Chile; ‘Buena onda’ y verborrea, insuficientes para ser primer mandatario

El periodismo supuestamente especializado en asuntos políticos había sido en Chile –hasta ahora- bastante mediocre a la hora de entrevistar en serio, y en profundidad, a candidatos que postulan a cargos importantes de representación popular. En el grueso del público quedaba siempre la sensación de que había cierto ‘guante blanco’ usado por la gente de la prensa cuando tenían la oportunidad de confesar a fondo a un político importante.

Esto ha comenzado a cambiar, levemente, es cierto, pero los primeros pasos ya se están dando merced a replicar lo que efectúa la prensa en otros países. Un ejemplo de ello es lo que sucede en las campañas presidenciales de Estados Unidos de Norteamérica, donde  es habitual que los periodistas acosen a los candidatos con preguntas de fondo, quemantes, duras… preguntas “gotcha” les llaman, algo así como preguntas que procuran concretar  la idea de ¡te pillé! En el periodismo político se replica en realidad el efecto que provoca una ‘gotcha’, que es en realidad una bala de pintura utilizada en el juego de guerra conocido como paintball, el cual usa armas inofensivas  para marcar con pintura el cuerpo del enemigo sacándolo del juego.

En algunos programas políticos de la televisión abierta –como “Tolerancia Cero” principalmente- el estilo relatado comenzó a aplicarse con mayor habitualidad en esta temporada, y ya son dos los candidatos a la presidencia de la república que debieron experimentar los efectos de las mentadas preguntas ‘gotcha’, con resultados negativos para la imagen política y posibilidades electorales de esos dos postulantes (Beatriz Sánchez y Manuel José Ossandón). Ambos son “buena onda”, francotes, directos, honestos… pero carentes de conocimientos en materias de alta política y economía. No ocurre lo mismo con Alberto Mayol, quizás el mejor preparado de todo el variopinto grupo de candidatos y pre candidatos, pero carece del inefable “carisma” que atrae al elector, y por el contrario, pareciera existir una especie de desconfianza ‘per se’ en Mayol por dos hechos dignos de ser destacados; por una parte, hay quienes temen que sea un “loco chavista, fidelista castrista” y, en la otra vertiente están quienes le rechazan por ser hijo de un ex colaborador político y administrativo de la dictadura. El peso de la historia reciente le juega en contra, y ese es aún un fardo difícil de arrastrar.

Otro candidato, Felipe Kast, no ha cejado en esfuerzos para demostrar que actualmente, en materias políticas, el sector que él representa (la derecha) carece de ideas políticas de fondo, y basa su postulación en una seguidilla de convicciones religiosas vestidas con

frases bastante añejas que dan cuenta de un conservadurismo propio del siglo diecinueve. “Felipe Kast es un hombre cultísimo, muy preparado, muy inteligente”, aseguró uno de sus seguidores destacando al susodicho. “Filo nazi”, retrucan sus adversarios recordándole los antecedentes de su propia familia, comprometida, en algún grado relevante, en los crímenes de Paine durante los primeros años de la dictadura cívico-militar. Una de sus últimas ‘brillantes frases” ha sido esta (relativa a su oposición frontal a todo tipo de aborto): “Exijo que se respete mi derecho a oponerme”, derecho que por cierto él no respeta en las mujeres que desean abortar, pues tal como lo expresó una chilena en su cuenta twitter, se ve a Kast “exigiendo a un mujer que le respete su derecho a oponerse a que a esa mujer se le respete un derecho”.

Pero, lo relatado en absoluto libera de culpas a otros candidatos, como es el caso de Sebastián Piñera quien jamás desperdicia oportunidad para hablar estulticias que lo dejan metido en berenjenales incluso dentro de su propio corral político.

Fue lo que aconteció con su declaración respecto al espionaje detectado en las oficinas del principal gremio patronal de Chile, la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril), aventurando un juicio audaz: “lío doméstico (ergo, ‘de faldas’)”, para retractarse horas después corrigiéndose a sí mismo: “no tengo certeza de ello”, cargándole el bulto de la responsabilidad a cuatro panelistas de un programa político transmitido  por Canal 13 de televisión (Sergio Melnick, Mariana Aylwin, Patricio Fernández y Pilar Molina). “A ellos les escuché ese comentario”, dijo el candidato. Puede que no haya mentido en esto último, pues necesario es recordar que Sergio Melnick siempre ha sido (y sigue siendo) uno de sus más fieles asesores. Por eso, que cada palo aguante su vela ya que tal vez el inefable Melnick fue el confidente de Piñera en esta pasada, dejándolo trasquilado una vez más.

Y obviamente tenía que llegar en algún momento la ocasión de hacerle al especulador financiero Piñera Echeñique una pregunta incómoda (para él), una pregunta ‘gotcha’. El periodista Fernando Paulsen fue quien lo puso contra la pared al consultarle por sus dineros invertidos en paraísos fiscales, recordándole que en Ecuador el mismo Piñera había manifestado que tales paraísos deberían desaparecer. Ahí entró Tatán en una vorágine de nerviosa verborrea, contradicciones y oposiciones a sí mismo que provocaron incluso sonrisas irónicas en otros panelistas.

En realidad, si de Piñera se trata, podríamos llenar páginas con sus innumerables tropelías bolicheras, una de las cuales traspasó la frontera del patriotismo en beneficio exclusivo de sus intereses personales, como fue el caso Bancard-Exalmar. Otras acciones de este candidato se han distinguido por el alto nivel de soberbia e ignorancia que se desprende de ellas. No obstante, aún tiene a su favor el apoyo electoral de millones de ciudadanos que con tal actitud obligan a pensar que si ellos fuesen dinosaurios, de seguro votarían por el meteorito.

Por su parte, la ex Nueva Mayoría (suponiendo que el PDC se aleja de esa coalición al llevar candidata propia, Carolina Goic, en una demostración pública de cómo se comete un suicidio político) se apresuró en revolver las fichas del tablero y decidió apostar toda su fortuna futura a la misma carta que contaba con el apoyo de algunas importantes organizaciones sociales. Alejandro Guillier fue el nombre escogido. Periodista de calidad indiscutida, ex académico, panelista de peso, senador de la república… y además, un tipo ‘buena onda’. Cualidades necesarias pero insuficientes para convertirse en el primer mandatario de la nación, vale decir, en la persona en la cual Chile y su gente deberán  confiar durante cuatro años. “Es el mal menor”, acotan algunos; “políticamente sabe poco y camina en círculos”, retrucan otros; “se lo van a comer los partidos que lo apoyan”, agregan varios. Como sea, la cuestión es que ni siquiera dentro de las tiendas que sustentan su candidatura hay consenso respecto de sus cualidades políticas. Extraño… y peligroso también.

¿Y qué ocurre con los candidatos restantes, Marco Enríquez-Ominami,  Carola Canelo, Franco Parisi? Poco se puede argumentar sobre quienes ni siquiera logran figurar con un mínimo de probabilidades de éxito según muestran las encuestas de opinión. Parecen carecer, hasta este momento,  de toda chance y su posible apoyo a algún candidato para las elecciones de segunda vuelta podría ser lo único relevante en ellos.

Y si dejamos La Moneda y nos allegamos al edificio del poder legislativo en Valparaíso, deberemos afirmar que nuestro Congreso Nacional hace muchos años ya que no cuenta con parlamentarios de fuste, de nivel como los tuvo en años pretéritos en congresistas de talla enorme, inolvidables, tal cual fueron (entre muchos otros) José Musalem, Renán Fuentealba, Hugo Miranda, Hermes Ahumada, Agustín Gumucio, Volodia Teitelboim, Salvador Allende, e incluso derechistas del nivel que mostraba Francisco Bulnes, quienes prestigiaban el escenario político con sus cualidades culturales y estaturas de legisladores.

Junto a ellos, o sobre ellos, en un régimen presidencialista como el chileno, el país, en gran medida, sentía seguridad en las figuras de sus mandatarios, sin olvidar que a pesar de lo dicho, siempre había oposición a sus mandatos, misma que en algunos casos llegaba incluso a la desobediencia administrativa. Pero, nadie, ni seguidores ni opositores, mezquinaban reconocimientos a sus portes intelectuales, morales y culturales.

De todas aquellas cualidades muy poco queda hoy… al menos, casi nada de ello encontramos en los actuales parlamentarios y candidatos a la presidencia de la república. Recurriendo a palabras directas, respeto a los actuales postulantes a la Moneda la mayoría del electorado no posee el grado de confianza necesario en ninguno que le permita descansar con tranquilidad luego de la elección de noviembre próximo.

Por eso, los candidatos han caído fácilmente bajo las redes de las preguntas “gotcha”, ya que no cuentan con la suficiente preparación para el importante cargo que pretenden ocupar. Un cargo que no amerita poner en práctica la vieja frase con que muchos chilenos creen solucionar todo a medias, a “la que te criaste”, es la frase que reza: “en el camino se arregla la carga”.

Pero, es lo que hay, no existe más grano en el saco  y según opinan muchas personas habrá que votar -al igual que en los últimos años- por el mal menor.

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