Chile: La movilización de las comunicaciones

Por Nancy Arancibia Olivares, Periodista. Presidenta del Sindicato del Área Periodística del diario La Nación. Consejera Nacional del Colegio de Periodistas.

Columna escrita para el Observatorio de Género y Equidad, Boletín Diciembre

Chile se movilizó y cambió. Las manifestaciones y protestas traspasaron las barreras de los medios de comunicación y fue una de las chispas que encendió en masividad y adhesión.

Punta de Choros, Hidroaysén, para luego ser azotados por el huracán estudiantil: 50 mil, 100 mil, 150 mil personas en las calles y en varias regiones simultáneamente, no pudieron ser obviadas por los medios de comunicación masivos,  ni reducidas a sólo el conteo de detenidos, destrozos e imágenes de combate entre grupos de encapuchados y la represión policial. No, ya no.

Los noticiarios centrales de los canales de televisión abierta se vieron obligados a pasar en sus escasos minutos destinados a las noticias (el resto no lo son), imágenes de miles de estudiantes marchando por la Alameda, bailando, cantando en clave de protesta sobre endeudamiento, inequidad y mala calidad de la educación. La terca evidencia de las calles se abrió paso en la cerrada agenda informativa y nos sorprendimos con despachos en directo, televisivos y radiales, de los voceros de las instituciones estudiantiles.

La prensa escrita debió entrar a las marchas y seguir a los dirigentes, elaborando ahora sus tesis de poder desde un espacio desconocido, los patios de universidades, colegios y la propia Alameda.

El ciudadano, al escuchar por primera vez demandas de estudiantes universitarios y secundarios, conectó la realidad descrita con la propia y no sólo adhirió y apoyó, sino que se identificó. Sed de saber más y escuchar lo que jóvenes tenían que explicar, el rating también se suma y la demanda se dispara, entrevistan a estudiantes en todos los horarios, preferentemente en el prime, convertidos en rock star, a pesar de ellos mismos. Medios de comunicación, incluidos sus periodistas (que normalmente son cosas distintas), al igual que los analistas, políticos y por cierto el Gobierno, sorprendidos, no lograban dar con la clave de lo que sucedía.

Una sociedad que ve emerger como espontáneo un movimiento social fraguado por años, producto de realidades mantenidas también por años, es porque carece de conexión con el mundo desde donde surge. Una de las razones, es que en Chile los medios de comunicación funcionan casi exclusivamente con lógica comercial y gozan de una saludable concentración en su propiedad.  En la prensa escrita, sólo dos conglomerados copan más del 92% del mercado -la cadena El Mercurio y Copesa- y en regiones el Grupo Edwards tiene cerca del 100% del mercado. La radio, más plural y diversa, también tiene alta concentración -Consorcio Radial de Chile (CRC) e IberoAmericana Radio Chile-dominando el dial, con la más que honrosa excepción de Radio Cooperativa y Bío Bío que lideran la sintonía en el segmento de noticias.

La televisión, para su proyecto de negocios, es dominada por grandes conglomerados económicos -Canal 13, Chilevisión y Megavisión- y Televisión Nacional, que orienta la producción de noticieros en busca de consumidores que garanticen su sustentación y ganancia, más que noticias para ciudadanos que necesitan y deben estar informados. Telespectadores reducidos a segmentos de consumo.

Medios de comunicación concentrados limitan o eliminan la competencia o lo que es lo mismo, no hay posibilidades reales de que emerjan nuevos medios y compitan con vocación de masividad, aportando miradas, temas y otras áreas de cobertura noticiosa. La lógica de mercado sólo permite informar lo que le importa al consumo y a los intereses empresariales de sus propietarios. Permite que sus dueños tengan ganancias, en buena hora, pero eso mantiene a los ciudadanos “consumiendo” noticias con un solo discurso y sobre algunas áreas de la sociedad.

Es lo que NO se informa lo grave para la democracia y el derecho de las personas a recibir información veraz, oportuna y plural. Regidos por una lógica comercial única, lo que vulnera los derechos de los chilenos y chilenas, es lo que los medios callan, no investigan, no denuncian.

Pregúntese si ve en la prensa masiva información sobre conflictos laborales o sindicales o si supo antes de las movilizaciones estudiantiles algo sobre lo que hoy se demanda. La lista es larga. Son los temas que usted no ve, lo que conculca su derecho a informarse pluralmente, impide una visión global de la sociedad en que vive y que los medios de comunicación realicen su labor fundamental de fiscalizar a las instituciones y al poder político y económico.

Los estudiantes y la ciudadanía masivamente en las calles corrieron en parte ese velo. El desborde chorreó a los medios, obligándolos a explicar y cubrir periodísticamente lo que antes fue invisible. Queda mucho por develar, miles de temas que visibilizar, pero una luz se prendió en los “consumidores de información” que no se apagará con noticias de accidentes, robos, el celular último modelo para la navidad o la encuesta del día. La chispa se encendió porque por primera vez en muchos años, una parte de la información real se abrió paso en los medios masivos. La fuerza de esa chispa también se juega en las comunicaciones. “Exija el oxígeno para que siga creciendo, es su derecho”.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS