Chile. A la memoria de don Julio Faúndez, campesino fallecido resistiendo a Forestal Arauco

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En el siguiente texto, en tono histórico y poético, el autor realiza un emotivo homenaje al campesino fallecido hace unos días en la recuperación territorial Mundo Nuevo de Curanilahue,  Julio Faúndez González, en medio de los hostigamientos de Forestal Arauco a la comunidad campesina que se encuentra reivindicando las tierras que fueron arrebatadas ilegalmente en dictadura por la empresa del Grupo Angelini. En el texto se repasa la vida de Julio Faúndez y se pone de relieve la cultura campesina que hoy mantiene un conflicto latente contra Forestal Arauco en la comuna de Curanilahue.

Sostener una recuperación territorial campesina es una tarea difícil. El arduo trabajo diario de transformar el monocultivo forestal en campo para vivir y trabajar requiere compromiso y constancia. La incertidumbre e impotencia frente a los constantes atropellos territoriales y jurídicos de una empresa multinacional exigen fortaleza y paciencia. Pero, sobre todo, la recuperación exige una convicción equiparable al fuego encarnizado que arde por días en la hornilla para transformar la leña en carbón.

Recuperación territorial Mundo Nuevo en Curanilahue

Hoy queremos recordar y homenajear a don Julio Faúndez González, un hombre que desde la primavera del año pasado asumió la difícil tarea de sostener una recuperación territorial, dedicando los últimos meses de su vida a la regeneración de la vida campesina en el fundo Mundo Nuevo y partiendo en plena resistencia a la penetración de la empresa Forestal Arauco en Curanilahue, región del Biobío.

Don Julio, el campo y el carbón

Julio Faúndez González fue nacido y criado en el fundo Mundo Nuevo. Vivió como campesino hasta que el año 1974 Forestal Arauco y la dictadura expulsó a su familia de las tierras que años atrás habían comprado, y de las cuales encontraban sustento en la diversidad y abundancia del trabajo y la producción campesina, que realizaban cooperativamente junto a otras 35 familias.

Habitantes de mundo nuevo antes de ser expulsados por militares y Forestal Arauco

Luego de migrar al pueblo de Curanilahue, don Julio se desempeñó como pirquinero en las minas artesanales que abundaban durante los años 80′. Ya en la década del 90′, la crisis terminal del carbón hizo que tomara otros rumbos y se asentara en la comuna de Chiguayante, donde vivió durante los últimos años de su vida, antes de participar en la recuperación territorial de Curanilahue.

Desde que la recuperación campesina del fundo Mundo Nuevo inició a fines de enero del 2018, don Julio siguió atento los pasos de sus antiguos vecinos y parientes, viajando esporádicamente al campamento a acompañar a su madrastra, doña Gladys Núñez, gran mujer que desde el día uno ha luchado por la recuperación de su tierra y su vida como campesina.

Ya en la primavera del 2019, don Julio decidió a volver a la tierra que lo vio nacer, a construir una nueva vida, con las viejas prácticas y saberes campesinos que en su memoria guardaba. El nuevo campamentero llegó con toda la fuerza y convicción que Mundo Nuevo requería. Como si de un viaje en el tiempo se tratara, el hombre que había sido despojado volvió a ser un campesino, a labrar la tierra y vivir en comunidad, siempre dispuesto a ayudar con las inagotables tareas del campo.

Imagen de Julio Faúndez en la recuperación territorial

La vuelta a su tierra también trajo consigo el reencuentro. Las niñas y niños con los que se había criado en los campos de antaño, con quienes estudiaba, jugaba y recorría los bosques, quintas y ríos de Mundo Nuevo, ahora eran mujeres y hombres con quienes trabajaba y luchaba para recuperar las siembras, chacras, y esteros de Mundo Nuevo.

Al calor de la lucha floreció el amor, nada más y nada menos que con la jefa de la cocina del campamento, doña Delfina Fonseca, con quien don Julio vivió sus últimos meses, acompañándose en las frías mañanas cordilleranas y soñando con el día en que definitivamente recuperarán las tierras usurpadas y harán justicia por tantos años de abuso.

Habitantes de mundo nuevo antes de ser expulsados por militares y Forestal Arauco

Y al calor del trabajo rebrotó la amistad. Don Julio se reencontró con su gran amigo de infancia, don Manuel Medina, y juntos emprendieron el desafío de volver a producir carbón de madera. Don Julio recordaba bien el proceso ya que, en su infancia y juventud, como era común en esos años, se había dedicado a dicho oficio en su antiguo pueblo. Bastó un par de semanas para que construyeran la hornilla y, una tarde de mayo, luego de más de 40 años que no se cosechara carbón en Mundo Nuevo, los dos amigos cosecharon más de 40 sacos.

Don Julio esperaba con ansias a que llegara la primavera para iniciar otro sueño de rescate del patrimonio campesino en la recuperación: construir una ruca con techo de chupón, tal como eran las antiguas viviendas en las que se había criado. Sin embargo, los acontecimientos de la tarde del miércoles 27 de mayo, en medio del actual conflicto de los campesinos con Forestal Arauco, truncarían su sueño al apagar la llama de su vida.

La Batalla de Bajo la Gansa

Luego de desistir de la querella por usurpación contra los campesinos de Mundo Nuevo en diciembre de 2019, Forestal Arauco, por intermedio de empresas contratistas, estuvo intentando penetrar al sector de «Bajo la Gansa» (parte del fundo Mundo Nuevo que se encuentra a algunos kilómetros al sureste del campamento), con la finalidad de cosechar los pinos del lugar. Frente a esto los campamenteros han desplegado diversas medidas para evitar que la empresa logre su cometido, alegando que la multinacional no cuenta con ningún título que acredite su propiedad en el sector. Derivando en un conflicto directo que se prolongó hasta inicios de febrero de este año, y en donde la empresa demostró, una vez más, su indolencia al destruir reiteradamente las construcciones de los campesinos/as.

Faenas de Forestal en las tierras de los campesinos

Se creía que la forestal había desistido, sin embargo, durante el mes de mayo y en plena pandemia, forestal Arauco reaparece en Bajo la Gansa con una medida prejudicial, avalada por el juzgado de garantías de Curanilahue, y que busca prohibir que los campesinos realicen cualquier acción que impida el trabajo de las empresas contratistas. Todo esto en el marco de una inminente acción judicial de precario, que busca desalojar a los campesinos de la recuperación.

Con esta medida prejudicial, las empresas contratistas han vuelto a la carga sobre los pinos de Bajo la Gansa. Mientras que los campesinos, mermados en número por el confinamiento de varios de sus socios en el marco de la actual crisis sanitaria, y consternados por esta nueva arremetida legal, han continuado resistiendo a estos abusos. Sin embargo, es en uno de los primeros embates de esta nueva arremetida de forestal, que don Julio Faúndez cae.

Un caído en Bajo la Gansa

La mañana del 27 de mayo don Julio madrugó, preparando el fuego y el desayuno en la cocina del campamento. A la cola llegó su compañera Delfina, había que salir temprano para ir a Bajo la Gansa a atajar a los contratistas de la forestal.

Los días anteriores se habían vivido momentos de tensión en el lugar con las empresas contratistas ingresando al predio y volviendo a destruir las construcciones de los campesinos. Por ende, los campamenteros se encontraban provistos de palos, en caso de que las discusiones subieran de nivel. Estando ya en el lugar, don Julio reparó en que había olvidado llevar uno, problema no mayor, ya que rápidamente encontró una vara en el sector, la cual se dispuso a tallar con su cortapluma. Se encontraba afanado en ello cuando doña Delfina notó algo raro en su compañero…

Campesinos/as de Mundo Nuevo

¿Habrá sido la preocupación por la nueva arremetida legal de forestal? ¿La impotencia porque volvieron a torcer la ley y a echar abajo el trabajo de los campesinos? ¿Habrá sido el cansancio del cuerpo? ¿El llamado de Dios? Quién sabe, pero don Julio cayó de un ataque al corazón. Rápidamente lo trasladaron al hospital de Curanilahue, luego al regional de Concepción, pero no había nada que hacer, don Julio muere el jueves 28 de mayo de 2020 de un segundo ataque cardíaco.

A sus 66 años don Julio Faúndez muere luchando. Una lucha que su padre había iniciado hace 50 años, pero que había sido violentamente truncada por la dictadura y las forestales, que había retomado su familia y sus antiguos vecinos cuando iniciaron la recuperación un domingo del verano del 2018. Una lucha en la que don Julio se había sumergido en la última primavera, y que estaba ganando día a día cuando despertaba en la tierra que lo vio nacer y trabajaba por recuperar el campo de antaño. Una lucha en la que don Julio y don Manuel supieron revivir la llama del carbón de la memoria de Mundo Nuevo. Una lucha en la que don Julio soñaba con ser feliz junto a su compañera y sus amigos de la infancia, trabajando del campo y viviendo en una ruca de chupón, como la que lo vio nacer. Un sueño que ardía fuerte en las manos de don Julio, pero que de un momento a otro se hizo ceniza.

Protesta en Concepción de Campesinos de Mundo Nuevo

Así como la ceniza de los bosques de antaño, que la forestal quemó para llenar de monocultivo. Así como la ceniza de las rucas de chupón, que la forestal quemó para expulsar a los campesinos. Así como la ceniza de los sueños de cuanto campesino y campesina que no ha partido con la esperanza de recuperar la tierra que le quitaron. Don Julio se fue con la preocupación de que la ceniza volviera a teñir los campos de Mundo Nuevo, y el sueño de la recuperación fuera desalojado por la empresa.

La ruca de chupón que soñaba fue reducida a cenizas como la ruca de chupón en la que nació. La muerte de don Julio es injusta y hay que luchar por su justicia. La justicia de todas las campesinas y campesinos que han muerto con el sueño de recuperar la tierra que fue robada. La muerte de don Julio es injusta y hay que luchar por su justicia, así como don Julio batalló los últimos meses de su vida. Con el compromiso y la constancia de trabajar día a día por recuperar el campo en la tierra devastada. Con la fortaleza y la paciencia de resistir a los abusos y atropellos de la máquina forestal. Con la convicción del fuego de la hornilla, que arde días y noches para transformar la madera en carbón, el sueño de Mundo Nuevo arde en la lucha de cada batalla para resistir a la forestal, arde en el trabajo de cada día para recuperar el campo, y arde en la memoria de todos los que luchan por hacer justicia por los que ya no están. A su memoria Don Julio, acá seguimos luchando.

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