex alumnos en la Universidad de Harvard, dinero que se vio obligado a reponer en las arcas fiscales gracias a que en las redes sociales prácticamente lo desollaron vivo. No olvidar tampoco que es el mismo ministro que llamaba a los chilenos a “ser cautos y ahorrativos”, porque las platas del estado eran insuficientes. Predicaba moral con la bragueta abierta. Pero, ahí está, gozando de buena salud pública.

Otro ministro, el de Economía, José Ramón Valente, en el mes de julio aseguró que era sano económicamente trasladar inversiones de Chile al extranjero, contraviniendo absolutamente el rol que debía jugar en la cartera mencionada, ya que en ella su responsabilidad, entre otras, es “atraer inversiones del extranjero”. El mundo al revés. No se detienen allí las andanzas de este ministro, pues algunos años antes de esas declaraciones había usado el mismo tipo de fondos fiscales a los que recurrió Larraín, pero en este caso Valente usó las platas para participar en la compra de la Universidad Santo Tomás, la cual tiene como principal objetivo el lucro, y no posee nada, pero nada, de “innovación”, y menos aún de Pyme.

La lucrativa “pasada” del ministro José Ramón Valente con fondos Corfo en la venta y compra de esa universidad tiene una cifra: dos mil millones de pesos. No hubo sumario ni sanción. ¿Qué no es este  el ministro encargado de eliminar la corrupta ‘ley de pesca’, o ‘ley Longueira’? Y ahí está, al igual que Larraín, gozando de magnífica salud pública.

Lo relatado no es todo lo que hay. La crisis en Quintero-Puchuncaví, el rechazo a suscribir el Acuerdo de Escazú y la aprobación del uso de tronaduras en la Mina Invierno en Isla Riesco, tienen contra las cuerdas a la gestión ambiental del gobierno de Sebastián Piñera y a su principal cara visible, la ministra Carolina Schmidt. Es más, en el bufete que representa a la mina Invierno perteneciente a los grupos Angelini y Von Appen,  trabaja el hermano de la ministra –Rodrigo Schmidt Zaldívar-  junto a un ex subsecretario del Medio Ambiente y a un ex director regional del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) de la región de O’Higgins (Edesio Carrasco).

Por otra parte, uno de los posibles responsables de los graves daños medioambientales provocados a la población de Quintero y Puchuncaví, es la empresa OXIQUIM, por lo que dos diputados, Daniel Verdessi y Diego Ibáñez, han presentado una solicitud de investigación en la Contraloría General de la República por posibles contravenciones al principio de probidad, ya que el presidente del directorio de OXIQUIM, don Fernando Barros Tocornal, es amigos personal del presidente Piñera, y ha sido socio  durante 20 años de Gonzalo Medina, esposo de la ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt.

La ministra no encontró nada mejor para defenderse que sacar su pañuelo y enjugar lágrimas acusando a sus detractores –es la lectura obvia de sus palabras- por “atacarla por ser mujer” escribiendo  en su cuenta twitter que <<Lamento el intento de algunos por levantar falsos conflictos de interés en mi contra que no tienen que ver con mi capacidad profesional sino solo por mi condición de Mujer, señora  de, hermana de…>>

La ministra  parece apuntar a que no existen los conflictos de interés si se es mujer (¿?). No, pues, ministra… justamente eso es “conflicto de interés”. Además, si usted entró al juego de la política debe entender que en ella no hay géneros (masculino, femenino), ya que sea cual sea este, tendrá que aceptar la crítica, las controversias y la aplicación de justicia. No espere recibir solamente halagos por el hecho de “ser mujer”.  En política eso no cuenta. Y si lo duda, recuerde cuán duro le pegaron los partidos  RN y UDI a Michelle Bachelet durante el gobierno de la actual funcionaria ONU, sin importarles el género de la mandataria.

En resumen, el nivel de corrupción del actual gobierno supera lo imaginable. En algunos asuntos la corrupción es superada por acciones que bordean derechamente la traición a a patria… pero nada les importa a quienes debería importarles. Los otros dos poderes del estado parecen estar también subsumidos en las bondades del aceite fenicio que emana de las arcas de mega empresarios que han puesto sus fichas en esta administración con el objeto de dirigir un gobierno que destroce el Estado para suplantarlo por las férulas del mundo empresarial privado… ya se dijo… y pareciera que hacia allá apuntan los dardos de Piñera y los suyos.

Sin embargo, ya saben que verborrea y promesas al montón no son suficientes para seguir manteniendo obnubilado a un país que tiene clara conciencia de las corruptelas, delitos y mentiras que son pan de cada día en el gobierno de los “tiempos mejores”.

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