Chile. Gobierno demuestra que el Coronavirus existe para el plebiscito, pero no para los negocios y empresas

Todas las señales provenientes de la derecha y de sus ayudistas socialdemócratas apuntan a lo mencionado en el título de esta nota. Derribar el plebiscito que deberá efectuarse el 26 de abril próximo; impedir su realización a como dé lugar. Ya no basta la campaña a favor de la alternativa “Rechazo”, la verdad es que a la derecha poco y nada le sirve ello, pues todos los indicadores –incluyendo aquellos manejados por las tiendas del oficialismo- señalan que tal opción será derrotada en las urnas plebiscitarias.

El gerente de Asuntos Públicos y Estudios Cuantitativos de la empresa CADEM, Roberto Izikson, persona fuertemente ligada al primer mandatario y a muchos miembros del gabinete, manifestó que esa empresa -que recaba datos de opinión pública- no entregará más información estadística relacionada al plebiscito del 26 de abril. A Izikson debe haberle asustado comprobar que más del 75% de los entrevistados respondían estar dispuestos a votar por la alternativa “Apruebo”, y más del 60% decididos a sufragar por la “Comisión Constituyente”. Entonces aplicó la técnica del avestruz. Esconder la cabeza (en este caso, los datos).

Por cierto, la pandemia provocada por el Covid-19 (Coronavirus) también es usada por sectores derechistas como argumento sanitario para obligar al gobierno a suspender la realización del plebiscito, aún si ello provoque un estallido social peor, mucho más violento y profundo, que lo conocido hasta ahora. En ese intento colaboran activamente algunos medios de prensa tratando de alarmar a la población y venderle una salida que en términos concretos no lleva a lado alguno pues se contradice abiertamente con la ejecución –o mantención- de otras importantes medidas.

Es el caso de lo escuchado en varias radioemisoras cuyos propietarios no son precisamente izquierdistas. En ellas resulta habitual el discursillo propalado por periodistas que aseguran, cual profecía bíblica, que concurrir masivamente a votar en el plebiscito el día 26 de abril es “una irresponsabilidad” (de parte del gobierno, que lo autoriza, y de la oposición actual que lo recomienda) ya que ello serviría “•únicamente” (es el término usado por quienes pontifican) para propagar el virus ad infinitum.

No se agota allí el asunto. En diarios de los consorcios EMOL y COPESA es posible leer columnas y artículos llamando a la “razón”, misma que los articulistas de esos medios asocian con la suspensión del plebiscito, impedir marchas y concentraciones, y también aplaudir la decisión de la ANFP (una correa de transmisión de la derecha económica) de vaciar estadios donde se desarrolla el campeonato nacional de fútbol profesional (para echar tierra sobre la canción hit de este verano, aquella que corean miles de asistentes: “Piñeeraa…etcétera, etcétera…asesinooo…igual que Pinochet”. Pero, los millones de pasajeros que se agolpan y empujan y aprietan para subir a los vagones del Metro de Santiago y viajar como sardinas enlatadas, no interesan ‘sanitariamente’ al gobierno. Bussiness is bussiness.

Por todo lo mencionado, muchas personas opinan que la conducta del gobierno en estas materias ha sido errática, contradictoria, y cuestionan las medidas adoptadas por el presidente Piñera, acusándolo de preocuparse preferentemente por el bienestar y salud económica de las empresas, y no de los ciudadanos. Citan ejemplos varios.

Uno de ellos es la tardía decisión del ministro Mañalich en decretar el cierre de los puertos del país a embarcaciones de turismo. Aseguran sus contradictores que la región de Aysén podría verse complicada por la propagación del virus. Las autoridades de la comuna de Tortel decidieron cerrar la capital comunal durante 30 días y suspender también las clases en los establecimientos educacionales. ¿Por qué? Ello se debe a que un turista inglés descendió de un crucero siendo portador del coronavirus. Nada habría ocurrido si el ministro hubiese actuado con la premura que el asunto ameritaba.

Llama a la duda tanta parafernalia mediática y política respecto de la pandemia, pues se sospecha que Piñera mueve a engaño a la gente, ya que privilegia (con sus medidas ‘sanitarias’) al mundo empresarial, y se despreocupa -en los hechos concretos- del resto de la sociedad civil.

Pero, la pandemia es real, sin embargo las medidas adoptadas por el gobierno son insuficientes y dejan a la vista aquella preocupación -ya señalada- por el capital y la empresa, por el negocio y el bolicheo, por la banca y la especulación financiera. Es tan cierto aquello, que debieron ser las propias universidades (Pontificia UC y Universidad de Chile) quienes determinaran, por sí mismas, suspender las clases presenciales en beneficio de la salud de sus comunidades académicas.

En muchos países los respectivos gobiernos decidieron suspender clases en escuelas y colegios. Chile no lo ha hecho. Por el contrario, afirmado siempre en el alma del negocio y del ingreso económico en beneficio de quienes aportan el capital, Jaime Mañalich no sólo se negó a decretar ese cierre a nivel nacional, sino que, además, vía twitter, atacó a quienes lo solicitaban, y lo hizo con argumentos que sirven para demostrar cuán poco interesa la gente allá en la Moneda, y cuánto sí les importa el funcionamiento de empresas (hoy, la educación es eso, una empresa comercial). A este respecto, las palabras escritas por el ministro de salud en su cuenta de twitter son las siguientes:

<< ¿Realmente se cree que cerrar los centros de educación que dan comida, protección, seguridad a la mayoría de los niños y enviarlos solos a sus hogares es una medida razonable? >>

Entonces, según el ministro, ¿los hogares de esos niños no dan comida, no dan protección y no son seguros? Olvida, o soslaya interesadamente, que suspendiendo las clases los niños no son “enviados solos a sus hogares”, pues simplemente no salen de sus casas; además, se descongestiona el transporte y, por cierto, se reduce en alto grado la posibilidad de contagios. Pero al ministro –que sigue las aguas de su jefe- le interesa sólo lo económico, el pago a docentes y las subvenciones que las empresas educacionales no recibirían, ya que no habría alumnos durante catorce o más jornadas; también le preocupa que el gobierno deba seguir pagando las cuentas por alimentaciones vía Junaeb…ergo, lo económico (para Mañalich y Piñera) está por sobre lo verdaderamente ‘sanitario’.

Sin embargo (y este es el punto principal de las dudas y las críticas), al gobierno –como a la derecha y sus ayudistas- las únicas medidas que están planteando llevar a efecto en beneficio de la ‘salud de la población’, se enmarcan en los intentos ya indisimulados por suspender el plebiscito, poner trabas ‘sanitarias’ a las manifestaciones y evitar, a todo trance, que el pueblo ejerza la soberanía. Demasiado notorio, demasiado burdo.

El costo político y económico para el gobierno, y para la nación, sería demasiado alto…casi imposible de absorber, pues, ¿cómo puede administrarse un país en llamas?

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