Chile: la gota que hizo estallar el modelo neoliberal

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Muchos pensaron que se trataba de una manifestación más de los estudiantes secundarios chilenos que con la consigna: “evadir, no pagar, otra forma de luchar” se rebelaron contra la nueva alza del pasaje del metro, la cuarta en menos de dos años. La acción de los secundarios fue reprimida brutalmente como es la característica de la policía chilena. Pero esa acción fue replicada poco después por miles y miles de pasajeros que indignados frente a la represión procedieron a atacar e incendiar varias estaciones del metro.

Lo que ocurrió enseguida es impresionante se produjo un levantamiento y una rebelión popular que se extendió por todo el país, lo que obligó al gobierno a decretar estado de emergencia y toque de queda, medidas infructuosas que no han logrado detener el alzamiento y la desobediencia generalizada que hoy tiene Chile.

La marea ha ido “in crescendo”, cada día las manifestaciones aumentan en cantidad, intensidad y creatividad. Son verdaderas multitudes que han despertado y se han tomado las calles de Chile. Sus características van de la rabia, la ira, al carnaval, la fiesta, el arte, la cultura y la democracia desde abajo, hoy Chile está lleno de asambleas populares en los barrios y comunas, se han vuelto a reactivar los cabildos y se está gestando un poder ciudadano alternativo. El movimiento en general es variado y diverso, son sectores medios, trabajadores, gente pobre, es totalmente variopinto surgió espontáneamente y no tiene una organicidad, ni orientación definida hasta hoy, se expresan múltiples demandas, pero se va articulando en la medida que se va pasando de la protesta a la búsqueda de soluciones. Es un despertar que se parece mucho al amanecer.

En rigor, en Chile, no se pasó de la dictadura a una transición democrática, sino a una prolongación civil del pinochetismo al cual denominaremos el post pinochetismo, las impresionantes movilizaciones y protestas a las cuales hoy se han sumado los camioneros reclamando la supresión del pago del peaje, han significado el fin del post pinochetismo que en nombre de la democracia se dedicó a perfeccionar el modelo neoliberal aumentando la cantidad de abusos en contra de la gente creando una verdadera estructura de exacciones para la gente trabajadora, generando a su vez, prebendas y privilegios increíbles para los sectores empresariales. En definitiva esto se transformó en una espiral de acumulación que terminó haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. En dictadura les quitaron la seguridad social a la mayoría de los chilenos, pero se la mantuvieron a las fuerzas armadas y carabineros, y en la post dictadura se dedicaron a sostener y perfeccionar un sistema de ahorro forzoso administrado por las famosa AFPs, que se enriquecieron hasta más no poder y el ahorro de los trabajadores lo convirtieron en un mercado de capitales para sostener los procesos de acumulación de banqueros y los grandes grupos económicos, es decir, con el ahorro de trabajadores sostienen el régimen capitalista neoliberal.

Además privatizaron todos los servicios públicos, incluido en metro, el agua, la electricidad, los teléfonos y suma y sigue entregaron el patrimonio nacional en manos privadas, la extracción del litio, parte del cobre, el mar y la lista es muy larga. Estas privatizaciones significaban que en forma periódica e implacable aumentaban los precios según unos algoritmos ideados por los tecnócratas al servicio de los empresarios para duplicar o triplicar sus ganancias. Pero no solo era eso, las grandes empresas rompiendo sus propias reglas se coludían para subir los precios de los remedios de las enfermedades crónicas, o de los pollos, del papel higiénico, ciertas empresas comerciales re-pactaban unilateralmente las deudas de sus clientes y les hacían pagar hasta 5 o más veces el valor de los productos. Hasta que la gente se cansó y estalló y estos despertares suelen ser violentos, lo que ocurre es que se abusaba demasiado.

Pero en realidad lo que más acentúa el carácter de la post dictadura es que mantienen hasta hoy una Constitución ilegítima generada en la dictadura a la cual le han hecho una serie de remiendos, pero mantiene una institucionalidad que garantiza el orden neoliberal y un Estado represivo y autoritario. Esto se expresa con particular crueldad en relación a la represión contra el pueblo Mapuche. Habría que recordar los montajes policiales inventado supuestas conexiones terroristas internacionales y el alevoso asesinato de Camilo Catrillanca de parte de la policía.

Los otros efectos perversos del neoliberalismo son la corrupción generalizada: empresas sobornado políticos, los carabineros, y las fuerzas armadas gastando en lujos orientales los dineros del pueblo chileno. Además en el plano de la cultura y los valores se impusieron las prácticas egoístas e individualistas, la insolidaridad y el mercantilismo que permean el conjunto de las relaciones sociales.

Respecto del papel jugado por los medios de comunicación tradicionales en esta coyuntura, en primera instancia jugaron el papel de siempre, sostenedores del orden burgués neoliberal con su discurso afincado en una hegemonía que se estaba quebrando, pero ahora comenzaron a tener un rechazo masivo de parte de la gente que lanzó una campaña para que los ciudadanos se informaran en las redes sociales y apagaran el televisor, se cansaron de las mentiras, las distorsiones, y las orientaciones sesgadas, está cuestión les afectó y al menos algunos de ellos tuvieron que cambiar aunque sea formalmente de actitud, y empezaron a entregar el micrófono a la gente sin restricciones, porque si no sencillamente se quedaban sin audiencia. Ahora podemos ver, al menos en el canal público, a genuinos representantes de la ciudadanía.

Respecto de los saqueos y el vandalismo existente podemos distinguir por los menos cuatro componentes: el uno una respuesta iracunda de parte de algunos sectores al constante y persistente saqueo empresarial unido a las carencias y la pobreza existentes, el otro ante la incapacidad de dar seguridad de parte del gobierno, que privilegian la defensa de los barrios de clase alta abandonando a los otros a su suerte, muchas personas aprovechan la oportunidad, el otro componente son las acciones del lumpen organizado y desorganizado que actúa de acuerdo a sus prácticas habituales, y por ultimo hemos visto videos donde la propia policía y militares saquean o propician saqueos, no se tiene claro con que siniestros propósitos.

El gobierno del millonario Sebastián Piñera va de tumbo en tumbo en medio de la crisis, aceleradamente tramitó una ley para derogar el alza de pasaje del metro, no fue suficiente, después se deslizó sobre las bayonetas, no fue suficiente, declaró la guerra y tuvo que retroceder, hizo un anuncio de medidas sociales que resultaron a ojos de la mayoría totalmente insuficientes, detuvo la próxima alza del precio de la electricidad y es insuficiente, lo que pasa es que el gobierno tiene serias dificultades cognitivas para entender lo que está pasando, esto se debe a la composición social de su gabinete y asesores que son políticos de derecha decadentes, empresarios que no pueden salir del horizonte del costo beneficio, gerentes que no pueden distinguir entre la gestión pública y la privada, en fin, no pueden y no podrán entender lo que ocurre en el país.

Lo que en el fondo está pidiendo la gente es el cambio del régimen político, están pidiendo el fin del régimen económico neoliberal, están pidiendo ahora sí cambios estructurales profundos, están pidiendo en definitiva la renuncia de Piñera. Existe una sola vía democrática para lograr esto y es una Asamblea Constituyente. Es difícil ver a Sebastián Piñera convocando a una Asamblea Constituyente, esto ya no es la idea de un analista agudo, sino la demanda de los diversos colectivos que están participando en las movilizaciones como lo fue la plataforma que la Unidad Social planteó para la huelga general de 48 horas y que culminó con una manifestación apoteósica en la Alameda, avenida emblemática de la capital de Chile, el pasado jueves, el día viernes 25 de octubre hubo otra manifestación que superó a la anterior que los medios estimaban en un millón doscientas mil personas, de verdad las tomas áreas son impresionantes. Por eso la renuncia del Presidente Piñera pasa a ser parte de la solución del problema y ya no sé ve tan improbable por la lógica de los acontecimientos, convocar a una Asamblea Constituyente tampoco es algo que se va a lograr fácilmente, pero el grado, la magnitud, la extensión y la profundidad del levantamiento popular la hacen posible y por la misma razón nada de lo que ocurra de aquí en adelante volverá a ser como en la post-dictadura.

En conclusión la situación es más o menos la siguiente: los de arriba no pueden gobernar, y los de abajo no quieren ser gobernados por los de arriba, en este contexto vemos cuatro escenarios más o menos posibles para el futuro próximo:

  1. El Presidente Piñera hace algunos cambios cosméticos como cambiar el gabinete e insiste en su menguada “agenda social”, sin hacer ningún cambio de fondo. Cuestión que puede ser muy peligrosa porque puede exacerbar las movilizaciones.

  2. El Presidente Piñera da un giro radical a su actual posición y decide cambiar el gabinete haciendo concesiones importantes, levantar el estado de emergencia, dar paso a la aprobación de la ley de las 40 horas semanales, subir considerablemente el salario mínimo, y otras medidas de este corte que le permitan al menos dividir a la gigantesca oposición de masas cuestión que le posibilitaría permanecer en el gobierno en un plano de mucha debilidad.

  3. Se viene un golpe o autogolpe de Estado de derecha y se aplica el máximo de violencia, como resultado se logra implantar una dictadura similar a la de Pinochet.

  4. Esta tercera alternativa es poco probable, pero no se puede descartar, el Presidente Piñera convoca a una Asamblea Constituyente y la derecha procura constituirse en una fuerza de freno a los “excesos democráticos” al interior de la Asamblea.

  5. El Presidente Piñera dado el repudio generalizado y su escaso apoyo político renuncia y da paso a la sucesión constitucional, el presidente del senado forma un gobierno provisional.

A este gobierno provisional habría que exigirle como único mandato la preparación material y jurídica de la Asamblea Constituyente en un plazo de 8 meses. Pero insistimos, sea como sea, nada volverá a ser como antes.

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