Chile. 29 de junio 1973 -2020: La lucha continúa

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Junio es un mes grabado a fuego en la memoria histórica de nuestro pueblo. En Chile el invierno llega con su crudeza, con las lluvias que inundan  casas y calles de poblaciones pobres, de campamentos de “los sin casa” protegidos con plásticos, el frío cobra vidas en aquellos que duermen a la intemperie.

Las inclemencias del tiempo, las pandemias, las crisis económicas, los efectos de la explotación de territorios, siempre las pagamos quienes vivimos en la pobreza, y lo hacemos con nuestras vidas. Nos exponemos a diario al peligro de morir. Por ello, el gobierno de la Unidad Popular, liderado por el presidente Salvador Allende, fue una esperanza para este pueblo pobre, una posibilidad concreta de poder cambiar nuestras vidas destinadas a vivir en la constante espiral de sobrevivencia.

Los que hoy se paran en el púlpito para hablar de la vida, la familia, los que nos dan lecciones sobre institucionalidad, que nos hablan de republicanismo y una sancrosanta paz social, se armaron de toda la violencia posible para frenar este proceso. No trepidaron en mentir, torturar, asesinar, desaparecer cuerpos y sembrar su odio de clase contra “el roterío”, “el rojerío”, “upelientos mugrientos” que llegaban a ensuciar los sillones de ese poder que siempre había estado a su servicio.

Así llegó junio de 1973 a Chile, en medio de destituciones de ministros, confabulaciones de Honorables en los pasillos del Congreso. Se dio curso a la amenaza lanzada desde Washington, cuando Richard Nixon prometió «hacer aullar» la economía chilena si triunfaba la UP. Los empleados de El Teniente, llevaron a cabo una huelga que alcanzó los 60 días, en un claro boicot a las arcas del Estado y al sustento de este pueblo.

El 29 de junio de 1973, la llegada del invierno seguía su curso. Leonardo Henrichsen, se preparó como siempre para realizar el trabajo, captar con su lente los acontecimientos del día. A las 08:55 la violencia espuria del brazo armado de los empresarios comenzó su movimiento de tropas. El regimiento Blindado Nro. 2, dirigido por el coronel Roberto Souper se alzó contra el gobierno de Allende y dirigió su huestes hacia el palacio de Gobierno, instalando tanquetas de guerra en las puertas de la Moneda.

Mientras la radio “Luis Emilio Recabarren”, leía un comunicado de la CUT para llamar a los trabajadores a estar en alerta y “ocupar inmediatamente fábricas, industrias y centros laborales”, Leonardo Henrichsen, camarógrafo argentino seguía con su lente a los sediciosos fascistas. En las calles Agustinas con Morandé, apuntó su lente a la patrulla, siguió sus movimientos para captar el momento en que su asesino le dispara,  su cámara que sigue grabando cae al suelo. Ese 29 de junio fueron asesinadas 22 personas y dejó más de 100 heridos.

En tanto, los jefes de Patria y Libertad se asilaron en la embajada de Ecuador y el genocida golpista iba armando su telaraña. Por la tarde trabajadores y pobladores salen a las calles a celebrar la victoria. La primera fase del golpe fascista empezaba su rodaje, para dar paso a los hijos de Chicago, que llegaban a exprimir vidas y territorios.

Hoy, 47 años después, la pandemia recorre las calles de la pobreza, esa misma que había estado oculta detrás de un espejismo incrustado en nuestras mentes a través de matinales que nos hacían ver un oasis reverberante. Un oasis que sólo calma la sed de grandes empresarios. Ellos pueden sentarse cómodamente en sus hogares bien calefaccionados y sin goteras, pueden pagar una buena educación a sus hijes, pueden internarse en clínicas de primera categoría para librar enfermedades globales, pueden envejecer sin tener miedo al frío, a la humedad que llena los pulmones de virus, que nos hace morir en el más absoluto desamparo.

El frío de junio cala dolorosamente en los huesos de quienes vivimos con lo mínimo, buscando el calor que se esfuma entre el barro, entre tanta inundación, entre desplazamientos de tierra si llueve mucho, el frío no tiene piedad con el hambre. El hambre se amplifica con la falta de agua, que nos impide sembrar nuestro alimento.

La pandemia puso en pausa la rebelión de octubre, pensaron que el confinamiento y sus leyes fascistas represivas iban a poner en pausa la indignación.  Pensaron que olvidaríamos a nuestros Prisioneros Políticos, las torturas, la crueldad de la violencia sexual política, a quienes fueron asesinadxs. Piensan que podemos olvidar.

En medio de mentiras transmitidas en directo, toques de queda, restricciones de circulación, con un Estado represivo que no puede frenar virus ni rebeliones, pese a que la muerte apila cuerpos  de pobres en las morgues, la organización se levanta en los territorios y se vuelve olla común para paliar el hambre. Somos el “rojerío” que ya constató un gran verdad, sólo el pueblo ayuda al pueblo. Nos quisieron transformar en una “chusma inconsciente”, pero vamos ganando paso a paso esa batalla.

Así como no olvidamos, el frío no logra entumecer nuestra ternura, no congela nuestra acción, y allí estamos con la harina, el zapallo, juntamos los pesos, vamos a rondar los rastrojos de las ferias libres y armamos el almuerzo comunitario, en un país con varios pueblos que se unen, que siguen cantando, que enarbolan la bandera mapuche, la wipala, que integra voces y que resiste.

A 47 años de ese 29 de junio, en que el odio de clase y la violencia del fascismo mostró su real cara, recordamos la valentía de quienes no sobrevivieron, recordamos a Leonardo y se le rinde un homenaje en quienes hoy portan lentes que capturan la resistencia de un pueblo que se rebela, esas imágenes que se enlazan en una, para dar cuenta que la lucha continúa.

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