Chile. El calvario

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Toda mi vida he vivido en el Chile neoliberal. Dato irrelevante, claro, salvo que vengas de una familia de trabajadores como yo. Del paraíso que supone vivir en uno de los países con el PIB más alto de América Latina, pasamos a sobrevivir cotidianamente en este infierno llamado “República de Chile”.

En la actualidad, no es un misterio aseverar que, en nuestro país, tal como lo decía a mediados del Siglo XIX Karl Marx, “las condiciones materiales determinan la existencia de los seres humanos”, cierto, en Chile día a día es muy evidente, sin embargo, el neoliberalismo ha ido un poco más allá de lo predecible y tal como lo auguraba Antonio Gramsci el siglo pasado, ha consolidado sistemáticamente una hegemonía cultural abrumadora.

El “laissez faire, laissez passer” (dejen hacer, dejen pasar).  Pensamiento fundamental para entender el liberalismo clásico de finales del siglo XVIII,  ha quedado pequeño e irrisorio al lado de las lógicas extremistas del neoliberalismo que se ha instaurado en Chile, puesto que, ya no solo pasaron y hacen lo que quieren, sino que han hecho del Estado un ente que agoniza, pero que aún tiene facultades para firmar y entregar legitimidad a la abominable “democracia” burguesa.

Más de cuatro décadas de neoliberalismo no son en vano, las ganancias exorbitantes de un pequeño sector de nuestra sociedad, que durante mucho tiempo ha saqueado de forma campante los recursos naturales de nuestro territorio y desmantelado el Estado para su máximo beneficio personal, no paran de crecer y acumular capital. Ganancias que, por cierto, son tan escandalosas como los paupérrimos y vergonzosos índices de distribución de la riqueza, que hacen de Chile uno de los países más desiguales del mundo.

La corporatocracia que somete a nuestra gente, de un tiempo a esta parte, ha profundizado y radicalizado el modelo neoliberal, privatizando todo a su paso, salud, educación y nuestros recursos estratégicos.

El aletargado pueblo chileno ha sostenido durante muchos años el injusto y devastador modelo en el que vivimos, generando día a día inmensas e incalculables fortunas, para que se la sirva y disfrute la canallada que levita en el sector oriente de Santiago.

El problema, es que el neoliberalismo no es solo un modelo económico y político, no solo es una estructura aparentemente visible. El neoliberalismo es también un proyecto “cultural”, que durante décadas ha ido consolidando un “sentido común”, un orden cultural y funcional. La naturalización de ciertas cosas y modos de ver la vida, como por ejemplo, el éxito que supone poseer y acumular cantidades importantes de dinero, la aspiración insaciable de comprar muchos bienes y convertirse en propietario, la descarnada competencia que damos a diario para superar y aniquilar al otro. Nos han hecho creer que la sociedad solo cobra sentido desde la perspectiva individual, más no, colectiva.

El neoliberalismo ha trastocado nuestros valores más humanos y todos aquellos que han sostenido y legitimado esta debacle, son los responsables de nuestra escandalosa e incipiente decadencia cultural.

Nos quieren ignorantes, esa es su mayor carta de triunfo. Por ello, se hace indispensable que la resistencia pase por la organización de los sectores que padecemos este modelo para denunciarlo, lo que exige que nos sacudamos antes de los malévolos egos políticos y construyamos un proyecto político que represente realmente los intereses de las clases populares para plantearnos un nuevo modelo con justicia social, solidaridad y recuperando el poder de la fuerza colectiva.

No podemos seguir siendo cómplices pasivos del oscurantismo reinante en el que vivimos, nuestros abuelos se mueren hambrientos, nuestros niños crecen en la ignorancia y la violencia mientras nuestros jóvenes están condenados de por vida, prisioneros de deudas impagables con la banca privada. El trabajo cada día lo precarizan más y más. Un sistema de salud y educación que es bueno y de calidad solo para los que tienen el dinero suficiente.

Por eso, es una urgencia depurar el Estado neoliberal y avanzar a uno que se ponga al servicio de los sectores populares, que recupere y fortalezca la industria nacional y logre detener la entrega de nuestros recursos naturales a las grandes empresas y corporaciones extranjeras.

El neoliberalismo es el culpable de todos los males que nosotros podamos tener, y silenciosamente, en las vísceras del pueblo, en los barrios de todo el país, se va inoculando un cuestionamiento profundo contra la perezosa oligarquía gobernante y de nosotros depende canalizar la rabia e impotencia de nuestro pueblo para convertirla en un proyecto viable que recupere la humanidad, la solidaridad, la moral, la épica de la victoria y al tiempo que politice todos los espacios de la vida y de la sociedad, para comenzar a superar el calvario que significa vivir en este Chile neoliberal.

 

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