Chile: Consejos para elegir al príncipe

Un caluroso domingo, en la Piazza del Duomo en Milán, caí en la cuenta que en la Galería está Rizzoli, una librería como no corremos ningún riesgo de ver en Chile. Me dispuse a buscar “Il sorriso di Niccolò – Storia di Machiavelli”, libro que busco desde su aparición en el 2013. Me creerás o no, sigue agotado después de varias ediciones: cuando un pueblo lee se nota.

Para mi fortuna encontré otros dos títulos del mismo autor –Maurizio Viroli– sobre el mismo tema: Machiavelli, el florentino cuya obra El Príncipe fue publicada hace exactamente 502 años.

En virtud de esa obra Machiavelli goza de una inmerecida reputación de cinismo. Viroli nos entrega una visión muy distinta. Como lo pone The New York Times Book Review, “Viroli logra ofrecernos un retrato fascinante, un antídoto necesario al cliché de oportunismo deshonesto por el cual Machiavelli es ampliamente conocido”.

Por el contrario, dice Viroli, “La libertad era para Machiavelli el valor político más alto y precioso. En su visión, los individuos son libres cuando no dependen de un tirano o de un oligarca que impone su voluntad arbitraria.” En claro, la soberanía reside en el pueblo, en la ciudadanía.

De ahí que si se trata de elegir autoridades, Viroli sugiera escuchar los consejos de Machiavelli. En “Scegliere il principe” el autor comienza explicándose: “Con tantos opinólogos, comentaristas y expertos, puede aparecer como extraña la idea de tornarse hacia Niccolò Machiavelli para que nos ayude a bien elegir nuestro príncipe cuando debemos votar, y para que nos enseñe a ser ciudadanos sabios”. “En realidad –agrega– Machiavelli es el hombre justo”.

Prueba de lo que precede es que “Era un hombre de impecable honestidad, virtud esencial para un buen consejero en cuestiones tan importantes como las políticas”. “Prueba de su honestidad era su pobreza. Después de haber servido al gobierno de Florencia, y haber manejado enormes sumas de dinero, se encontró, cuando perdió su cargo, más pobre que antes.”

Como cualquier ciudadano, Machiavelli tenía intereses personales y ambiciones, sin embargo, anota Viroli, nunca en contradicción con el bien común, y retiene que “Esta es la mejor garantía que de él se pueden tener optimas sugerencias”.

Tú dirás que eran otros tiempos, y Viroli, que previó la objeción, replica: “Respecto a los tiempos de Machiavello, en sustancia, la política no ha cambiado mucho. Los políticos de nuestros días tienen las mismas pasiones de los que vivían en su época: algunos están dominados por la ambición, otros por el deseo de ganar dinero, o por el miedo, o la envidia, o varias combinaciones de estas pasiones…”

Un lince este Maurizio Viroli, y qué decir de Machiavelli que sostenía que “los ciudadanos comunes, no los poderosos, tienen interés en defender la república. Mientras los primeros no quieren ser oprimidos, los segundos quieren dominar”.

Maurizio Viroli subraya el pensamiento de Machiavelli cuando escribe: “Quiere decir que si queremos vivir libres y seguros, debemos estar vigilantes y atentos para impedir que pongan sus manos sobre el Estado y la ciudad aquellos que quieren hacerse los patrones para extraer dinero y privilegios”. ¿Te parece cuento conocido?

Además del voto –sugiere Machiavelli– los ciudadanos deben usar otras formas de lucha como las manifestaciones públicas, sobre todo cuando los gobernantes desean imponer leyes que ofenden los fundamentales derechos de libertad. Una Constitución espuria e ilegítima… ¿califica? Desde luego, puesto que es el más grande atentado contra la libertad de todos.

Viroli destaca aún otro elemento del pensamiento de Machiavelli. “Único, quizás, entre los escritores políticos antiguos y de su época, Machiavelli elogia los conflictos sociales porque estima que refuerzan la libertad. Si el pueblo tiene la fuerza de salir a las calles y alzar su voz, los poderosos tienen dificultades para imponer su voluntad…”

En cuanto al ejercicio de la soberanía, Machiavelli sostenía que lo mejor es que la ejerza el pueblo. Confiársela a unos pocos, o a un príncipe, es un error: “i pochi sempre fanno a modo de’ pochi” (los minoritarios siempre actúan como minoritarios), y por otra parte el pueblo siempre es más sabio que un oligarca.

Machiavelli confiaba en la democracia representativa. Viroli escribe: “Frente al desolador espectáculo de corrupción e incompetencia que ofrecen cada día, desde hace tantos años, muchos de nuestros representantes, la tentación de denigrar la república democrática y los partidos es comprensible pero no es un modo de pensar propio de ciudadanos sabios”.

No hay –dice– alternativas a la soberanía popular, ni a los partidos, aunque sólo sea porque se puede esperar que surjan partidos políticos decentes, con dirigentes decentes.

Para Machiavelli el amor de la patria se confunde con el bien común. Si es casi imposible comprender con raciocinios y cálculos quién sabrá gobernar bien, más vale elegir a quién demuestra amar a la patria y el bien común, en vez de anteponer sus propios intereses.

Machiavelli merece ver reivindicada su memoria: si bien pasó mucho tiempo aconsejando a los príncipes, no es menos cierto que toda su vida fue coherente con la defensa de su patria, de sus compatriotas y del bien común. En él la virtud, noción que más tarde será irrenunciable para Robespierre, es un elemento esencial para la sana convivencia democrática. Los ladrones no pueden ni deben acceder a los cargos de representación.

Habida cuenta de la perversión de nuestras instituciones y de nuestros políticos, Machiavelli, junto con conservar una envidiable modernidad, aparece como el responsable de una profética visión.

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