Chavismo: Algo de Historia IV

Un extracto del discurso del presidente Hugo Chávez en el acto de inicio de campaña PSUV en El Poliedro de Caracas. Lun,  13 de octubre. 2008

“Voy a leer la reflexión de Fidel…: Hugo Chávez es un soldado venezolano en cuya mente germinaron de modo natural las ideas de Bolívar…Bueno aquí Fidel tiene mucha razón yo lo que soy es un soldado…porque la conciencia nunca termina de crecer, debemos alimentarla con el conocimiento con el debate con la crítica con la autocrítica, poderoso instrumento necesario para hacer una revolución verdadera la autocrítica entre nosotros mismos…”

¿Cuáles son esas ideas de Bolívar que, según Fidel Castro, germinaron naturalmente en Chávez?

Es posible que leyendo una parte de La Carta de Jamaica de 1815, escrita por Simón Bolívar podamos aclarar algo: “Ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria…. Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, deberían, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse….  Pienso como Vd. que causas individuales pueden producir resultados generales… Yo diré a Vd. lo que puede ponernos en actitud de expulsar a los españoles y de fundar un gobierno libre: es la unión, ciertamente; mas esta unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. La América….halla abandonada de todas las naciones…ni auxilios militares, y combatida por la España, que posee más elementos para la guerra que cuantos nosotros furtivamente podemos adquirir” *.

El 22 de enero de 2009, cuando Hugo Chávez escribió sus  primeras “Las líneas de Chávez”, ya se autodefinía como un soldado:””…..Soy, en esencia, un soldado. Y como tal, fui forjado en la escuela del compromiso y la obediencia al legítimo poder que orienta el esfuerzo colectivo…”.

Chávez no fue un político cultivado en la universidad, ni participaban en él cualidades del mismo como la mesura y la responsabilidad del verbo, características necesarias para dejar que la realidad actúe sobre el hombre sin perder el recogimiento y la tranquilidad **.

No obstante, el primer plano en la escena mundial le subyugaba tan constantemente como su pasión por la revolución bolivariana.

Cuando Bolívar hablaba de España, también hablaba de todos los hombres que abrazaban la defensa del yugo español. Cuando Chávez hablaba de los Estados Unidos, hablaba de todo quien le apoyara.

Cuando Bolívar hablaba de formar una sola nación con un solo vínculo y un solo gobierno, Chávez hablaba del socialismo del siglo XXI como gobierno y vínculo, y el mundo como nación.

Bolívar fue un hombre de armas por excelencia, y como tal consideraba su uso como medio indispensable para el logro de la libertad. Pero no conozco pasaje histórico que catalogue al Libertador como comunista y abolicionista de la propiedad privada, incluso burguesa.

Cuando Bolívar hablaba de no esperar prodigios divinos para el triunfo de la unión, hablaba de organizarse y armarse para enfrentarse al poder español, y no del establecimiento de la fase superior al capitalismo y la instauración del comunismo.

El presidente Chávez hablaba de la revolución del proletariado como fenómeno que desplaza al oligarca, a la actual clase media y al recién llegado revolucionario. Hablaba de la abolición de la  propiedad privada [entendida como se expone en el Manifiesto Comunista. Pág.38] como  camino para el fin de la desigualdad universal y la desaparición de los capitalistas.

Negar que Chávez fuese bolivarista es una necedad. Pero pareciera que el presidente venezolano hizo acopio sólo de algunos pensamientos de Bolívar. Seguramente, otras ideas del libertador no germinaron tan naturalmente en el  líder rojo como la ya citada en el discurso de Angostura en 1819 y la de 1826: “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos….porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder”.

Otra, cuando en su carta del 4 de junio de 1826, expresaba al presidente del Senado de Colombia: “La Constitución no quiere que un ciudadano rija la nación por más de ocho años; ya la he mandado catorce en medio de la guerra y la revolución; entre las leyes y la dictadura. Mi horrible profesión militar me ha obligado a formarme una conciencia de soldado, un brazo fuerte que no puede manejar el Bastón sino la espada. El hábito de la guerra,…me han puesto fuera del mando civil. Lo digo con rubor, más debo confesarlo”.

El sincretismo del líder barinés bañaba de sombras el mundo que ofrecía, como el que el mismo Bolívar expuso en su discurso de Angostura: “El  sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

Si los mismos seguidores bolivarianos se preguntan, cuál es ese mundo y si el gobierno del presidente Chávez es el mejor posible, sus opositores gritan al mundo de hoy, cómo es posible ofrecer algo tan complejo, si no fue capaz de definir lo que es el socialismo del siglo XXI.

Si sus seguidores entienden que su léxico es necesario para lograr el mejor entendimiento, sus opositores concluyen que su léxico fue vulgar y neutro, pero local, cercano del contexto y de la historia que los venezolanos han vivido y, por ello con gran capacidad de transmisión de pertenencia y de información.

Pero al lector avezado le causaba tribulación cuando Chávez pedía más capacidad de crítica y autocrítica y acontecía, y lo hace hoy, el desasosiego por el temperamento del ordeno y mando del líder bolivariano, por su discurso y por la extrema lealtad de sus incondicionales.

En junio de 2009 el Centro Internacional Miranda [CIM], ofreció el seminario «Intelectuales, Democracia y Socialismo: Callejones sin Salida y Caminos de Apertura». Entre los 30 intelectuales participantes estuvieron Vladimir Acosta, Luis Britto García, Eleazar Díaz Rangel, Roland Denis, Juan Carlos Monedero, Marta Harnecker y José Carlos Carcione. Todos catalogados como revolucionarios bolivarianos.

Dentro de las discusiones surgieron temas como la incapacidad de los medios de comunicación para aumentar su clientela la cual no pasaba del 8% de audiencia con 6 televisoras públicas, la definición del socialismo del siglo XXI, la falta de crítica y autocrítica, el Hiperliderazgo de Chávez y la necesidad de «una dirección colectiva…que…derrote el clientelismo partidista y funde las bases de un verdadero partido revolucionario…. que reconozca la libertad de crítica y profundice la democracia dentro del partido».

Fueron propuestas sobre las que la respuesta oficial se hizo fuerte.

El entonces canciller Nicolás Maduro reclamó a los intelectuales que participaron en el foro del CIM que debían «ponerse en sintonía con la agenda del PSUV», en vez de «hablar paja». Y el presidente consignó: “Algunos sectores reclaman que en el PSUV no hay crítica, no hay autocrítica. Aunque no es el partido perfecto, yo difiero de esa opinión. Hay muchas formas para hacer la autocrítica, y muchos espacios, y hay que hacerlo desde las bases…» ¿Qué es un intelectual? ¿El pueblo no es intelectual? ¿Los intelectuales son una casta, son seres superiores que tienen la varita mágica? No, no, no, no. Hay algunos que se lo creen: «intelectual». Y se reúnen a deliberar y creen tener la fórmula del bien y del mal, ¡algunos asumen posiciones de jueces infalibles!..”.

Por su parte, el Semanario “Debate Socialista” Nº 60, presentó el encuentro como una discusión de las clases sociales reacomodadas, compuesta de una ideología pequeño burguesa fabricante del contrachavismo.

Si Chávez quería críticas, ¿por qué reaccionó creando una distancia ideológica y social entre sus intelectuales y su gobierno “operativo” [clientes, oficialistas, subsistidores de la política]?, porque veía en ellos a los socialdemócratas de toda la vida, a los reformistas, a quienes sin ningún rubor pretendían gozar del dominio exclusivo del conocimiento

¿Si los intelectuales bolivarianos no negaban la lucha de clases, dónde estaba la diferencia y la razón del embrollo? El contenido de la respuesta no puede ser único, apuntamos hipótesis como: La inmadurez política e intelectual del gobierno. La falta de definición de lo que es el socialismo del siglo XXI. La practicidad de los revolucionarios versus la teorización de los intelectuales.

Quizá por ello la crítica fuese bienvenida siempre que no quisiera hacer reformas sobre la revolución y el líder máximo.

Otro de los participantes al seminario del Centro Internacional Miranda, Roland Denis [escritor y militante político venezolano, vinculado a los movimientos de base y autor  de Los fabricantes de rebelión; movimientos populares, chavismo y sociedad en los años 90. Y viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003 del gobierno Chávez] insistió en la necesidad de una segunda rebelión antiburocrática e igualitaria; en la politización de toda revolución: El pueblo, y en una línea de acción que no se corresponda con el ordeno y mando.

* Escritos de Simón Bolívar. Carta de Jamaica. Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla. Kingston, 6 de septiembre de 1815.

** Max Weber. El Político y el Científico. Pág. 153.

José Antonio Medina Ibáñez

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