Chile. La araña, la telaraña y la maraña

Cocidos en su salsa… cazados en su propia trampa…son frases que hemos escuchado más de una vez y que hacen referencia al fracaso de un plan o de una determinada intención, ya que el hechor muerde el polvo de la derrota al quedar atrapado –inmóvil y a merced del adversario- en su propia construcción.

A ello se refiere esta nota, aunque en honor a la verdad el título apunta a una situación aun peor, a algo así como el inventor de mentirijillas que finalmente termina absorbido por una de ellas y se ve obligado a vivir dramáticamente su propia falacia.

En términos simples, se trata de lo que relata el viejo cuento: la araña que teje una densa red de firmes hilos a objeto de atrapar decenas de insectos –cuestión que logra sin tropiezos- pero, tan exagerado y constante es su esfuerzo que la tela se convierte en tupida maraña, la cual atrapa al arácnido impidiéndole salir de su oscuro escondrijo, encarcelándolo para siempre en su propia creación. Es lo que precisamente ocurre a la cofradía política actual.

Hace ya veintisiete años -en 1988- la naciente coalición bautizada como Concertación de Partidos por la Democracia (que debió llamarse en estricto rigor Partidos para  -y no POR- la democracia), haciendo honor a su nombre, ‘concertó’ una alianza -o una sociedad-  con quienes se suponía debería haber enviado a los confines del aislamiento político y del castigo desglosado de un necesario juicio histórico. Pero, poderoso caballero es don  dinero… el que en esta ocasión reconfirmó su fuerza.

Entonces, aquella vieja Concertación fungió de araña trabajólica y cipaya… tejió y tejió. Mintió, engañó, traicionó; creció al amparo y cobijo del viejo enemigo, del odiado adversario que, sin embargo, poseía las llaves de la cueva de Ali-Babá. Fue así que el arácnido estructuró una argamasa de hilos enrevesados para atrapar a millones de sus desavisados seguidores. Vivió décadas absorbiéndoles la sangre y las vitaminas. Fue feliz durante ese largo período en el cual no había problemas ni amenazas en las cercanías.

Por ello –impulsada siempre por los consejos de quien fuera antes su adversario- la araña continuó hilando redes en una densa tela, hasta que…un día cualquiera, se percató que había construido su propia cárcel. Encuevada en la esquina más lúgubre del edificio de su antiguo enemigo –hoy, socio y protector-  barruntó que era en extremo difícil dejar el lugar y salir al mundo exterior iluminado por un sol que le era ajeno en cuanto poseía tintes de universalidad.  No había escapatoria. La vieja Concertación mutó entonces,  transformándose en apéndice de su antiguo adversario… hoy es parte de él. La metamorfosis se ha completado. Concertación y Neoliberalismo son un todo orgánico y único.

Desde el lúgubre y húmedo rincón del apartado mundillo de las alturas, buscando reverdecer viejos laureles y rebautizada como Nueva Mayoría, los traidores de antaño comprenden que no hay escapatoria ni redención.  El único camino que ven ante sí  es la insistencia, la porfiada y criminal  insistencia en incrementar las traiciones y actitudes atentatorias contra quienes, antaño, les otorgaron representatividad y poder temporal, que ahora se esmeran en transformar en perennes.

Saben que la lucha alcanza ribetes de desesperación. Han sido desnudadas sus flaquezas y miserias, sus traiciones y delitos. No tienen otra vía que  no sea la de insistir majaderamente en su tozuda capacidad de delinquir, en su amoralidad, en su anomia social. Se refugian en la Constitución dictatorial para definir una democracia nonata conveniente a sus intereses y protectora de sus traiciones. Continúan legislando –para sí mismos- desde las sábanas del dormitorio principal de Tejas Verdes… desde el antejardín de la “White House” y desde los ‘rest rooms’ del edificio del FMI.

Retornando al castellano simple, es momento de afirmar que la vieja Concertación, la actual Nueva Mayoría y el aún vigente duopolio binominal Alianza-Concerta, encuevadas en el rincón de la araña que tejió densa tela convirtiéndola en maraña, carece de posibilidades para abandonar el sitio. Ya son parte de aquel paisaje oscuro y tenebroso. No tienen más futuro que el ofrecido por esa deleznable esquina. Morirán allí, de ello no cabe duda pues tampoco poseen ofertas  nuevas para sus potenciales insectos a devorar. Fallecerán entonces de inanición.

Frente a la oscuridad, más allá de los ángulos lúgubres, una nueva luz comienza a iluminar senderos. Es la desobediencia civil que irrumpe, lenta pero con firmeza, en el escenario ocupado por los vástagos de Pinochet y sus adláteres de una vetusta  Concertación. Es el final del camino, la punta de rieles para los melifluos conscriptos de la vergonzosa y traidora calaña de ‘asesores y guardianes’ del socialismo real y del proceso que encabezó el honesto y valiente presidente Allende.

“Ya no estamos en la guerra fría”, balbuceó el oscuro diputado  ‘socialista’ Fulvio Rossi, primero en la avanzada bolichera de firmas contra el profesorado nacional, uniendo su voz a las de Ena von  Baer,  Jacqueline van Ryselberghe y Sebastián Pîñera. Como otros del mismo partido  (PS) que abominan de Allende, quien fuera ícono de la lucha de clases, Rossi decidió resguardar “la bolsa” sobre “la  vida”… o el dinero de sus patrones (y el propio) por encima de los intereses y derechos del estamento docente y del alumnado proveniente de las clases menos favorecidas.

Para individuos como Rodrigo Peñailillo, Fulvio Rossi, Camilo Escalona, Isabel Allende, Carolina Tohá, Marcelo Díaz, Osvaldo Andrade, Sergio Bitar y Juan Pablo Letelier, el socialismo de hoy se caracteriza y define mediante el acuerdo sin trabas con los viejos adversarios, con los enemigos de siempre, los enemigos de clase.

Perdónenme… pero en mi calidad de viejo socialista me excluyo. No estoy en esa ‘parada’.  Por el contrario, a partir de hoy, me permito avisar a los señores Rossi, Letelier Morel, Escalona, Díaz, Tohá, Correa, Bitar y otros, que pueden y deben considerarme su enemigo de clase… a ultranza, al mismo nivel que enfrentosin ambages ni temores a tipos como Moreira, Labbé, Zalaquet, Kast, Larraín, Piñera, Mañalich y Edwards, quienes en realidad son los verdaderos patrones de aquellos que se oponen a una Asamblea Constituyente.

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