Chile. Candidatos constitucionales: Ni independientes ni neutrales ni autoproclamados

Jamás va a salir una Constitución democrática de esta operación política que busca dejar en la sombra a los reales protagonistas del momento histórico

¿A quiénes representan los que se dicen independientes y neutrales candidatos a convencionales? ¿Quiénes de los autoproclamados dirigentes sociales que se autoimpulsan como convencionales habrá sido nominado democráticamente por sus bases?

Cualquier pelafustán se adjudica ahora la representación de esa rebelión en estado de pausa que fue capaz de hacer lo que ninguna marcha anterior siquiera vislumbró, por muy masiva y llena de batucadas que haya sido.

Ahora es el tiempo plácido de los oportunistas travestidos y maquillados como representantes de la gente, que se presentan a la justa sin que se les mueva un músculo de la cara.

Es en estos claroscuros de la historia es cuando aparece la crema y nata del oportunismo que tanto daño hacen a las luchas del pueblo.

De la ultraderecha no hay mucho que decir: lo que escuece es la sinvergüenzura de muchos que se autoerigen como “con calle” cuando jamás estuvieron donde la cosa ardía.

¿Qué hacen ahí los personeros de la exConcertación que criminalizaron a los que se pelaron el lomo en las plazas, los asesinados, mutilados, torturados? ¿O los frenteamplistas que firmaron leyes para castigar a los que peleaban?

Amañada con frenos, trampas y chamullos, además de llena de oportunistas, esa Convención de llegar a algo, no será nada de lo que la gente quiere y merece.

Arropados en las tramposas consignas de independientes inexistentes, neutrales imposibles, o supuestos representantes de la gente, esa legión de oportunistas no tiene pudor en lanzarse, cuchillo en la boca, al asalto de la opción de pasar a la historia, con estipendio y claque.

Aunque, en efecto, hay casos notables por lo excepcional, en que la gente hizo saber su opinión.

Queda demostrada la terrible paradoja: precisamente la mayor fortaleza de la gente que se levantó en octubre pasó a ser su mayor debilidad: no contar con organización ni proyecto definidos ni vocerías ni dirigentes legítimos y reconocidos. Y de esto se aprovechas los supuestos representantes del mundo social.

No habrá una Constitución como lo exige el pueblo.

Una vez cocinado el engendro, van a pasar por lo menos dos cosas: la gente reeditará con mayor fuerza aún la movilización que quedó en estado de pausa. Si los supuestos independientes y representantes de la gente creen que van a legitimar la operación que se propuso salvar al sistema, se equivocan.

Las exigencias del pueblo van a emerger con nuevos y mejores bríos.

Y lo segundo que va a suceder, es que lo que vaya a salir como Carta Fundamental durará solo hasta que el pueblo permita que dure. Tarde o temprano, el pueblo será capaz de terminar con esa farsa.

Jamás va a salir una Constitución democrática de esta operación política que busca dejar en la sombra a los reales protagonistas del momento histórico.

Eso sí. Se pudo avanzar en organización y articulaciones, en iniciativas que realzaran el protagonismo de la gente, en experiencias democráticas y populares.

Habría sido diferente con la gente movilizada, alerta, informada y participando activamente desde sus asambleas, hubiera decidido quien los representa mejor en esa instancia, como sucedió en notables y contados casos. La derrota del  sistema en el plebiscito fue clara y contundente: no más de los mismos.

Pero la mayoría de los pseudo dirigentes sociales prefirió utilizar sus espacios de poder para auto inscribirse como notable convencional.

¿Independiente? Ya se sabe, alguien que se erige como tal no es sino un derechista encubierto. ¿Neutrales? Esta especie siempre ha sido la que ha permitido los más grande crímenes ocultos en esa cobarde definición.

Y los autoproclamados no son sino oportunistas que no merecen, sino que el desprecio de sus supuestos representados.

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