Chau 2018, ya se arrima 2019

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Un año atrás para esta misma fecha dije: Que la desesperanza no nos venza: ¡Bienvenido 2018, pese a todo, pese a tanto…!”

Hoy debo reconocer que es tanta la bronca que siento, rayana al odio, que no me animo a hablar de esperanza, no diciendo con esto que piense, siquiera remotamente, estancarme o enmudecer ante cada injusticia que se seguirá cometiendo.

Lo que sí debo asumir con tristeza es que las palabras que me brotaban casi espontáneamente, entraron en huelga parece ser que por tiempo indefinido. Lo que se está viviendo en mi país superó lo padecido en las peores épocas de capitalismo arrasador, desde que tengo memoria. Y estas situaciones desequilibran, asfixian, nos dejan al borde de un estallido interno.

Olas de despidos de trabajadoras y trabajadores; fábricas y escuelas que se cierran; hospitales que dejan de funcionar o están a punto de; adultos mayores con más tristeza que nunca reflejada en sus miradas; discapacitadas y discapacitados largados a su –mala- suerte; criaturas y sus padres-madres durmiendo en las calles. Tarifazos, recorte de salarios, zozobra respecto a qué pasará mañana, con qué nos encontraremos.

Un pueblo como adormecido a palazos tratando, en muchos casos pero nunca tantos como hacen falta, de asirse a la dignidad como elemento salvador, merecido, imprescindible, para seguir sintiéndonos dentro de la escala humana ahora gobernada por una caterva de bestias que no llegó sola, sino que fue empujada por la irresponsabilidad de muchos de arriba y muchísimos de abajo, ahí radica lo más perturbador.

Pobres que eligieron los rostros de sus verdugos pensando que un “rico –además rubio y de ojos celestes- no habría de robar”, sin detenerse por un segundo a sospechar ¡de qué manera un rico se hace rico si no es con sangre de pobre en las manos!

Pensar en el año que se va es imaginar el desastre que viene, aunque por momento divague en que tal vez dentro de poco seamos capaces de dar vuelta esta historia genocida, repulsiva, aberrante.

Solo agarrándome con fuerzas a este último pensamiento es que me siento en condiciones de esbozar estas líneas.

Pese a todo, pese a tanto, no quiero dejar pasar estas fechas sin estrechar en un fuerte abrazo a los compañeros y compañeras en mi tierra y en tierras hermanas, amigos reales y virtuales, familiares.

A cada trabajador y trabajadora de nuestra América Latina tan herida como está nuestra Argentina, porque el neoliberalismo nos asestó un golpe del que será muy difícil reponernos si no tomamos conciencia de que el fascismo es esto. Y tiene cómplices y adulones que lo sostienen.

Por un 2019 donde la justicia social, ya no digo que pueda asentar sus bases, sino que se arrime un poco.

Por los prisioneros y prisioneras en lucha.

Por mis muertos y tus muertos.

Por las y los desaparecidos.

Por nuestros vivos que siguen soñando el mundo que merecen nuestros hijos e hijas; nuestros nietos y nietas.

¡Y por supuesto, por los que no pueden brindar!

POR LA UNIDAD DEL CAMPO POPULAR que cuándo quiso fue capaz de dar vuelta historias macabras como la que estamos padeciendo.

Abramos los ojos, nos están pasando por arriba, que seamos capaces, URGE!!!!!!!!!!!!

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