Chile. Crisis en La Moneda: Director de Carabineros y 10 generales más dimiten por caso Catrillanca

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Luego de una tarde de temblores palaciegos, el presidente de ultraderecha Sebastián Piñera confirmó la solicitud  de dimisión del general director de Carabineros, Hermes Soto, el cual sólo horas antes se había negado a renunciar. El gatillante inmediato de la dimisión está asociado al conocimiento público que se hizo de los videos que registran el momento preciso en que un agente de Fuerzas Especiales de carabineros asesinó al líder y comunero mapuche Camilo Catrillanca el pasado 14 de noviembre en Temucuicui, mientras se encontraba en faenas campesinas. Como el ahora ex director de Carabineros Hermes Soto señaló hace días que el único video que existía del crimen fue destruido por el funcionario uniformado que hizo la grabación, con la aparición del registro visual a través del canal de televisión abierta Chilevisión y Ciper, el ex oficial quedó desautorizado institucionalmente en sus dichos.

Piñera también comunicó que el mismo Hermes Soto le pidió la renuncia a los 10 generales más antiguos de la institución, con el objetivo, según el mandatario, de reestructurar el Alto Mando. Carabineros se ha caracterizada por la represión estatal no sólo en contra del pueblo mapuche, sino que por el castigo físico, tortura y abuso sobre todo grupo social que exprese públicamente su disentimiento político con el orden establecido.

La pugna entre la alta oficialidad de Carabineros no es reciente. El anterior general director de Carabineros, destituido por su involucramiento en crímenes de lesa humanidad en la dictadura militar, habría filtrado la ficha de Soto que ilustra sanciones debido a sus frecuentes visitas a prostíbulos hace más de 30 años.

Horas antes de consentir su destitución, según el diario La Tercera en línea, Hermes Soto se negó a renunciar arguyendo que no existían razones para que lo hiciera. Sin embargo, primaron las «razones de Estado» (¿y/o la orden de la embajada de EEUU en Chile?).

Debido a los efectos de la crisis económica en Chile, con aumento de desempleo y alza en el costo de la vida, el ultraderechista Sebastián Piñera viene cayendo paulatinamente en las encuestas de opinión, mientras que la oposición institucional no termina de cuajar ni ordenarse. Igualmente, en los últimos tiempos, Piñera ha impulsado políticas antimigratorias, especialmente en contra de la comunidad haitiana (lo que revela el carácter racista de las medidas), llegando a ser uno de los pocos gobiernos que no firmó el reciente tratado de la ONU sobre migración mundial, acuerdo del que, por ejemplo, el próximo presidente del Brasil, el fascista Jair Bolsonaro se retirará en cuanto asuma su cargo el primero de enero de 2019.

Asimismo, desde hace un tiempo, Sebastián Piñera, militante de Renovación Nacional, ha dejado sus coqueteos con el «centro» del sistema de partidos políticos, aproximándose aún más a su aliado natural, el partido Unión Demócrata Independiente, declaradamente pinochetista, y a la figura y el entorno del fascista del jefe del partido Acción Republicana, José Antonio Kast.

Por otra parte, respecto del modo de enfrentar al movimiento mapuche en resistencia, Piñera ha continuado y profundizado las políticas coloniales y extractivistas que buscan destruir no solamente a la lucha ancestral mapuche, a través de la militarización de la zona donde se encuentran las comunidades indígenas más organizadas y autonomistas, sino que además persigue modificar la Ley Indígena para que un sector de los comuneros, muchos de ellos sumidos en la miseria, puedan vender sus tierras. Si llegara a prosperar semejante atentado contra los derechos y tratados internacionales firmados por el Estado de Chile, la misma resistencia mapuche se podría situar en una crisis de sentido. Lo anterior responde al modo en que el Estado busca facilitar las condiciones materiales para la realización del ambicioso proyecto capitalista IIRSA (por sus siglas en ingles), que a escala continental pretende construir los circuitos que demandan las grandes corporaciones multinacionales para la circulación de las mercancías en su forma de materias primas, para la exportación a los polos centrales de la producción capitalista. En otras palabras, se trata de un plan para despojar de recursos naturales a Latinoamérica y a Chile, a costa de humanidad y naturaleza. Muchos de esos proyectos de infraestructura consideran atravesar territorio mapuche.

Finalmente, Piñera también enfrenta en la actualidad el poderoso paro de las y los trabajadores portuarios que, sumado a las pérdidas financieras por concepto de tráfico comercial, arriesga imposibilitar la realización de los tradicionales fuegos artificiales en el puerto de Valparaíso en año nuevo, una de las principales entradas económicas para esa comuna en materia de turismo. Sin contar con las distintas «zonas de sacrificio» medioambiental que existen en todo el país, pero que se ha manifestado con mayor fuerza en la comunidad de Quintero-Puchucanví-Ventanas, a causa de la intoxicación masiva de personas debido al cordón industrial obsoleto que opera en esos territorios.

En la imagen, Piñera y Soto.

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