Cerraron La Ingobernable

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Madrid, Atocha, Paseo del Prado. El edificio de calle Gobernador vacío. Ventanas cerradas y puertas tapiadas. Hasta los ladrillos se han oscurecido. Desnudaron la fachada y quitaron las pancartas que junto a las telas moradas coloreaban la avenida. Cerraron y nos robaron las vistas. “No las merecíamos”, decían algunos… ¿por qué? Miles pudieron disfrutarlas y así, allá arriba, sintieron suyo, de nadie y de todas ese pequeño espacio de libertad ‘privilegiado’ arrancado. Unas vistas al Prado.

Me asomo por una de las ventanas a pie de calle, oscuridad y silencio. Recuerdo a las personas que se paraban intrigadas. Muchas saludaban y pasaban, otras seguían de largo y, las menos, nos insultaban. Caras de diferente procedencia y edad se sorprendían al entrar y ver el patio de colores, fuentes y plantas lleno de gente —antes era un zulo gris que no invitaba ni a fumar— y se quedaban. Sigo por la calle en paralelo al pasillo de graffitis, exposiciones fotográficas o viñetas de El Roto, alzo la vista, por aquí se subía a la primera planta y la sala de fiestas, otro lujo a criminalizar, poder escuchar música y disfrutar sin pagar. Vi un vídeo de un chaval de Madrid que se lamentaba porque las casas de apuestas eran de los pocos lugares accesibles en su barrio para tomar ahora una cerveza. No empezó por ludopatía, empezó por una cuestión de clase.

Subo con la mirada a la segunda. Reuniones, talleres de poesía, baile folclórico, yoga, actos culturales y políticos, lugares de encuentro y aprendizaje donde se empezó a formar ese ecosistema mezcla de centro y periferia. Estiro el cuello, veo la tercera, antes pasillos y salas bullían repletos de cine, teatro, arte. Allí aprendimos e instalamos software libre, nos pegamos en boxeo y empoderamos en autodefensa feminista. También descubrimos la salsa y vimos cómo chavalas y chavales venían fuerte a decir basta al cambio del climático.

Todo cerrado. Terminaron la tarea comenzada por Ana Botella: conseguir un esqueleto más con el que especular en el centro de Madrid. De centro de la UNED pasó por centro de salud a edificio vacío, expropiado y regalado a intereses privados a todo correr en su último pleno. A iniciativa del PP sí, pero con el beneplácito de todos aquellos que se quedaron mirando. Hasta el gran delito. En 2017 el edificio fue recuperado, abierto y utilizado para señalar una operación corrupta (más) que habíamos pagado. Las vecinas y movimientos, organizadas y en colectivo, se reapropiaron de un recurso inutilizado para devolverlo a un aprovechamiento común y así usarlo como forma de prolongar la denuncia a esa vorágine saqueadora. Desplazando la idea de los malos, vender a cachitos los bienes públicos para sacar beneficios privativos. Por la nuestra, reemplazar esa visión del valor como mercancía que beneficia a unos pocos por la del valor social al alcance de muchas y muchos. Por eso debían cerrarlo.

No, a día de hoy no han vaciado el CS La Ingobiernable. Pero quieren.

El trifachito acecha y los intereses no duermen. Esa insistencia en campaña, esa criminalización constante, esa extrema y extraña prioridad de echar a los okupas con urgencia, por encima de los problemas de vivienda, energía, agua, contaminación o desigualdad que sufre esta ciudad. Se ha creado una trinchera que les es inaguantable y su prioridad es acabar con todo aquello que se pueda auto-organizar y crecer para señalarles.

Se ha creado una trinchera que les es inaguantable y su prioridad es acabar con todo aquello que se pueda auto-organizar y crecer para señalarles

Mientras, la cintura del PSOE no defrauda —pasaron de desalojo inmediato a inmediato diálogo tras el apoyo masivo de este verano— y parece que otros jugaron tanto a ‘dar la vuelta al tablero’ que se quedaron pensando en una sola carta. Olvidaron que la partida se juega con varias piezas y defender la Ingobernable es fortalecer un dispositivo más del movimiento que tanto necesitamos en este y todo momento. Espacios saneados, diversos, mezclados, libres de liderazgos masculinizados, dolores y violencias tan presentes en la política institucional.

Y si ‘Un Madrid Ingobernable es Indesalojable’ es porque ya les pusimos en duda, ya les señalamos, nos encontramos, conectamos y nos sabemos juntas. Pero nos necesitamos a todas cuando los malos vengan, porque no nos podemos permitir abandonar lugares donde desde la cercanía, la diversidad y los cuidados se fraguan esos proyectos emancipadores que perseguimos.

Fuente: El Salto

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