Chile. La revolución de octubre. Las causas (III)

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NOTA IMPORTANTE

Este es el tercer documento de un trabajo en el que hemos intentado analizar los aspectos teóricos que, a nuestro juicio, gravitan en torno a la gran protesta de 18 de octubre pasado en Chile. Era nuestro deseo dar a conocer una visión un tanto diferente a la que usualmente se formula cuando suceden estos hechos. Por tal motivo, entregamos, en el primero de ellos, un análisis de lo que, en esos momentos, nos parecía crucial (sus orígenes) y destacar el rol trascendental que jugó la juventud en el desencadenamiento de la protesta. En el segundo, quisimos referirnos a su esencia que, para nosotros, se encuadra en un paradigma nuevo que pareciera estar imponiéndose en el mundo (el biológico), sustituyendo al actualmente vigente (el económico). En el presente hemos querido abordar el tema de las causas, sin profundizar en cada una de ellas sino intentando dar una visión más general adaptada a aquella que diéramos a conocer en los anteriores documentos, para concluir en la visión de un ser humano diferente, representado en la juventud actual.

LA TEORÍA DE LAS CAUSAS

Uno de los primeros hechos que llama la atención cuando se trata de analizar las posibles causas de un fenómeno —cualquiera que sea—, es su extraordinaria multiplicidad. Con mayor razón, tratándose de un movimiento social. Por eso, en nuestro primer documento relativo al estallido social de 18 de octubre, afirmábamos lo siguiente:

“Un cambio social, un acontecimiento generado por un movimiento social, no tiene una causa. Por lo mismo, es inútil buscársela pues, en primer lugar, aquella no es una sino son muchas, innumerables, múltiples y, en segundo lugar, extremadamente variadas”.

Y citábamos a tal efecto a Francesco Alberoni quien, en un sentido similar, indicaba

“En este tipo de fenómenos es impropio hablar de causas. Se trata más bien de determinar las condiciones del sistema social que hacen más probable su manifestación, las pre-condiciones de su aparición”.

Porque constituye una liviandad sin precedentes aseverar que un suceso es provocado por ‘una’ causa; por el contrario, en su manifestación se da la concurrencia de numerosos factores que pueden ser estimados como ‘causas’ suyas. No es casualidad que esa circunstancia haya dado origen a una verdadera ‘teoría de las causas’, especialmente en el ámbito del derecho que es donde se requiere, con mayor propiedad, un método al respecto. Nosotros volveremos al pasado para reencontrarnos con el pensador griego Aristóteles.

LAS CAUSAS EN ARISTÓTELES

En realidad, el primer estudioso que esbozó una teoría respecto a las causas fue Aristóteles quien, observando los fenómenos de la naturaleza, advirtió la extrema variedad de aquellas, circunstancia que lo impulsó a agruparlas y clasificarlas, finalmente, en cuatro que parecían resumir con mayor propiedad su naturaleza. La clasificación del estagirita se orientó a distinguir, en primer lugar, de qué estaban compuestos tales fenómenos (material), en segundo lugar, cómo se manifestaban (formal), en tercero, qué los provocaba (eficiente) y, por último, cuál era su objetivo (final). Por eso, cuando se trata hoy de explicar la teoría aristotélica de las causas se recurre al ejemplo de una estatua en donde su causa material lo constituye la substancia que sirvió para construirla, su causa formal es lo que se quiere representar con ella, su figura, los contornos suyos, en tanto su causa eficiente es el por qué pudo producirse, el factor que posibilitó su concreción, y la causa final el objetivo propuesto para realizarla. Estas cuatro causas se reproducen en la generalidad de los fenómenos que ocurren en la naturaleza.

A nosotros, para explicar con mayor propiedad lo que nos parece pudo haber sucedido con la revolución (chilena) de octubre, nos ha parecido más apropiado recurrir a la teoría de las causas que construyera el estagirita, por lo que, para los efectos didácticos, emplearemos tal clasificación dividiendo  las causas en la forma indicada, es  decir, material, formal, eficiente y final. Las trataremos en ese mismo orden.

1. CAUSA MATERIAL DEL ESTALLIDO SOCIAL

En la teoría aristotélica, la causa material de la protesta debería ser el elemento que ha servido para generarla, y ese no es otro que individuos, personas, manifestantes unidos por un sinfín de motivos o intereses que, si bien no pueden ni deben considerarse comunes a todos, han podido, sorprendentemente, incitarlos a reunirse, a actuar colectivamente para enfrentar en forma conjunta a quien sindican como responsable de lo que les sucede. El  adversario pasa a ser, de ese modo, un sujeto común a todos; se llama ‘Gobierno’, aunque no se le indique por ese nombre. Tal cual ya lo señaláramos en nuestros trabajos anteriores, los une la alegría de estar seguros de resolver en esa comunión sus problemas comunes. No por algo están felices, no por otra cosa los embarga un estado de euforia que los impele a avanzar por la senda que, estiman, los llevará al triunfo; no por algo los invade el gozo de dejar atrás esa ‘normalidad’ en que vivían y que aborrecían, y que ahora les parece tan lejana.  Es una ciudadanía, un vasto conjunto de personas que se conciertan y unen para reclamar por sus derechos amagados. Saben que sus intereses son distintos porque distintos son todos ellos, saben que sus intereses no son comunes pero la camaradería que los une, hace que pasen a ser de todos y se expresen en una multitud de peticiones que, curiosamente, termina siendo un documento único, proclamación de derechos comunes no dirigido a autoridad alguna sino como tarea común a realizar por todos ellos. Es lo que quieren obtener, porque son manifestaciones de anhelos, enumeración de deseos, conquistas sociales que esperarían tener.

Junto a aquellas, hay  denuncias que versan sobre las injusticias que sufren, denuncias sobre los atropellos que han sufrido de parte de las fuerzas policiales. Esas son sus ‘causas’, las razones por las que se unen para manifestar su sentir. Enumerarlas constituye, en sí, una tarea enorme porque se trata de una acumulación sistemática de circunstancias en el transcurso del tiempo que encuentra explicación lógica en la frase ‘No son 30 pesos sino 30 años’, en una clara alusión al hecho que no se trataba solamente de protestar por el alza de la tarifa del ferrocarril metropolitano sino por motivos aún mayores. En este mismo sentido se pronuncian otros autores:

“Desde el punto de vista psicológico, sabemos que el malestar acumulado percibido por la inmensa mayoría de los chilenos no tiene una causa única, y de ahí la complejidad para abordarlo desde las ciencias sociales y de la salud”.

Entre estas ‘causas’, ya determinadas e individualizadas, pueden señalarse, por vía meramente ejemplificativa,

“[…] la creciente privatización de nuestros recursos naturales (políticas públicas que fomentan el extractivisimo desmesurado del agua, la madera, el cobre y el litio, entre otros) y servicios básicos (gas, electricidad, carreteras, salud, transporte público, etc.)”.

Pero no es lo único. Le siguen otras, a saber,

“[…] los múltiples casos de corrupción (Penta, SQM, «Milicogate», «Pacogate», etc.) y colusión (del confort, de las farmacias, de los pollos, etc.) en las que se obtienen «acuerdos judiciales» convenientes para los imputados”.

Luego, han de considerarse ciertas aspiraciones como la organización de una Asamblea Constituyente, el alza de las pensiones y término de las AFP, mejoras en la salud y supresión de las ISAPRES, establecimiento del sueldo mínimo ético no inferior a 500 mil pesos, rebaja de los sueldos de los parlamentarios y de las autoridades políticas, rebaja de los sueldos de los dueños del capital, cárcel para los corruptos, cárcel para los que han incurrido en actos violatorios de los derechos humanos, nacionalización de las riquezas básicas (agua, cobre, litio, entre otras), limitaciones al ejercicio de las finanzas, renuncia del presidente de la República y de todos sus ministros, renuncia de los jefes policiales, renuncia de gran parte del parlamento, etc. En la historia de la democracia post dictatorial poco es lo que se puede salvar del juicio a sus protagonistas. Hay, por ende un cansancio en contra de todo lo que dice relación con lo que se ha dado en denominar ‘élite política’ —que resultó tremendamente aplicada en aprender de los desfalcos de la dictadura y transformarlos en su modo de vida—, a la manera que lo siguieron haciendo todas las instituciones de la República. Salvo algunas pequeñas exacciones irregulares, hasta el momento en que se escriben estas palabras  se salvan del juicio histórico la Policía de Investigaciones PDI y el Cuerpo de Bomberos. El resto se ha visto involucrado en todo tipo de acciones ilícitas e inmorales tanto por parte de sus autoridades como de quienes actúan bajo sus órdenes. La desconfianza en la ‘élite política’ que gobierna el país es manifiesta y se expresa en la frase ‘Que se vayan todos’.

La causa material de un fenómeno social es el conjunto de todas las aspiraciones por la solución de las necesidades que los urgen; en suma, lo que usualmente se denomina ‘causa’. Sin embargo, en ese conjunto no está todo. Es solamente un aspecto de la problemática que los une; hay otros aspectos tanto o más importantes que han incidido en la gestación de un estallido social.

2. CAUSA FORMAL DEL ESTALLIDO SOCIAL

La causa formal, es la figura, el modelo que adopta el estallido social en demanda de sus aspiraciones y que, hasta el momento en que se escriben estas líneas, se ha manifestado en un conjunto de movilizaciones sociales donde destacan las formas tradicionales que son la marcha y la concentración, incluida la concentración para marchar; que es una forma mixta, agregándose a esas, la protesta que se traduce en  el caceroleo o manifestación ruidosa en los lugares donde residen los manifestantes y en principios rudimentarios de organización territorial. Es una forma no exenta del uso de la fuerza, de la manifestación de la rabia y del rencor en donde el deseo de la destrucción y del saqueo desempeña un rol importante. Ya lo hemos dicho en nuestros documentos anteriores: también la satisfacción del rencor ocasiona placer. Esto no es una afirmación gratuita.

“[…] la transformación social produce desorden. El comportamiento de los individuos aislados se refugia en las normas consuetudinarias. Aparecen otras posibilidades de acciones en tanto las antiguas caen en el descrédito. Con todo, esto se produce de hecho, sin que el sistema socio-cultural se reestructure en su complejo”.

Dejemos, sin embargo, establecido aquí que esta forma de realizar la protesta social no es la misma empleada en 1983, año en el cual los manifestantes se apoderaban y se hacían dueños de los territorios en donde vivían, colocando barricadas para impedir que las fuerzas policiales ingresaran a esos lugares, y designaban a sus propias autoridades locales con líderes territoriales que jamás actuaban por sí sino previa consulta a las bases. En la protesta iniciada el 18 de octubre pasado se emplea la concentración aunque en forma de marcha de un lugar a otro y en encuentros masivos en determinados lugares como lo es la Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia). Sin embargo, la concentración y la marcha en la protesta del 2019 tienen una característica que la hacen diferir de las anteriores. En 1983, la marcha y la concentración tenían líderes designados que no solamente convocaban a su realización sino tomaban la palabra y hablaban desde el podio a los allí reunidos; esta forma ha sido superada: en las actuales marchas y concentraciones no hay oradores designados ni personas que levanten la voz para hablarle al ‘pueblo reunido’; tampoco convocantes que se disputen el derecho a ‘reunir al pueblo’. Nada de eso: hay manifestantes que bailan, conversan, gritan, agitan banderas, niños jugando, madres que pasean a sus bebés, ancianos que marchan reclamando por mejores pensiones o por una solución a sus problemas de salud. No hay discursos ni alocuciones. Hay un ‘estado naciente’ que se manifiesta y propaga. Ninguna de estas movilizaciones ha contado con la anuencia de autoridad alguna: la población misma se convoca y autoconcede (sola) el permiso para reunirse y actuar. No hay autoridad a la que se recurra por parte de los manifestantes; nadie la necesita.

3. CAUSA EFICIENTE DEL ESTALLIDO SOCIAL

Llegamos, así, a determinar la causa eficiente del estallido social que es, en suma, aquello que lo mueve o provoca, el factor que lo ha hecho posible. En otras palabras, el agente que ha conseguido unir a todas aquellas personas o, lo que es igual, el elemento aglutinador que ha permitido hacer comunes todas aquellas peticiones, antes individuales, específicas, singulares y, consecuentemente, aisladas entre sí. En suma, el factor de unidad, el atractor.

A nuestro entender la causa eficiente de la protesta que se iniciara el 18 de octubre pasado ha de encontrarse en el espectacular desarrollo experimentado por las fuerzas productivas en estos últimos años. En otras palabras, afirmamos aquí que ha sido el avance de la tecnología lo que ha hecho posible el exitoso movimiento que hoy día conmueve a Chile y hace fijar los ojos del mundo en esta nación.

En efecto, el desarrollo de las fuerzas productivas (o tecnología) ha impulsado la creación de nuevos y sucesivos instrumentos de trabajo que están provocando cambios espectaculares en el ser humano. Porque el ser humano cambia y transforma la naturaleza, pero en esa acción cambia y se transforma él mismo.

La información y, consecuentemente, las comunicaciones han experimentado un desarrollo sin parangones,  especialmente con la propagación del teléfono móvil o celular que ha permitido la creación de redes sociales a través de la cual se relacionan las personas y conciertan su actuar. A diferencia de las protestas de 1983, donde se actuaba a través de las radioemisoras permitidas, de las revistas que circulaban y de la propia prensa popular, hoy en día todo eso está superado por el desarrollo tecnológico. La tecnología permite el despegue increíble de la comunicación al extremo que hoy es imposible ocultar los hechos y las palabras, las imágenes vuelan de una parte del planeta a otra, se sabe de la injusticia, de las desigualdades, de la corrupción, de las arbitrariedades. Todo se conoce; al menos, todo lo concerniente a la contingencia. Se puede filmar y fotografiar hechos y probar, de esa manera, las acusaciones y denuncias que se formulan en contra de determinadas autoridades o personas. La comunidad y, particularmente la juventud, se ha empoderado gracias a la tecnología. Cuando veíamos a los jóvenes preocupados solamente de manipular sus aparatos celulares, absortos en lo que suponíamos ‘enajenación’, no imaginábamos el salto prodigioso que estaban experimentando sus mentes. La información corría entre ellos, fluía y se propagaba con la celeridad de las ondas electrónicas y los empoderaban nutriéndolos de hechos que suponíamos ignoraban. Y no era así. Maduraban. Crecían. Se hacían sujetos sociales que reclamarían su lugar en la sociedad.

Retrocedamos: en la teoría social, el modo de producción capitalista (MPK) es un conjunto que forman las fuerzas productivas (FP) y las relaciones de producción (RP). Las FP corresponden a lo que usualmente se conoce bajo el nombre de ‘tecnología’ (que incluye a las ‘ciencias’:) es un conjunto de elementos esencialmente activos, en perpetuo desarrollo. Las FP son dinámicas, poseen un ‘perpetuum mobile’, es imposible detenerlas porque están insertas en la propia naturaleza del ser humano. Al contrario, las RP (relaciones que establecen los seres humanos con motivo de la producción) son elementos esencialmente conservadores, tienden a permanecer en el estado en que se encuentran y, si evolucionan, lo hacen siempre a la zaga de los acontecimientos. Se puede hacer una metáfora que describa su estructura de manera didáctica: imaginemos a las RP como un cauce en cuyo interior corren las FP como si se tratara de un río cuyo caudal crece y crece. Al final, las FP terminan sobrepasando el cauce (RP) que las conduce, obligándolo a abrirse para dar paso a su curso impetuoso. La no correspondencia entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción abre una época de revolución social que inaugura un nuevo período para la comunidad que la experimenta.

El teléfono móvil no es el único instrumento de trabajo que ha aportado la tecnología para la emergencia de una nueva forma de protestar y  que ha cobrado importancia en los hechos que conmueven a Chile desde el 18 de octubre pasado. La prensa ha ocupado los drones para sobrevolar las protestas, observarlas y calcular la magnitud de las mismas; también la policía lo ha hecho pero para los efectos de la vigilancia. Sin embargo, sus resultados han sido discutibles pues uno de aquellos aparatos fue derribado por la interferencia de otro instrumento tecnológico (los ‘lápices laser’) pudo provocar en la señal que lo guiaba. Ese mismo instrumento de trabajo (rayo láser) ha permitido a los jóvenes encandilar la vista de los pilotos de los helicópteros y entorpecer sus maniobras al extremo de hacerlos desistir de su vigilancia.  Han servido, igualmente, para que los manifestantes alumbren los ojos de los conductores de los vehículos policiales que llegan esparcir bombas lacrimógenas o gases pimienta entre quienes protestan sin mediar provocación alguna. El día 9 del presente, el uso de los rayos láser permitió la quema de dos ‘zorrillos’ en la Alameda  casi esquina Plaza Italia. Pero los movimientos populares, igualmente, han utilizado los drones para prever la llegada de las fuerzas represivas.

4. CAUSA FINAL DEL ESTALLIDO SOCIAL

Así, pues, llegamos a la última de las causas que elaborara el estagirita. Se trata, nada menos, que de la causa final del estallido social de 18 de octubre de 2019 o qué se ha pretendido con esta movilización.

En términos generales, puede asegurarse que, en la mente de los manifestantes, existe un común denominador que hace de la causa final un cambio social, un cambio aún no definido pero que campea en la cabeza de los insurrectos. Una idea que puede corresponder a esa idea ‘abortada’, a esa idea oculta, no expresada, que Mathiesen llamaba ‘det  ofullgånga’. En suma, algo que aún no se hace presente con la claridad que se podría esperar. Y es natural que así sea, pues tal circunstancia es corolario de toda explosión social donde la expresión político/partidaria está ausente. Por lo mismo, no es posible determinar aún su exacta finalidad. Por tanto, se trata de algo que está por verse. Y de algo que va a depender del desarrollo mismo de cada manifestación, de las conversaciones entre las personas, de las redes sociales que se van organizando, de la formación de asambleas territoriales (no cabildos) que pueden derivar en una nueva forma de organización social.

Lo que sí está claro es que un eventual retorno a la antigua ‘normalidad’ en la que todos vivíamos ya no es posible y  se expresa en la frase ‘Chile cambió’. Hay un anhelo de cambios que va más allá de cualquier simple opinión.

UNA REVOLUCIÓN PLANETARIA

Por eso, lo que sucede en Chile no ha de considerarse como ‘algo único’. Estimarlo así constituiría un error de proporciones. Implicaría desconocer todo lo que ya hemos esbozado en el desarrollo de esta tesis. Chile cambió. Y no es la ‘única’ nación que experimenta semejantes cambios sino estos abarcan un conjunto todavía mayor. Porque los cambios tecnológicos no son privativos de nación alguna toda vez que el comercio está globalizado. En consecuencia, las explosiones sociales sobrepasan las barreras nacionales y hacen creer a no pocos que abarcan a toda una región.

“La noticia de que el presidente de Bolivia, Evo Morales, dimitió en medio de un escándalo de fraude electoral pone de relieve una lamentable realidad sobre América del Sur. Si bien es cierto que el continente ha hecho importantes progresos económicos en los últimos años, sigue viéndose afectado por frecuentes disturbios políticos y civiles”.

Los disturbios no son privativos de las economías pobres. Ni tal fenómeno es meramente regional. Estamos en presencia de un fenómeno planetario ocasionado, como lo hemos señalado, por el desarrollo tecnológico de estos últimos años, lo cual explica que en numerosas regiones del planeta se de este tipo de explosiones sociales como una ‘coincidencia’, que Manuel Castells, explica diciendo que

“[…] la especie humana se mentaliza de alguna manera […]”

La especie humana no se ‘mentaliza’ para actuar así. Hay causas directas y materiales que pueden explicar con creces lo que está sucediendo. Tampoco es la desigualdad social, como parecen entenderlo otros investigadores.

“Las protestas obligaron a los líderes de Líbano y Argelia a renunciar, derrocaron al régimen en Sudán y llevaron al gobierno de Iraq al borde del colapso. «No creo que podamos publicar una historia general de desigualdad» para explicarlos a todos, dice Milanovic, autor más reciente de «Capitalism, Alone» y profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York”.

El problema es que tampoco la desigualdad explica lo que sucede pues esta ha devenido en un problema en vías de superación en algunos países de oriente, como se señala respecto a Argelia:

“Argelia, por ejemplo, se encuentra entre los países más igualitarios, a juzgar por los últimos números del Banco Mundial. Aún así, los argelinos han estado protestando a lo largo de 2019, primero contra un presidente de larga data, que terminó por retirarse, y luego contra un sistema político más amplio dominado por camarillas de oficiales del ejército, empresarios y jefes de partido”.

Lo que sí está claro es que

“Lo que está pasando en Chile no es excepcional para nada, es un fenómeno global… Si se hunden (los chilenos), se hunden con todo el mundo porque está todo el mundo así…”

El 24 de octubre, seis días después que estallaran las protestas en Chile, en Beirut, Líbano, se hizo sentir una gigantesca manifestación en donde flamearon las banderas antigubernamentales. No han sido las únicas. Ni tampoco lo serán. Hong Kong es una señal. También lo que sucede en Francia y en otros países del continente europeo; y en América Latina, especialmente, Colombia. Y no se trata de casualidades ni de coincidencias: la causa eficiente de este fenómeno planetario está en el portentoso desarrollo de las fuerzas productivas que exige un radical cambio en las relaciones de producción, cambio que no se ha realizado y que debe hacerse a la brevedad.

Es posible que Chile sea la primera nación del orbe en adquirir el carácter de revolución en ciernes, algo que debería comenzar a suceder  (si es que no está ya sucediendo) en otras formaciones sociales del planeta. Lo cierto es que no es casualidad esa frase que aparece, repetida, en muchos de los rayados del gran Santiago: ‘El neoliberalismo nació y murió en Chile”. Tiene rasgos peculiares, como lo señala Manuel Castells en la conferencia que diera el pasado sábado 09 de noviembre en la ciudad de Valparaíso pues:

“Hay una crisis de legitimidad política en el sentido de que la mayoría de los ciudadanos del mundo no confían ni en los partidos políticos ni en los gobiernos ni en las instituciones financieras ni en los medios de comunicación. Y tampoco en instituciones que tenían una cierta autoridad moral, como la Iglesia Católica[]”

EL FUTURO DE LA PROTESTA Y NUEVO SER HUMANO

Sostenemos nosotros aquí que ha sido y es la tecnología lo que provoca hoy el estallido social de Chile. Ya no es posible mantener las mismas relaciones de producción que existen porque no se avienen con el portentoso desarrollo experimentado por las fuerzas productivas o tecnología. Repitámoslo a riesgo de ser majaderos: el ser humano transforma la naturaleza y al hacerlo se transforma a sí mismo. Una nueva era se abre paso en el mundo de la mano de otro ser humano, distinto a nosotros, un ser humano mucho más humano, mucho más empoderado, mucho más vinculado que nosotros con sus semejantes. Las relaciones de producción deberán experimentar drásticos cambios especialmente en su expresión jurídica que es la forma de entender la propiedad, algo que comienza a manifestarse con bastante fuerza dentro del movimiento social. Un nuevo mundo que espera una forma diferente de relacionarse entre los individuos. Materia que no está exenta de duros enfrentamientos. Ya lo había intentado expresar Klaus Schwab, cuando indicaba:

“La escala, alcance y complejidad de cómo la revolución tecnológica influencia nuestro comportamiento y la forma de vivir será distinto a todo lo que la humanidad ha experimentado”.

Del desarrollo tecnológico emerge, muy a pesar de muchos, un nuevo ser humano. Un ser humano que nace con la comunicación en sus manos, un sujeto social que no necesita de líderes ni de caudillos ni de una estructura vertical de individuos que decida el destino de sus vidas. Un ser humano que abomina de quienes buscan suplantarlo y decidir por él. Un sujeto social cuya visión no es ya vertical ni autoritaria sino horizontal y cooperativa. Un nuevo ser humano que emerge para reemplazar al que existía y del que somos parte.

No podría suponerse que sea el ‘hombre nuevo’ del que hablaba el Che Guevara, ni el ser humano aquel cuya aparición esperaba Clotario Blest. Lo que sí está claro que se trata de otra persona, distinta a nosotros. Un ser humano que no necesita de los partidos políticos ni de las instituciones que hoy existen. Una criatura que no busca la reproducción de su pasado sino centra su atención acerca de cómo construir su futuro.  Desde este punto de vista, sin lugar a dudas es un sujeto que viene a superarnos y, tal vez, a mostrarnos ese futuro. De lo cual podemos inferir que estamos frente a personas que no sólo prescinden de nosotros sino que, en ciertos momentos, nuestra presencia puede resultarles, incluso, hasta un estorbo para su desarrollo. Demás está decir lo inútil que puede serles nuestra receta acerca de cómo organizarse para alcanzar una sociedad mejor. Lo mismo que nuestra visión acerca del ‘partido’.

¿No hay, entonces, una forma de apoyar este vasto movimiento? Sí, la hay. Y la primera es dejarlo que se desarrolle. Lo que no significa sino, contribuir a eliminar todos los obstáculos que puedan salirle al paso, materia a la que nos referimos en otra parte de nuestro trabajo. Porque la protesta tiene elementos adversos dentro y fuera de ella.

¿Decepcionante? Tal vez pueda resultar así para quien aún piense que la sociedad del futuro va a levantarse sobre los mismos parámetros de la actual. No para quienes creemos, precisamente, lo contrario. Y esto es importante. Porque la mejor contribución que podemos hacer al trabajo de las generaciones que vienen a sustituirnos es advertirles los riesgos de incurrir en prácticas que tienen como finalidad reconstruir la vieja sociedad que todos aborrecemos, pues entonces la ‘venganza del pasado’ se hará presente con todo su vigor.

Clotario Blest quería construir una nueva sociedad que llamaba, a la manera de Víctor Krüger, ‘ergocracia’, que era algo así como un ‘autogobierno de los productores directos’, un ‘autogobierno de los trabajadores’,  algo que no pudo conseguir. Murió como Moisés, aunque no encaramado en la cima del monte Nebo, pero sí avisorando la tierra prometida —que, a menudo, ofrece a sus siervos un Dios implacable y deshumanizado—, pero imposibilitado de acceder a ella. Ignoro si nos ocurrirá lo mismo a quienes trabajamos en algún momento junto a él. O si tendremos la posibilidad de sumergirnos en este gran estallido social, como en el útero de una buena madre, esperando el momento de emerger en ese mundo verdaderamente nuevo cuya existencia sospechamos e imaginamos más de una vez.

Santiago, noviembre de 2019

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