Chile. Gobierno de ‘merchandising” con el agua al cuello

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Varios analistas políticos han venido alertando a los respectivos gobiernos habidos  en nuestro país en los últimos quince años que,  tarde o temprano,  se produciría una explosión social de características violentas. Esos analistas predijeron que la pertinaz acción neoliberal de las administraciones del duopolio terminarían provocando desobediencia civil y severas protestas populares masivas. No fueron escuchados.

Algo similar auguraban federaciones estudiantiles, algunos colegios profesionales, centrales sindicales y políticos pertenecientes a grupos y partidos ubicados fuera del círculo del duopolio gobernante. Tampoco fueron escuchados, pero La Moneda decidió sacar a los militares de sus cuarteles y lanzarlos a las calles de la capital del país. Me es imposible aceptar tamaña torpeza.

“En política no hay ‘milico’ bueno”,  frase que me repetía mi abuelo materno – un español de carácter libertario y talante crítico-, durante mis ya despabilados años de adolescencia.

Transité toda mi juventud otorgándole a esa frase sólo un sentido  lúdico y festivo,  algo así como un chistecito blandengue para ser contado en semana santa, pero cuando  arribaron a mi vida los hechos más dramáticos de la Historia de Chile, en el siglo veinte, descubrí el crudo trasfondo que poseían las palabras de mi abuelo ya fallecido.

Era verdad… ningún uniformado puede ser un buen elemento en política. No están hechos para tales avatares. A ellos ‘los cortan’ de manera muy distinta a la que se usa para confeccionar a un civil. Las escuelas matrices de las fuerzas armadas acostumbran voltear el cerebro de la chiquillería que llega a sus aulas, luego remojan los cerebelos y las hipófisis en jugo de ametralladora para, después, hervir todo (con el muchacho incluido) en caldillo de megaterio adobado con harina de hostia y vino de misa. Con ese recetario son cocinados en el hornillo de intendencia los aspirantes, cadetes y suboficiales.

El problema grave (y muy delicado en sí mismo) es que tanto la cocina, la vajilla, los insumos y el gas, pertenecen a civiles derechistas, quienes son los que en concreto dan la órdenes al generalato….cuyos principales miembros pertenecen también a   algunas de las  familias mandantes. El platillo anterior, por cierto, jamás será gusto de la civilidad.

Seguramente más de algún militar en ejercicio (y uno que otro en retiro) se disgustará con esta crónica, pero, a fuer de ser sincero (como decía el inigualable Fray Luis de León), los uniformados y el que suscribe no se miran con cariño desde la década del ’70. Ellos provocaron –durante el gobierno de Frei Montalva- una seria asonada el año 1969 (Roberto Viaux atrincherado en el regimiento Tacna), y en 1973 dieron el golpe de estado…yo me integré tempranamente al enorme grupo de chilenos que los combatieron hasta que  fueron parcialmente derrotados en octubre de 1988…y los seguiré criticando pues considero que todo uniformado, regimiento, escuadrón, batallón o lo que se le parezca, cuando intenta ‘opinar y deliberar en política’, convierte sus acciones en un peligro inmanente ya que se trataría de una puerta abierta al complot y a la subversión, al apaleo y asesinato de los civiles que con el pago de sus impuestos les dan sueldo, uniforme, vivienda, previsión y armas…amén de un mandato preciso y acotado que, como bien sabemos, no siempre se respeta.

He ahí el peligro, pues cuando esos estamentos de la sociedad se meten –o son metidos- en política, queda abierto el socavón para que arriben grupúsculos de fanáticos decididos a apoderarse ‘legalmente’ de los recursos naturales del país, de la voluntad de los políticos y de los medios de información. Ahora, gracias a un gobierno debilucho y asustadizo, como es el actual, tales elementos están de regreso…

Lo acaecido en algunas estaciones del metro santiaguino llama a la alerta, a encender luces de entendimiento respecto del fondo del problema, y no continuar utilizando el simple y habitual merchandising político que acostumbra este gobierno, como sus chaquetas rojas, avisos pomposos que jamás se cumplen, frases burdas lanzadas cual si fuesen sabias opiniones, etc. Muchos escolares que asisten a establecimientos educacionales ubicados en el casco histórico de Santiago decidieron asirse a una nueva forma de reclamar por el derecho a priorizar sus intereses e ideas: las evasiones masivas en el metro. De inmediato, el gobierno ordenó que la policía los apaleara de forma inmisericorde.

Tales golpizas son el producto de tener opinión y defenderla. Las manifestaciones y movilizaciones de los jóvenes constituyen la respuesta a veintinueve años de ninguneo sufrido por sus padres y familiares.  Ello no es broma, pues  se hace necesario recordarles a las cofradías políticas -que hoy rasgan vestiduras diciendo «esta no es la forma» de protestar ni de manifestarse- que durante los últimos 29 años los chilenos usaron «la forma» que a los políticos y empresarios les placía para dirimir problemas, pero a esos estamentos (tanto a bolicheros como a politicastros) no les interesó escuchar ni atender a «esa» forma. ¡¡29 años!! ¿Qué esperaban entonces?

¿Qué respuesta ofrecen el gobierno y la élite política? Más represión, más golpizas, más terror uniformado y armado. Las mafias políticas, en su totalidad, presentaron defensa corporativa para resguardar sus intereses particulares que comenzaron a ser atacados desde las líneas juveniles. Así fue que algunos políticos dizque izquierdistas demostraron estar  comprometidos a nivel de cepo con los dueños del capital, y ello quedó de manifiesto con la opinión del inefable ex secretario general de la OEA, el ‘socialista’ José Miguel Insulza, quien reconoció ser partidario “de reprimir (a los estudiantes) con energía”. ¿Energía, cuál energía? ¿Balazos, torturas, exilio? ¿Olvida Insulza que carabineros da golpizas cruentas e incluso sádicas a menores de edad, a niñas de 14 años, a jóvenes de 15 años? ¿Y quiere reprimirlos con más “energía” aún?

Piñera le dio en el gusto decretando el estado de emergencia en las provincias de Santiago y Chacabuco, además de las comunas de Puente Alto y San Bernardo. Lo que parecía imposible, sucedió. Un grupo de 200 estudiantes secundarios –sin estructura orgánica ni liderazgo consensuado- había logrado no sólo movilizar a miles de santiaguinos en protestas severas, sino también poner contra la pared a esta anémica administración conocida como “el  gobierno de los primos”,  y desestabilizar además  la corporación no oficial –pero real- de interese mutuos que une a políticos de las dos orillas del ‘centro’, la izquierdista y la derechista. Un fracaso más del actual gobierno que se suma a otros anteriores, como el de ‘aula segura’, el ‘comando jungla’ y el de la ‘batalla de Cúcuta’.

Mostrando cierto grado de desesperación, cofradías políticas, parlamentarios, autoridades y prensa ‘oficial’ (Emol, Copesa, TV abierta), rasgan vestiduras y se agrupan corporativamente para defender sus intereses partidarios y personales al constatar que las nuevas generaciones no son dóciles al mandato del establishment. Olieron aromas de explosiones sociales, de desobediencia civil, de manifestaciones multitudinarias, y lo que resulta más preocupante para la élite política-empresarial, es que entre esos aromas percibieron también cierto tufillo a cesación de pagos que podría afectar a determinadas mega empresas, incluyendo al estado, por cierto.

Y contra eso, no hay merchandising, policías ni ejércitos que valgan.

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