Publicado en: 29 julio, 2018

Chile. La ultra derecha quiere ahora todo el poder, todo el país (y no le importa cómo lograrlo)

Por Arturo Alejandro Muñoz

Lo intentó entre 1970 y 1973 con el Frente Nacionalista Patria y Libertad. Hoy vuelve a las andadas con grupúsculos auto denominados ‘nacionalistas’ que de criollos nada tienen, pero sí poseen mucho de clasistas, talibanes del neoliberalismo y furibundos anti latinoamericanistas

Ya es un hecho indesmentible. Las exiguas fuerzas ultra nacionalistas (deslindando con el fascismo), han logrado imponer sus términos en el nuevo gobierno y manejan la agenda del presidente Piñera, el cual aún no dimensiona en su total extensión tamaña locura, pues resulta  probable que los fascistas y neonazis que dicen tenerle en un altar sean finalmente quienes le caven la tumba política. En ese tránsito, desgraciadamente, el país podría vivir de nuevo una época oscura y dolorosa.

Los hechos hablan por sí mismos y no ameritan siquiera explicaciones para hacerlos entendibles. En las últimas semanas han sido demasiados los eventos provocados por grupos nacionalistas en orden a desestibar movimientos sociales a través de la agresión verbal y física. Bajo el amparo de una administración derechista –aunque en materias ideológicas el primer mandatario tiene innegables tintes democristianos- los mentados grupos han decidido no sólo salir a las calles sino, también, a provocar abiertamente en las redes sociales a quienes no piensan como ellos, procurando quizás enardecer los ánimos a niveles peligrosos.

No se trata de un fenómeno que podamos calificar de novedoso en Chile, ya que hace más de cuatro décadas le antecedió quien dio el puntapié inicial a la marcha del fascismo-nacionalista-neoliberal que trata de regresar hoy en gloria y majestad. Si usted tiene más de cincuenta calendarios de vida, deberá recordarlo.

El FNPL (Frente Nacionalista Patria y Libertad) comenzó a operar ‘públicamente’ en septiembre de 1970 bajo la conducción del abogado ultra derechista Pablo Rodríguez Grez. Dos meses más tarde, en noviembre, el abogado Rodríguez Grez asesoraba legalmente a los asesinos que escapaba raudo hacia Paraguay solicitándole asilo político al dictador Alfredo Stroessner, pues habían atentado contra el general René Schneider, quien falleció horas después en el Hospital Militar producto de las heridas a bala recibidas a quemarropa.  Todo ello en nombre de un Estado anticomunista y anticapitalista (sic), autoritario y fuerte, según rezaba la declaración de principios de ese movimiento que se auto destruyó a las 72 horas del golpe de estado militar de 1973, dando “por cumplida” su tarea ideológica.

Hoy, cuarenta años después, otro movimiento de factura similar hace su aparición en la escena nacional. Es el llamado “Movimiento Social Patriota”, hijo bastardo del nacionalsocialismo alemán y vástago inconfundible del antiguo grupo liderado por Pablo Rodríguez Grez, con una innegable atracción hacia quien funge hoy como ícono del nacionalismo criollo: José Antonio Kast.

No deja de sorprender (o de llamar la atención) que muchos de sus principales representantes sean descendientes de familias que llegaron a nuestro país huyendo del hambre, la pobreza y/o la persecución en sus propios terruños europeos. Tienen apellidos como Kast, Kunstmann, Stock, Contesse… y levantan banderas contra inmigrantes reclamando derechos solo para chilenos (¿?).  Son tan “nacionalistas” que en tuiter usan seudónimos extranjerizantes, por ejemplo, ‘Patriotic Knigth’ (sic)…y lo traducen como Caballero Patriótico, pero ni siquiera aciertan con el inglés, ya que escriben KNIGTH, que casi no tiene traducción al castellano, en lugar del correcto KNIGHT, que significa ‘caballero’. Fanáticos, incultos y, además, yanaconas de países de habla inglesa. ¿Nacionalistas?

Ese mismo movimiento (Social Patriota) publicó en Twitter su reconocimiento como autores del ataque a las mujeres que marchaban pacíficamente a favor del aborto libre, el cual terminó con el cobarde ataque a cuchillazos contra tres mujeres, cuyos autores –de identidad desconocida hasta este momento- siguen en una clandestina impunidad. <<Los ‘Social Patriotas’ nos hacemos cargo de la protesta contra el aborto de calle alameda !! Contra las asesinas radicales, patriotas radicales !!>>, así rezaba el tuit mencionado, reeditado en su propia cuenta por uno de los principales representantes de ese movimiento, Pablo Kuntsmann.

No debe quedar sin mención otro hecho relevante, explicitado por algunas de las mujeres que estuvieron presentes cuando se produjeron esos lamentables hechos. “El ataque fue hacia todas las manifestantes (…) Carabineros estaba ahí y actuó pasivamente, fueron negligentes”. Gravísima acusación que Carabineros no ha desmentido.

El ministerio del interior sabía de la existencia y afanes de este grupo ultra nacionalista que amenazaba a inmigrantes; esa cartera ministerial contaba con muchas denuncias al respecto, sin embargo no las consideró importantes y guardó ominosa pasividad. ¿Por qué? ¿Porque  los denunciados eran partidarios del gobierno?  A la actual administración le resultará difícil negar que hechos como el relatado también obedecen, en alguna medida, al incentivo provocado por opiniones de quien se ha esmerado en liderar el ultra derechismo, José Antonio Kast,  a la vez que la prensa oficial se encarga de publicarlas destacadamente.

La peor cara de la derecha, la de aroma a sangre y alma negra, la déspota y canalla, decidió salir a la calle para amenazar y atacar a quienes no están de acuerdo con sus ideales. El gobierno nada dice, nada hace… no se opone. Simplemente calla y otorga. ¿Qué más desea –que ya no tenga- ese sector de la política chilena?

La derecha es propietaria sin oposición de la prensa, la salud, la educación, la economía, la banca, el comercio nacional e internacional, la legislatura, el agro, la tarea fabril, los bosques, el mar, las pesqueras, los minerales, las sanitarias, las carreteras, el transporte,  los puertos, los clubes deportivos profesionales,  las fuerzas armadas, la justicia, la policía, la previsión social, el tribunal constitucional, las iglesias, los cementerios, los bosques, las islas, los glaciares, los ríos y lagos… ¡pero, no está satisfecha! ¡Quiere más!

¿Y cuál es ese ‘más’ que la derecha desea? ¡Ser dueña absoluta y única de la verdad!  Obviamente, de SU verdad, la cual intenta consolidar como exclusiva, sin oposición ni críticas. Lo que desea es, entonces, simple y claro, el poder total, omnímodo y ‘divino’, ojalá hereditario. Para que ese objetivo sea logrado, el gobierno derechista hace mutis por el foro ante el accionar clasista, violento y artero de grupúsculos como la mencionada montonera dirigida por “nacionalistas” tan criollos como Kast, Kuntsmann y Stock.

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