Chile. Campañas de trincheras con barras de fanáticos

Según registran las encuestas de opinión, los diferentes postulantes a la presidencia de la república cuentan con bajos niveles en la aprobación ciudadana, pero altos en el rechazo, lo cual señala el descrédito que les caracteriza a ellos y a la actividad política en general. No se trata de un asunto puntual que afecte sólo a un candidato determinado y a su tienda partidista, ya que la mala opinión se expande hacia la totalidad de los miembros que conforman las agrupaciones políticas actuales.

En esas condiciones, los antiguos miembros de la cofradía duopólica (Chile Vamos y Nueva Mayoría) comenzaron a desarrollar la actual campaña por acceder a la presidencia de la república, la cual  se distingue nítidamente de todas las anteriores que ha conocido el país, particularmente por su bajo nivel de discusión y menguada presencia de propuestas serias –de contenido profundo- para el desarrollo armonioso de la sociedad, debido a que en lo relevante tal vez sólo existan diferencias menores, pero nunca de fondo, entre los programas que muestran los postulantes que provienen de la antigua sociedad de intereses que cogobierna el país desde 1990 a la fecha.

Entonces, a igualdad de propuestas y ante la cantidad de empates en asuntos de corrupción y bandidajes varios, habida consideración de ofrecer programas disímiles sólo en detalles y formas, las campañas pertinentes se encuentran azuzadas por fanáticos que pululan en cada bando y no en manos de mentes menos tórridas, como era aconsejable. De esa forma, resultaba de Perogrullo la salida a escena de insultos, acusaciones sin mayor fundamento, amenazas de regreso al pasado o de tránsito a la depredación total del país.

Es difícil criticarle a un candidato su respectivo programa, toda vez que resulta ser parecido al programa propio… entonces, se ataca en lo personal, se buscan incluso los defectos físicos… toda vale en estas campañas deshuesadas y carentes de fondos relevantes. Fustigar al otro mediante caracterizaciones de “comunista” o de “fascista” es una infundada reiteración que en verdad cansa.  Incluso, cierta prensa (o ciertos medios de comunicación) caen en lo mismo, como sucedió con el ex humorista devenido en animador radial, ‘Checho’ Hirane, que en su programa matinal en radio ‘Agricultura’ deslizó una opinión totalmente errada al comentar que periodistas como Mónica Rincón y Daniel Matamala (ambos trabajan en canal cable CNN Chile) “son de izquierda”.

Así entonces, y puesto que al parecer al grueso público tampoco le pica la curiosidad por conocer en detalle los programas de los postulantes, estos se permiten redactar o decir algunas falacias que en otras campañas –en las de antes- no habrían pasado sin sanciones públicas.

Asuntos como los mencionados son considerados “discusiones de fondo” por sus barristas en las actuales campañas. Importantes tal vez, relevantes jamás. Pero sirven para aleonar las huestes de seguidores que reaccionan con virulencia ante cualquier crítica, por objetiva que ella sea. Hoy, el tránsito hacia La Moneda está flanqueado por grupos que más bien simulan ser miembros de una barra brava futbolera que militantes o simpatizante de determinado partido o candidato, cuestión que explica la ausencia de objetividad y racionalidad al momento de debatir, dejando flanco abierto a la irrupción de fanatismos que nada bueno reconocen en el otro postulante y todo perdonan al propio.

Sobre este último punto, imposible resulta dejar sin mención lo que sucede con la fanaticada que sigue y aplaude a Sebastián Piñera. Para ella, nada de lo que haya hecho o siga haciendo el ex presidente enturbiará sus aplausos. Esos “fans” niegan incluso lo evidente y lo comprobadamente cierto. Para ellos todo lo que se dice de Piñera como crítica, es falso de falsedad absoluta, porque el gobierno de ese caballero (2010-2014) fue uno de los “mejores y más brillantes de la Historia de Chile” (sí, leyó bien, de la Historia de Chile… eso dicen sus seguidores).

Para graficar cuán tozudamente cerrados están los fanáticos piñeristas en cuanto a no reconocer los actos cuestionables cometidos por su candidato, nos basaremos en lo que comentó en la página The Clinic On Line el lector Fernando Espejo Labra.

Los fanáticos mencionados catalogan de falso el escándalo de la licitación del Litio, donde en el gobierno de Piñera se procesó al Subsecretario (UDI) Pablo Wagner por asignar la licitación trucha a SQM. Juran que Wagner (lo dice el propio Piñera), es inocente, pese a que  ese mismo subsecretario recibió ‘sueldo’ desde PENTA durante gran parte de su actuar en la cartera.

Solo niega e insulta la fanaticada piñerista cuando se le recuerda el escándalo del litigio con Perú en la Corte de Justicia Internacional en La Haya, pese a que existen presunciones muy serias respecto de una cierta traición a la patria por parte del ex presidente al comprar (durante su mandato) acciones de la  empresa pesquera Peruana –Exalmar- que fue beneficiada con 22 mil millas marítimas, las que Chile perdió con el fallo del tribunal internacional, pero él incrementó sus haberes ya  que en la explotación pesquera en esas 22 mil millas la empresa Exalmar es la principal beneficiada.

Otros escándalos habidos en el gobierno de Piñera (o de su responsabilidad) son aquellos que pocos recuerdan y que sus seguidores se niegan a reconocer, aunque les duele enterarse que su candidato es básicamente un especulador financiero que jamás creó empresa alguna, sino que adquirió muchas mediante acciones que utilizó gracias a información privilegiada.

-Kodama; Ministerio de la Vivienda, renuncia de su ministra Magdalena Matte (UDI, cónyuge del senador Hernán Larraín) por-intentar pagar diecisiete mil millones de pesos sin fundamentos sólidos a la constructora Kodama.

-CASEN y disminución falsa de la pobreza, lo que derivó en un desprestigio internacional para Chile; ello  provocó además cambios en la ficha CAS y pérdida de beneficios de la gente más desposeída del país. El responsable directo fue Joaquín Lavín, a la sazón ministro de MIDEPLAN en el gobierno de Sebastián Piñera.

-Ley de Pesca, donde resultaron procesados el senador Jaime Orpis (UDI) y la diputada Marta Isasi (UDI), lo mismo  sucedió al entonces Ministro de Economía, Pablo Longueira (UDI), procesado también por boletas y facturas falsas en el caso PENTA.

Nunca en nuestra historia política como nación independiente habíamos tenido “hombres públicos” con tan malos antecedentes. A veces es dable penar que algunos políticos actuales  –parafraseando a uno de los peores de todos- serían algo así como el “raspado de la olla”. Esto es ya general en la actividad del sector, porque el otro ‘socio’ que conforma el duopolio, la Nueva Mayoría, habiendo sido alguna vez la esperanza de los menos privilegiados del país, derivó en una cofradía donde el familisterio y la corrupción campean a su libre amaño. Los consecuentes, los asertivos, los sinceros, no sirven en el escenario actual. Se les considera “locos”, peligrosos, “rara avis”, tóxicos (nos referimos a la mejor de las toxinas, la de actuar de frente y con la honesta verdad a flor de piel).

En un sistema con chimeneas con bocas tan estrechas, personas como estas últimas sirven a la política solamente cuando ella se ve amenazada por regímenes totalitarios, pero una vez retornada la normalidad institucional al país, son alejadas, rechazadas y hasta vilipendiadas por los perennes grupos familiares que se apoderaron del asiento del conductor.

En Chile, la actividad política de alto nivel parece reservada solamente para unos pocos, para los privilegiados por nacimiento, para aquellos que forman parte de algunos grupos familiares que han hecho creer al país que sin su concurso la patria se estanca y fallece.

De ese modo, los partidos que forman parte de los dos bloques o coaliciones principales, manejados con especial ahínco por tales grupos, obstaculizan sin pausa el acceso de nuevas mentalidades, nuevos aportes, nuevas ideas. La única vía válida para ascender un par de peldaños en la pirámide política-partidista es aquella que exige actitudes obsecuentes, donde la lealtad se confunde con la incondicionalidad.

Así se explica por qué muchas tiendas son proclives a nominar personas irrelevantes, a veces hasta ignorantes, semi alfabetas en algunos casos, como candidatas a cualquier cosa. Ejemplos sobran. Bastaría indagar en alcaldías y concejos municipales para comprobarlo. Y no sólo en alcaldías, como ya bien sabemos.

 

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