Chile. Armando Uribe: Remembranza de un país que mataron

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Estimados periodistas, editores y público en general:

Durante años fuimos amigos con Armando Uribe. Lo conocí en el Chile que era gobernado por Eduardo Frei Montalva. Él llegó a la Cancillería como amigo personal de Gabriel Valdés Subercaseaux, quien era el Ministro de RREE en esos tiempos.

En este Ministerio, -en el cual, aún a mis 83 años sigo trabajando a diario en DIRANTARTICA-, un grupo de Socialistas, que habíamos votado por el FRAP y por Allende el año 64, nos reuníamos, los días viernes, a las 19.00 hrs., en la biblioteca del Ministerio, ubicada en el ala sur del Palacio de La Moneda, donde trabajábamos todos los funcionarios del Servicio Exterior chileno.

Uno de esos viernes, y tipo 20.00 hrs., apareció en esa biblioteca Armando Uribe, quien al vernos explicó que iba a buscar un libro… pero nos miró a todos, y dijo «¡yo también soy socialista!» y pidió lo incorporáramos… Aceptamos en forma unánime…

Recuerdo estaban los poetas Humberto Díaz Casanueva y Roberto Otegui, Hugo Cubillos, y dos o tres más. Yo, que era el «cabro», era el secretario de actas, y resumía los temas tratados, y leía ese resumen el viernes siguiente, al abrirse la sesión . Presidía Díaz Casanueva. Se votó, y aceptamos a Armando en forma unánime.

Pero nunca nos imaginamos lo «hocicón» que era, ya que al siguiente viernes llegó acompañado por… nada menos que el Canciller Gabriel Valdés, quien modestamente pidió ser aceptado como «visita».

Al final de la reunión pidió la palabra, y dijo «¡Compañeros, estoy tan sorprendido y orgulloso de saber que ustedes son parte de esta Secretaría de Estado! Pero además les confieso que son los únicos empleados valiosos de este Ministerio, donde el pijerío lo único que sabe hacer, es acusar recibo de las notas verbales diplomáticas, y lachar con las pobres secretarias. Por ello, los auto-designo mi equipo asesor, y a partir de hoy y todos los días, y todas las horas laborales, las van a pasar conmigo, en una gran oficina, que vamos a inaugurar el próximo lunes.”

Así fue, y el lunes comenzamos a trabajar en equipo, en una sala grande, ubicada en medio del gran comedor, donde almorzaba todo el Ministerio. Fuimos entonces la envidia del resto, que además, ni siquiera pudo decirlo públicamente, ya que los Directores del Ministerio fueron advertidos por el propio Ministro de su decisión de convertirnos en su equipo «Asesor Personal».

En el año 87, como yo era el más joven del equipo, y para foguearme, me enviaron a Brasil, a preparar la próxima visita Presidencial. Allí, y después de que Frei y su Canciller viajaron a dialogar con Costa Silva, que era el Presidente brasileño, tuve el honor de negociar el texto de la Declaración Presidencial Conjunta, en la que se dejó constancia que el señor Presidente del Brasil reconocía que era indispensable entregar en los próximos meses el Gobierno a la civilidad de ese país.

Como mi negociación había sido tan exitosa, el presidente Frei, como premio, me dijo: «Raúl, lo que negociaste es tan importante, que como gratificación, he dispuesto viáticos de 30 días, para que recorras, de sur a norte, todos los Estados Brasileños, acompañando a tu amigo, nuestro gran poeta, Pablo Neruda, dando a conocer una versión bilingüe de sus ‘Veinte poemas de Amor y una Canción Desesperada’”.

Así conocí ese gran país, y junto a nosotros iba Matilde, la cónyuge de Pablo, que a mí no me quería demasiado, ya que me retaba y decía que yo era «el corruptor » de su marido, porque por las tardes nos tomábamos un whisky los dos, y revisábamos verbalmente lo observado en cada lugar visitado.

Todavía recuerdo que estando en Río de Janeiro, me dijo: «Oiga Raúl, a la capital, Brasilia, no vamos a ir, porque a mí me gustan las ciudades que son como las mujeres casadas… trajinadas y sudadas… y esa urbe es demasiado nueva»… En vez de ello, nos reunimos en Río con Oscar Niemayer, el diseñador de Brasilia, quien nos relató todo lo indispensable, sobre todo de los grandes edificios, Itamaraty, los dos «Platos Invertidos», que son el Congreso, y demás; enseguida, nos juntamos con Burle Marx, quien diseñó los pedazos de selva enrejada, que son los parques de esa ciudad. Finalmente, con el equipo encabezado por Lucio Costa , que se ocupó de diseñar el avión y sus dos alas, que componen esa ciudad, el cuerpo del avión donde están los Tres Poderes del Estado, y las alas, que son las súper cuadras donde residen los funcionarios y sus familias.

La visita culminó también en Salvador y Recife, donde visitamos, primero a su amigo y famoso escritor y autor de «doña Flor y sus dos Maridos», Jorge Amado, y luego al Obispo Católico de Recife, quien desde ese instante y hasta los años 80, me llamaba por fono, para conversar acerca de Salvador Allende, de quien él era un gran admirador, y yo su incondicional joven amigo, hasta septiembre del 73, cuando fue derrocado por la soldadesca incondicional del imperio yanqui.

Armando Uribe, siempre fue mi amigo; pero hace 5 o 6 años, cuando lo fui a visitar , me pidió que no fuera más, ni que lo llamara por teléfono, porque a partir de esos días, estaría «esperando a la muerte». Cada cierto tiempo , yo intentaba hablar con él, pero no me abría la puerta, y en el fono me pedía que no lo llamara más.

Creo que lo afectó mucho no tener junto a él a su mujer, y por ello adoptó esa actitud.

Disculpen ustedes lo extenso de este mensaje, pero es que todos estos episodios están vinculados con la vida de Armando… Mis viajes a Brasil él los conoció directamente por mis relatos, y se emocionaba mucho con cada episodio y descripción de estos eventos que le di, por largos años.

Atentamente,
Raúl Elgueta González
Consejero del Servicio Exterior de Chile

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