Chile. ¿Extranjero, pobre, comunista, mujer, gay, negro?

En Chile se intenta combatir la discriminación con fórmulas de maquillaje que no logran penetrar en la epidermis del sentido común  formada por decenios, siglos, de educación sesgada, trunca, ineficiente.

Y los medios de comunicación que relevan lo chabacano, lo miserable, aquello que anestesia por la vía de mirar para el lado en que las cosas no suceden, hacen del extranjero, si es pobre y negro, un potencial enemigo al que hay que odiar y temer.
Detrás de todo eso,  hay un sistema político que se afirma en la falacia de que el orden que impera es una democracia.

La falsía que se desprende de la afirmación cantada a todo pulmón todas las semanas en las escuelas de Chile, da el puntapié inicial con la bandera izada, a todo lo que viene.

El mentado «asilo contra la opresión» no es sino un territorio en el cual el extranjero, si es negro y pobre,  no tiene opción. Más bien, queda librado a su suerte. Que siempre es mala.

Y desde que la escuela es escuela y la iglesia iglesia, párrocos y programas educacionales, se han esmerado por demostrar que los mapuche son los primeros extranjeros que no merecen vivir en nuestro territorio. Ni merecen salir de la pobreza, porque son todos flojos y borrachos. Ni merecen las tierras que ocupan.

Luego de que esa concepción imbricara sus conceptos con el machismo criollo legado desde el patrón de fusta y pernera, del hacendado con derecho a pernada y del milico abusador e ignorante, la idea de que el macho es el que ordena y dispone para hacer según su antojo, pasó a ser un hecho indesmentible, cierto e inamovible. Y la mujer siguió siendo una sub persona, una sombra que debía obediencia,  sumisión y respeto.

Las instituciones religiosas y del Estado, jugaron su rol que reafirmaba, a partir de los niños de seis años, esas certezas.

Para qué decir la enorme potencia oculta que generó siempre en la sociedad chilena el martirio de la homosexualidad que llevó a despreciar y castigar con el silencio y el ninguneo a nuestra Premio Nobel, Gabriela y lesbiana, a quien se le homenajeaba con los dientes apretados.

Más propiamente nuestro se veía, a nivel de letras y Nobeles, el macho Neruda montando mujeres en los pajares, las cocinas y los salones.

Los regimientos han sido desde siempre nidos que forman soldados que deben odiar tanto al boliviano, como al maricón, al argentino como a las mujeres, al peruano, como al indio.

Tanto loor falso al guerrero mapuche, cuya sangre se supone corriendo por nuestras venas triunfantes, y jamás se ha sabido de un general con apellido de esa etnia. Ni siquiera de un oficial de rango medio.

El milagro de la economía chilena, sumado a la viveza de los comerciantes de personas, han hecho de este país como el principal destino migratorio, luego de USA y Europa. Y aparece como una contradicción que el Estado no fije normas que limiten el ingreso de ciudadanos que no vienen de turistas, sino en búsqueda de una oportunidad.

Nadie sale de su país para vivir en otro porque se le da la gana. Detrás de esa dura decisión siempre hay razones de las más profundas. Y si siempre se emigra prometiendo volver. Uno es de donde tiene su primer muerto, como atinara, preciso, Gabriel García  Márquez.

Los medios de comunicación dominantes, rascas y prejuiciados, describen al migrante como un peligro para los nacionales, potenciales ladrones de puestos de trabajo y agentes de la delincuencia, además de haraganes y pendencieros.

Lo que no dicen, entre otras verdades, es que la llegada de migrantes a nuestro país  viene a resolver el problema de la población chilena que en los últimos decenios iba en franca caída, está en su nivel más bajo en un siglo, poniendo en riesgo cuestiones de carácter estratégico para su desarrollo y seguridad.

Y lo que ignoran a propósito, es que el fenómeno migratorio es irreversible una vez que se desencadena. Y lo que queda es diseñar políticas que hagan de ese fenómeno una realidad provista de derechos, de respeto, reconocimiento y proyección.

Lo cierto es que en breve tendremos el honor de ser testigos del primero paco de piel negra que te hará un parte por conducir fuera de la norma.

Y quizás en un par de decenios el presidente de la FECH será  un mulato de abuelos haitianos. Algo más tarde, el secretario general de Partido Comunista será un nieto de un guerrillero de la FARC.

Y alguna vez el comandante en jefe del ejército tendrá un destellante apellido mapuche.

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