Chile / Cultura. Después de Violeta: Los hijos

Es costumbre antigua publicar los libros por entregas, en periódicos. Desde Balzac a Mariátegui se ha seguido esa rutina. Ahora, por invitación de mis amigos de Resumen, me sumo a la lista. Este es el 11° de 12 artículos sobre Violeta Parra que espero se pueda convertir luego en libro para celebrar el centenario de nuestra autora.

La familia Parra, los hijos de Nicanor y Rosa Clarisa, se dedicaron al trabajo cultural. Nicanor poeta, Violeta cantautora, Roberto decimista –autor de las décimas de La Negra Ester, Oscar hombre de circo, Lalo folklorista, Lautaro decimista. La única que se quedó fuera fue Elba, afectada de epilepsia.

Pero lo que a mí me interesa en la presente nota es la segunda generación. Los sucesores de Violeta. Ella, en una de sus primeras canciones, decía que quería tener un hijo guerrillero. Eso no ocurrió. Pero lo que sí tuvo fueron hijos comprometidos. Si en las primeras giras de Allende lo acompañaba Violeta, en la triunfal –ya ausente la madre- estuvieron Ángel e Isabel. El próximo mes hablaré de otros herederos: los de la nueva canción latinoamericana que nacen a la luz de Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui.

Violeta Parra fue la que educó a sus hijos desde las primeras letras y les dio la formación musical para que continúen el trabajo por ella emprendido. La acompañaron en sus viajes y tomaron contacto temprano con el folklore chileno. Se comenta, por ejemplo, la influencia de Isaías Angulo, eminencia del guitarrón chileno y el canto a lo poeta. Violeta, junto con sus hijos Ángel e Isabel formaron en el París de 1961 el trio “Los Parras de Chile”.

De regreso en Chile, en 1965, ambos hermanos fundaron La Peña de los Parra en la casona de Carmen 340, que se convirtió en el germen de lo que luego se conocería como la Nueva Canción Chilena. Allí se presentaron Víctor Jara, Patricio Manns y Rolando Alarcón, entre otros, con los hijos de Violeta como anfitriones.

Durante esos años, Ángel Parra exploró sonidos de una amplitud sorprendente: de las cuecas de su tío Roberto, a diversos oratorios y colaboraciones con escritores como Pablo Neruda y Manuel Rojas, además de vínculos con grupos como Quilapayún, Los Curacas y los Blops, entre otros. Canciones funcionales (1969), Corazón de bandido (1971), Cuando amanece el día (1972) y Pisagua (1973) son títulos de aquella época, agitada por el devenir de la Unidad Popular e interrumpida por el golpe de Estado.

Isabel Parra por su parte comenzó a forjar una destacada discografía solista, que al principio descansó en las canciones de otros autores -principalmente, Violeta Parra y la naciente Nueva Trova Cubana, además de la musicalización de poetas de habla hispana-, pero que a partir del álbum Isabel Parra Vol. 2 (1968) se afirmó en la composición propia. Igual que su hermano participa del movimiento de la Nueva Canción Chilena, grabo junto a Víctor Jara, Quilapayún, Inti-Illimani y Luis Advis. Con estos dos últimos nombres grabó la cantata Canto para una semilla (1972), basada en las décimas autobiográficas de Violeta Parra.

Evidentemente el golpe fue un momento grave para ambos. Ángel Parra: estuvo en el Estadio Nacional y en el campo de prisioneros de Chacabuco, donde compuso un Oratorio de Navidad que quedó en grabaciones que circularon clandestinamente por años. En 1974 comenzó su exilio en México y dos años más tarde se estableció en París, donde vivió hasta hace poco. Isabel Parra vivió su exilio en La Habana, París y Buenos Aires, donde participó regularmente en festivales y conciertos. Sus discos de ese período no eluden la crítica a los abusos de la dictadura de Pinochet, forjando con ello un incisivo cancionero del exilio. Destacan álbumes como Vientos del pueblo (1974), Acerca de quién soy y no soy (1979) y Tu voluntad más fuerte que el destierro (1983), junto a canciones como “Este presente festín se lo regalo a cualquiera” y “Ni toda la tierra entera”.

Por supuesto también estuvo presente en la producción de ambos el recuerdo de la madre. Ángel escribió Violeta se fue a los cielos, una narración biográfica que luego sirvió como base para la película que Andrés Wood estrenó con el mismo nombre. Por su parte Isabel fue la editora de El libro mayor de Violeta Parra que contiene una recopilación de textos escritos por Violeta Parra, sus canciones, décimas, poemas, cartas y fotografías. También reúne algunos textos de la Isabel Parra, Ángel Parra y gente ligada a Violeta.

Y la cosa no termina. Los nietos de Violeta Parra siguen por los caminos de la música. Sobre todo Ángel Cereceda que desde que comenzó a tocar en la banda Los Tres es un referente de la guitarra eléctrica en Chile. Javiera Parra es lideresa del grupo Javiera y los imposibles. Tita Parra, hija de Isabel, fusiona el folklore chileno con el jazz y el bosa nova. En fin, tenemos Parra para rato.

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