Cernuda, entre realidad y deseo

                      Sigue, sigue adelante y no regreses,

                      fiel hasta el fin del camino y tu vida,

                      no eches de menos un destino más fácil,

                      tus pies sobre la tierra antes no hollada,

                     tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Allá, en México, en donde había buscado refugio, huyendo en 1938 vía Londres,  se quedó y allá se apagó su vida el 5 de noviembre de 1963, hace ahora pues cincuenta años. Quien había nacido sesenta años antes, el 21 de setiembre de 1902, en la calle de Tójar, 6 ( hoy Acetres) de Sevilla y  bautizado con el nombre de Luis Cernuda Bidón, se convertiría con el paso de los años  en paradigma de la delicadeza y la sensibilidad hechas versos.

Ya a temprana edad va a recibir el aliento de la poesía, que no le abandonaría ya, al caer en sus manos, cuando tenía nueve añitos, unos versos de Gustavo Adolfo Bécquer, poeta que va a dejar su honda huella en el futuro escritor sevillano. Ciertos toques de romanticismo siempre van a ribetear los sintientes versos del autor de Ocnos. Fue, por otra parte, su maestro, y también poeta, Pedro Salinas quien abrió los ojos a nuestro hombre a nuevos horizontes poéticos; muy en concreto a los franceses: Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire, Verlaine, André Gide, este ultimo va a cautivar a Cernuda tanto por su extremada sensibilidad,  como por su adoración a la exhuberante naturaleza y por su canto desbordado al amor hacia el mundo y, también, hacia sus habitantes. El posterior descubrimiento del surrealismo origina en el sevillano una relación de simpatía y sintonía absoluta con ese tono irracionalista e irreverente para con la sociedad bienpensante y sus estrictos códigos morales; no ha de obviarse que Cernuda se había educado en un ambiente familiar austero y de costumbres castrenses, ya que su padre era militar.

Ya en algunos de los detalles avanzados en las líneas que preceden asoman algunos de los ejes sobre los que va a girar su poesía, que responde con un paralelismo cuasi-geométrico con la experiencia de su vida ; no de su anecdotario cotidiano, sino de los sentimientos esenciales del vivir humano: angustia, soledad, momentos dramáticos y  sentimientos de vacío y de distanciamiento con respecto al universo vacío, y con respecto al habitado. Va a ser así su trayectoria una peregrinación a lo Sísifo queriendo lograr ciertas cosas, mas siendo consciente al mismo tiempo, de la imposibilidad de alcanzar las cimas soñadas; tension trágica que se desarrolla entre el amor y la muerte, Eros y Thanatos, que hacen de la vida de los humanos un topos contradictorio que provoca ineludiblemente un sentimiento de vacío, de soledad, de desolada perplejidad al tomar conciencia de la escisión abierta entre el ser de las cosas y la imagen-e imaginaciones- que de ellas nos hacemos. El amigo americano, Philip Silver, ha llegado a hablar del  poeta como “poeta ontológico”.

Sus propias circunstancias existenciales, y quizá con mayor peso su propio temperamento, van a hacer de Cernuda un ser rebelde, inquieto, inconformista e insumiso en lo que hace al academicismo que él observa en algunos de sus maestros que usan la poesía más como escalera para ascender en el escalafón que como verdadera vocación de poner el mundo en palabras haciendo honor así al oficio poético, que -según su vision – viene a estar ungido por un carácter demiúrgico y creador alejado de las visiones ramplonas de lo que en el mundo acaece; también se va a traducir su rebeldía en sus posicionamientos ante las convenciones sociales y las normas que lo regulan todo señalándonos  lo que inevitablemente debemos cumplir si queremos ser aceptadoss por la tribu. Tanto su modo de vida,, su condición de exiliado, su compromiso político como compañero de los comunistas, así como su sexualidad diferente, vivida con naturalidad-y sin atormentadoras culpabilidades-  que no con militancia orgullosa,, son algunos de los ingredientes que hacen de Cernuda ese inconformista que siempre fue y que no tuvo pelos en la lengua para decirlo en prosa y para elaborar versos transparentes que recogiesen esa manera de ser y de actuar con una claridad, en lo esencial, no en lo circunstancial. 

Él mismo señalaba con nitidez las claves de su quehacer poético: << el instinto poético se despertó en mí gracias a la percepción más aguda de la realidad, experimentando, con un eco más hondo, la hermosura y la atracción del mundo circundante. Su efecto era, como en cierto modo ocurre con el deseo que provoca el amor, la exigencia dolorosa a fuerza de intensidad, de salir de sí mismo, anegándome en aquel vasto cuerpo de la creación. Y lo que hacía aún más agónico aquel deseo era el reconocimiento tácito de su imposible satisfacción…Así pues, la esencia del problemaa poético, a mi entender, la constituye el conflicto entre realidad y deseo, entre apariencia y verdad, permitiéndonos alcanzar alguna vislumbre de la imagen completa del mundo que ignoramus >>. Alcanzar la plenitud es el inalcanzable objetivo del poeta, observar fenoménicamente los objetos del mundo pero tratando de captarlos en su esencia (noúmenos), en su iluminación, en esa especie de momento prrivilegiado (kairós), para en fase sucesiva hallar las palabras que lo expresen y que vayan acompañadas por la música silenciosa del poema. El amor y el deseo como potencias positivas que impulsan el camino de la búsqueda que solo podrá verse truncada por la muerte, como fin de todos nuestros anhelos. En este tenaz y lúcido combate en el que la derrota está cantada desde el inicio, no es de extrañar que una cierta tristeza sea constante acompañante de nuestro poeta, como si se añorase una especie de pérdida original en los lares del paraíso inexistente. El poeta se alza en notario de esa brecha entre el deseo y la realidad, lo cual en el caso que nos ocupa no relega al poeta a una aceptación estoica de lo que hay, sino que le impulsa a la búsqueda de la lucidez en la brecha mentada, en ese vacío al que se ve arrojado el poeta cuyo deseo es utilizado como potencia positiva, creadora y afirmativa, mostrándose en ello cerca de los presupuestos spinozianos y/o nietzscheanos mas manteniendo también una vision de una falta o división que desde el principio reside en el propio ser, acto “fundacional” de lo que luego es la esencia del propio Ser-Hombre (y, por supuesto, mujer), y así no hay carencia, ni falta en el deseo ya que nada hay que perder desde el principio…nada falta, somos así, y en el plano de absoluta inmanencia en la que se siente el poeta, el deseo ha de tratar de trabajar por alcanzar la exacta descripción de la escisión de la que venimos hablando. 

La realidad, la reflexiva mirada, la memoria que recompone el tiempo y selecciona aquello que la pena merece, y…las palabras que confluyan para dar cuenta de lo visto. El universo, el hombre despojado, el amor que intenta redimirle de esta atorrmentada situación el deseo que trata de sanar nuestras insuficiencias e impulsa sus fuerzas creadoras, y…el solitario poeta- pertrechado de su amargo puñal-  con su deber de testimoniar la humana condición …¡Cernuda!    

Iñaki URDANIBIA

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