Publicado en: 6 enero, 2019

Chile. La patria popular y otras yerbas

Por Máximo Constanzo

El significado de la patria siempre ha sido una disputa de sectores  y clases sociales en Chile. Una definición de diccionario seria “Del latín patria, la patria es la tierra natal o adoptiva que está ligada a una persona por vínculos afectivos, jurídicos y/o históricos. La patria puede ser, por lo tanto, el lugar de […]

El significado de la patria siempre ha sido una disputa de sectores  y clases sociales en Chile.

Una definición de diccionario seria “Del latín patria, la patria es la tierra natal o adoptiva que está ligada a una persona por vínculos afectivos, jurídicos y/o históricos. La patria puede ser, por lo tanto, el lugar de nacimiento, el pueblo de los ancestros o el país donde un sujeto se radicó a partir de un cierto momento de su vida.”

Eso es una definición en lo formal, casi de escolaridad básica, pero lo cierto es que no todos los chilenos entendemos lo mismo por patria y no entendemos lo mismo por “chilenidad”.

Patria y “chilenidad” son una identidad social y como tal es un constructo (relato) histórico y altamente político que esta mediado por el ideario e intereses de aquellos sectores o clases sociales que cultivan él o los relatos relativos a la patria y a la “chilenidad”.

Patria no es lo mismo para los militares que realizaron el golpe militar de 1973, que en justificación de tal gigantesco crimen, argumentaron  que era para defender la “chilenidad” y a la patria; que para los combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez que lucharon frontalmente contra la dictadura terrorista en defensa de la patria y de su pueblo y en contra del mismo tirano inmemorial.

En cualquier país, el relato sobre su historia, sobre la identidad nacional y el predominio de esas ideas en el “sentido común”,  en la mente de sus habitantes,  es un asunto de PODER,  es un asunto POLÍTICO de primera importancia. Tiene que ver con la visión de sociedad, de cómo debemos y queremos vivir.

La oligarquía ha construido desde el inicio, incluso desde antes de que Chile fuera país independiente en lo formal, un concepto de patria y de “chilenidad”, afín a sus intereses, que tenía o tiene como enemigos al bajo pueblo, a la plebe, o los sectores más pobres (populares), donde la élite dominante, los más acaudalados, los patrones, se guardaron el privilegio de dirigir el país a su conveniencia. Para ello construyeron un Estado que les asegurara su predominio, el Estado portaliano.

Bien lo refería Eduardo Matte Pérez, bisabuelo de Eliodoro Matte Larraín cuando sostuvo: “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo;  lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio“  (19 de marzo del año 1892 ,Diario El Pueblo).  Es también lo que piensan hoy los mega-ricos de Chile, es cosa de ver como se comporto Richard Von Appen con los trabajadores eventuales del puerto en Valparaíso.

Desde esa visión dicen que defienden la soberanía nacional, nuestra independencia como país, que defienden los intereses de todos, defienden la patria dicen, eso dicen…. pero siempre ha sido una falacia, ellos violan constantemente nuestra soberanía y entregan a Chile al saqueo de las transnacionales y se subordinan a los intereses de los imperios, ya sea el Español, el británico o ahora el norteamericano desde hace más de un siglo.

Estos “malditos”, (para usar las palabras de un general de Carabineros para acusar a los que golpearon a fuerzas especiales en el centro de Santiago por el asesinato de Camilo Catrillanca), son vende- patria, gente sin honor, sin principios, disfrazados de chilenos.

Sin ir más lejos, el actual presidente, Sebastián Piñera, mientras Chile estaba en disputa por la soberanía del mar en el límite con el Perú, siendo él presidente, compraba acciones de pesqueras “peruanas”, que se beneficiaron con el veredicto de La Haya.  “Negocios y lucro” no tiene fronteras, de que “chilenidad” o patria podrían hablar.

A esa visión oligarca, el pueblo ha ido forjando otra “chilenidad” y otra patria. Si bien las palabras “chilenidad” y patria, impuestas a sangre y fuego a lo largo de nuestra historia, ha servido para dominar y abusar de los desposeídos, estas también han sido re-significadas en las creencias y visiones populares.

No existe toma de terrenos donde las precarias casas se han levantado sin la bandera chilena al tope; tampoco existe huelga de los trabajadores, donde no está el símbolo patrio en las manifestaciones o el grito de “chi, chi, le, le…. trabajadores de Chile”, en múltiples jornadas de protesta contra la dictadura por ejemplo estuvo la bandera chilena con una R, de resistencia en el centro y así son múltiples los ejemplos populares de lucha. Aquellos símbolos de dominación, fueron re-significados por símbolos de lucha e incluso de liberación.

Uno de los puntos altos en esta construcción popular es  Violeta Parra, cuando descarnadamente en la década de 1960 creaba la letra de sus canciones de acuerdo al contexto político de la época.  Entre sus creaciones están:

 “Arauco tiene una pena”, vigente a la realidad de lo que vive hoy el pueblo mapuche

“ya no son los españoles
los que les hacen llorar
hoy son los propios chilenos
los que les quitan su pan”.

 “Miren cómo sonríen”  donde manifiesta su rabia e indignación por la burla de los poderosos:

 “Miren como sonríen los presidentes,

 cuando le hacen promesas al inocente”.

En el tema  “La Carta” sentencia  “Los hambrientos piden pan, plomo les da la justicia”,

 Y finalmente  en “Hace falta un guerrillero” donde plantea  en ese tiempo que a Chile  le hace falta un guerrillero heroico que defienda la patria;

“Me abrigan las esperanzas
que mi hijo habrá de nacer
con una espada en la mano
y el corazón de Manuel”

De niño le enseñaría

Lo que se tiene que hacer

Cuando nos venden la patria

Como si fuera alfiler;

Quiero un hijo guerrillero

Que la sepa defender”

Nadie podría negar a Violeta Parra como expresión de nuestra “chilenidad” y de nuestra patria.

En la noche oscura de la dictadura, sonaba en las casas del pueblo, ocultas de los oídos de los esbirros de la tiranía, la melodía del himno del Frente, “La Patria está tan mal, Manuel la pondrá en pie…..” .

Recordemos el discurso de Allende un 5 de noviembre de 1970, celebrando el triunfo popular.

“Dijo el pueblo: «Venceremos», y vencimos.

Aquí estamos hoy, compañeros, para conmemorar el comienzo de nuestro triunfo. Pero alguien más vence hoy con nosotros. Están aquí Lautaro y Caupolicán, hermanados en la distancia de Cuauhtémoc y Tupac Amaru.

Hoy, aquí con nosotros, vence O’Higgins, que nos dio la independencia política, celebrando el paso hacia la independencia económica.

Hoy, aquí con nosotros, vence Manuel Rodríguez, víctima de los que anteponen sus egoísmos de clase al progreso de la comunidad. Hoy, aquí con nosotros, vence Balmaceda, combatiente en la tarea patriótica de recuperar nuestras riquezas del capital extranjero. Hoy, aquí con nosotros, también vence Recabarren con los trabajadores organizados tras años de sacrificios.

Hoy, aquí con nosotros, por fin, vencen las víctimas de la población José María Caro; aquí con nosotros, vencen los muertos de El Salvador y Puerto Montt, cuya tragedia atestigua por qué y para qué hemos llegado al poder.”

Son múltiples los ejemplos que se pueden citar, para decir que existe una PATRIA POPULAR y que ella, que sigue en construcción, esta una pelea a muerte, con la PATRIA OLIGÁRQUICA. Es parte de las formas en que de alguna u otra manera se ha manifestado la lucha de clases en Chile.

No hay un solo Chile, hay muchos chiles, no somos un solo pueblo, no existe “unidad nacional”, no existe “razón de Estado”.  No todos los que llevan el escudo nacional o las banderas, que juran honor y amar a la patria son sinceros, muchos de ellos son traidores a la Patria. Son simples yanaconas o cipayos, verdaderos mercenarios.

Es cierto que las identidades nacionales están puestas en juego con la globalización capitalista; es cierto que existen nuevas formas de colonialismo (neo-colonialismo), es cierto que hasta las identidades personales están en crisis, por tanto las identidades colectivas también están en crisis; es cierto que la tecnología borra fronteras; también es cierto que las clases sociales son supra nacionales, tanto la burguesía como el proletariado. Muchas cosas son ciertas, pero como todo es dialéctico e histórico, hasta ahora la identidad de la patria sigue presente y está en disputa a muerte.

Así como no se puede entender a Cuba sin Martí;  a Nicaragua sin Sandino;  a Venezuela sin Bolívar y Chávez;  a los pueblos originarios andinos sin sus comunidades (ayllu);  a los mapuche sin su amor a la tierra;  a los Rapa Nui sin el amor a su isla; como tampoco se puede entender a Chile sin Allende y los trabajadores.

En tiempos del MALL, de las identidades “líquidas”, en tiempos donde puede ganar una elección un  Bolsonaro o un Trump, en tiempos donde está Evo Morales o Maduro, en tiempos donde existe un Lenín traidor en Ecuador, todo es posible… hasta la revolución.

Para comprender mejor estas realidades latinoamericanas y también chilenas recurrimos a Gabriel García Márquez quien será por siempre un gigante indiscutible de la literatura, García Márquez quien abrazó una definición de lo latinoamericano, el “realismo mágico” que es  mucho  más que  un género literario donde las cosas milagrosas y mágicas pueden suceder en cualquier momento.  En un libro del “Gabo”, la sangre de un muerto puede atravesar múltiples calles y subir y bajar escaleras,  dentro de una casa – “abrazando las paredes para no manchar las alfombras” – a través de una despensa y hacia la cocina donde está la madre del muerto. Puede haber alfombras voladoras y fantasmas que envejecen. Eso sí, todo se sentirá perfectamente natural y real (Copiado de un “paper”).

En el tiempo de las Fake news (noticias falsas), también existen cosas que pueden pasar como en una novela de Hernán Rivera Letelier, una de la última encuesta, muestra que en Chile se cree, hoy en día más en el “mal de ojos”, que en la iglesia católica.  En tiempos donde los comunistas chilenos, tienen que decidir si llevan de candidato presidencial a una parlamentaria judía o un alcalde palestino. Todo puede suceder, incluso que los de abajo, ganemos.

Como dijo un amigo, “no sabemos qué va a pasar, pero algo va a pasar”.

Centro de Estudios Francisco Bilbao.

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