Centroamérica. Las que nunca se cansan de buscar

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La luz del sol azota y deslumbra contra el blanco de las remeras que visten, recortadas sobre un fondo de montaña tupida de color verde Guatemala. Estamos en El Ceibo, el paso fronterizo terrestre entre ese país y el mexicano estado de Tabasco. “Bienvenidos a México”, dice el cartel que se ve viniendo de allá, como antesala de la aduana y migraciones. Esa bienvenida no es del todo cierta: a hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses se les exige visa para hacer el trayecto que en este momento hacen a pie cuatro decenas de mujeres vestidas de blanco.

La Caravana de Madres de Migrantes Centroamericanos Desaparecidos (la undécima) comenzó el último día de noviembre bajo un calor de trópico, de sol abrasador e ingrato para el caminante de pies llagados. “Venimos caminando desde el mero Ceibón los 63 quilómetros que hay hasta aquí”, dice un joven, flaquísimo como faquir, de piel pegada a los pómulos y ojos del color de la montaña. Salió de Honduras hace menos de un mes. “Por donde está el puente fuimos asaltados. Nos quitaron zapatos, dinero y hasta abusaron de una muchacha que venía con nosotros. Nos amarraron de los pies con nuestras fajas. Estoy en la nada, no tengo comunicación con familiares, traía mis papeles, números y todo y me los rajaron. Quiero seguir adelante, pero sin dinero es muy difícil seguir adelante, me ha quedado el deseo de irme para atrás, pero ¿cómo te vas para atrás?”

A su lado aparece otro joven, con sonrisa de 19 años y voz grave. Lleva “algunos meses” fuera de Honduras. “Me fui porque las maras y las pandillas están creciendo mucho y quieren obligar a los jóvenes a meterse en eso. Por eso uno decide emigrar de su país, porque las personas que se meten en bandas, en pandillas, en maras o el sicariato, lo más que duran son cinco años en eso. Los matan rápido. Uno mejor decide emigrar y buscar algo para su futuro.”

Ambos descansan en el patio extenso del albergue La 72, en Tenosique, Tabasco, en la primera parada que tienen los migrantes centroamericanos en la ruta al norte. En los últimos dos meses esta Casa del Migrante registró 20 casos de violación sexual a mujeres y otros 15 denunciando que fueron privadas de su libertad.

El tercero sentado a la sombra es un gurisito que puede haber salido perfectamente del Goes o del Marconi. (1) Tiene una caries entre las paletas que intenta ocultar cuando se ríe, como niño culposo que ha comido mucho dulce. “No me quise unir a ellos y por eso me tuve que ir”, dice. Tiene 16. Viene con un amigo de igual edad. Esperan llegar a San Cristóbal de las Casas. Estados Unidos les suena a quijotada.

Esta semana, Acnur América Latina dio algunos datos que dimensionan el alud migratorio centroamericano: en los primeros ocho meses de 2015 México deportó a 107 mil centroamericanos, mientras que Estados Unidos deportó a 46 mil.

¡Cómo se explica eso? Con el Plan Frontera Sur. “El Plan Frontera Sur es un instrumento criminal diseñado por los dos países, México y Estados Unidos, para contener la migración en forma muy violenta, y lo están logrando muy bien. Tienen mucho éxito. Su éxito se traduce en el fracaso de los compañeros migrantes que caen en el camino.” La que explica es Marta Sánchez Soler, principal referente del Movimiento Migrante Mesoamericano, artífice de la caravana y una de las principales organizaciones que se encargan de la defensa de migrantes en tránsito en México.

El grueso de la tarea de agentes policiales, migratorios y hasta de seguridad privada ha sido perseguir y bajar a quienes usaban el tren de carga conocido como La Bestia. Sigue Sánchez: “Al quitar el tren, quitan el único referente geográfico que había para visibilizar la migración en México. Ahora que se van por las veredas y se desparraman por las selvas y los pantanos son presa no sólo del crimen organizado, del que ya lo eran antes, también lo son de nuestras bandas locales”.

El clima es distendido y todos tratan de ocupar el tiempo como pueden. De no pensar demasiado en lo que quedó atrás. Hay partidos de cartas, picadito de fútbol descalzos, mujeres que lavan y cuelgan ropa en los alambrados, niños que corretean o que son peinados a prepo por sus madres luego del baño. Está el fuego a un costado donde se cocina para las 150 personas que hay, más para la caravana que llega y los periodistas hambrientos.

Tormenta

Fray Tomás, el alma máter del albergue, recibe a las madres en El Ceibo para darles la bienvenida a México: “Es por estas montañas y por esos pantanos que vienen andando los que no traen documentos. Hay un cartel que dice ‘Bienvenidos a México’, vamos a ver si es cierto”. Nadie sabe cómo hace Tomás (por lo bajo los jovencitos del lugar, deslumbrados al ver a un verdadero espécimen del país de Luis Suárez, revelan que al fray, más que Tomás, lo llaman “Tormenta”) para soportar esa sotana marrón que tiene dibujado un “43” a tiza. El artista del albergue al que le fue solicitada la tarea se entusiasmó tanto que, además de la cifra –que en México no precisa explicación: refiere a los estudiantes de magisterio de Ayotzinapa desaparecidos desde el 26 de setiembre del año pasado–, le dibujó alrededor un montón de estrellitas que le dan al religioso un aire de superhéroe del Tercer Mundo. Eso y los vaqueros que le asoman bajo la sotana.

En La 72 la caravana es recibida en la capilla sin púlpito, donde la cruz central tiene dibujada una fosa común en lugar de un Cristo sangrante. En el resto de las cruces hay fotos. Fray Aurelio, o “el tío”, es otro de los referentes: “Desde hace 20 años los frailes hemos prestado este servicio a la comunidad en tránsito en la frontera sur de México. El 10 de abril de 2011 se funda La 72 en memoria de los migrantes masacrados en San Fernando Tamaulipas, encontrados en narco-fosas el 25 de agosto de 2010. Es un grito constante de denuncia y justicia por estas víctimas y tantas más que siguen padeciendo a manos del crimen organizado, y del gobierno mexicano, que ha mostrado poco interés. A diario recibimos un promedio de 50 a 100 personas, a quienes, además de hospedaje y comida, damos atención integral”. Además de un grupo de voluntarios jóvenes (mayormente europeos) que colaboran en el lugar, trabajan en conjunto con tres organizaciones que facilitan atención médica y asistencia psicológica y legal a quienes vienen en tránsito.

En Tenosique las madres tienen su primer encuentro con los mexicanos. Al caer la tarde, despliegan sus fotos en la plaza central del pueblo. En el piso forman caminitos e invitan a la gente a que pase y las mire. A que les digan si reconocen a alguno, si pueden recordar dónde lo han visto. El propósito principal de la caravana es la búsqueda de pistas sobre los desaparecidos. Y también la denuncia de una masacre acallada.

El reclamo es claro en la voz de esa madre que declama, rodeada de fotos: “Los migrantes no son ilegales, son indocumentados. Queremos pedirle a la gente que nos ayude a encontrar pistas para su búsqueda, y al gobierno mexicano exigimos que nos dé respuestas”.

Es fray Tomás quien cierra el primer acto público de la caravana: “Nos reunimos con el nuevo comandante de la policía federal del estado de Tabasco y nos pidió que confiáramos en la policía. ¿Cómo hacerlo? Si son esos mismos agentes los que bajan a los migrantes de los camiones en el tramo de Cárdenas, están coludidos con los criminales. No tenemos miedo de hablar y lo decimos a los cuatro vientos”. Debe ser por eso que le llaman Tormenta.

Veracruz

“Aquí estate al chile”, es la recomendación. En uruguayo: tené ojo m’hija, que Veracruz no es papa. Cae la noche del miércoles 2 y al llegar a Coatzacoalcos se siente la cercanía de la costa, el vientito constante, el rumor del mar, parecido a Montevideo. La caravana desembarca directo en la iglesia de la diócesis local, donde está previsto un reencuentro. Los reencuentros son producto del trabajo del Movimiento Migrante Mesoamericano, particularmente de Ruben Figueroa, quien durante el año se dedica a la documentación de casos (sobre todo en Honduras) y a la búsqueda de esas personas en territorio mexicano. “En el movimiento tenemos una pequeña base de datos de las personas que buscamos con información del último contacto que tuvieron, si vivieron o no en México, su fisonomía. Ya sea que nos llegue la información de alguna organización que trabaje en Centroamérica o que nosotros mismos documentamos. Durante el año los buscamos por distintos medios. Cuando los localizamos el primer paso es darlo a conocer a su familia y el siguiente es traerla para el reencuentro”, explica.

Carlos Escalante Igual, fiscal especial para migrantes de Veracruz, está presente en el acto y sin que se le mueva un pelo pelotea las preguntas de los periodistas que lo aguardan a la salida de la iglesia. “Este año tuvimos entre 40 y 45 denuncias. Son muy variadas, pero desaparecidos no hay tantos. Hay migrantes lesionados, que se caen del tren, y denuncias contra policías municipales que no tienen la preparación adecuada para tratar al migrante, pero que refieren a agentes de otros estados, por lo que no nos toca encausarlos.” Dice, ante las centenas de fotos que tiene enfrente, que desde que se formó la fiscalía, en 2011, han recibido 30 denuncias de desapariciones, tres de ellas en 2015.

Las que lo han documentado han sido las organizaciones locales de familiares. ¿Cómo lo hicieron? Contando. Sólo Cofamipro, Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos del Progreso, cuyo campo de acción es justamente ese municipio hondureño, llegó a la caravana con 200 fotos de migrantes desaparecidos, que viene documentando desde su creación en 1999.

El Comité de Desaparecidos del Centro de Honduras (Cofamicen) en un año de vida lleva registrados 25 casos de desaparición de migrantes; Cofamide, el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador, más de 200.

La tensión veracruzana se manifestará en la marcha que se monta en la Plaza de Córdoba al día siguiente. Las madres centroamericanas no están solas, sino que se les suman allí mismo, en Veracruz, distintos colectivos que trabajan en el tema de personas desaparecidas.

“Mi nombre es Amelia Hernández y busco a mi hijo Pablo Darío Miguel Hernández, que fue levantado el 6 de diciembre de 2013 por un grupo de policías y agentes de la Agencia Veracruzana de Investigación (Avi). No he sabido nada de él hasta ahorita. Nadie lo tuvo detenido. No he tenido respuesta de las instituciones porque me piden pruebas, quieren testigos de que se lo llevaron. La situación aquí en Veracruz es muy difícil porque las autoridades están coludidas, hay mucha impunidad.”

Otra: “Estoy buscando a mi hija, Ema Guadalupe Pérez Arroyo. Se la llevó la policía estatal, a ella junto con 19 personas, en Potrero Nuevo el 2 de agosto de 2013”. ¿Qué respuesta le han dado desde las instituciones? “Que ellos no fueron.” ¿Cómo es posible secuestrar a 20 personas? “Hubo como 20 patrullas, todo el pueblo vio cuando se llevaron a la gente.” ¿Por qué? “Es lo que nos preguntamos. Mi hija, una muchacha sana, no tenía nada que ver con nada y se la llevaron y hasta ahorita no hay respuesta de nada.”

Horas más tarde, en la casa de Las Patronas se respira luz, aroma a tamales caseros, a frijoles refritos, a pan dulce. Son las mujeres que desde hace años atienden solidariamente a los migrantes en tránsito que siguen la ruta del tren La Bestia. Están tan cerca de la vía que cuando el ferrocarril pasa la casa tiembla, como si estuviera atravesando el líving. Acá también son todas mujeres quienes, luego de servir y acomodar a todo mundo, se sientan frente a las pilas de fotos. Las más jóvenes se demoran un rato, mirándolas con atención. “Se puede ver el tiempo en las imágenes”, dice una de pelo larguísimo. Podría escribirse una historia de la migración, del gusto, de la moda y de la belleza sólo con mirarlas. Podría escribirse un atlas completo de los últimos veinte años de Centroamérica siguiendo cada caso.

El DF y el vedado camino al norte

“Lo que quiero saber es cómo hago para buscar a mi hijo en el norte. Somos varias las madres que sabemos que nuestros hijos llegaron al Río Bravo. Son muchas las llamadas telefónicas que recibimos desde Reynosa, desde Matamoros, desde Piedras Negras.” Hasta en los mapas que muestran las rutas en los albergues parecen lugares perdidos. Como la distancia que hay entre los hombros y la cadera, si imagináramos que México es una mujer tirada en la arena, apoyada en su antebrazo que es Baja California Sur.

Ventura es la que habla. Cara redonda igual que su hijo, Samuel Cardona Zaldívar, del que supo por última vez el 6 de mayo de 2014, cuando la llamó desde el hotel El Valle, en Caborca, Sonora. Después más nada. Varios son los testimonios de las madres que hablan del desierto y de las ciudades fronterizas del norte.

Ventura es también una de las 12 madres que denunciará la de-saparición de su hijo al llegar al Distrito Federal. Tras tantos días de caravana, a un ritmo intenso, un ritmo de búsqueda, la caravana tiene su primer encuentro con la justicia mexicana.

“Todos estos casos tienen indicios de que hubo participación del crimen organizado y que hubo colusión del Estado mexicano, por eso son los que estamos presentando.” A los que no tienen esos indicios les cabe el fuero común, “pero es muy lento y somos mucho más eficaces nosotros buscando”, advierte Soler.

¿Por qué, si hay casos que llevan tantos años, se denuncian recién ahora? “La dificultad es que lo hacemos en los consulados mexicanos y no tenemos eco. Los cónsules no están cumpliendo con su deber, están cuidando más que nada sus puestos de trabajo, y no están prestando atención”, contó Iris, que busca a su hijo Carlos Medina Martínez, visto por última vez cuando fue detenido en un retén policial en Reynosa, hace tres años.

“Si de algo deben servir las embajadas es para hacer llegar justicia a esta gente tan humilde. El fiscal se sorprendía y preguntaba cómo desde 2009, que fue la desaparición, no han interpuesto una denuncia. Una de las mamás le dijo: ¡Es que ni siquiera me dejan entrar en su país!”, relató Jesús Robles Maloof, el abogado que las representará frente a la justicia mexicana.

Lo que resulta imprescindible, explican tanto Sánchez como Robles Maloof, es la implementación del mecanismo trasnacional de justicia, es decir, que en las embajadas mexicanas exista la posibilidad de que estas familias que hoy denuncian puedan seguir el trámite en las embajadas.

Como el norte les está vedado por cuestiones de seguridad –o por falta de garantías de circular por una carretera mexicana con un grupo de madres centroamericanas que nada tienen para perder y todo arriesgan en la búsqueda, porque si no la vida ya no les hace ningún sentido–, la caravana vuelve a enfilar hacia el sur, hacia Oaxaca y Chiapas.

Es impresionante ver cómo las cambia. Mujeres que se negaban a hablar excusando analfabetismo toman la palabra frente a cualquier auditorio y, serenas y a su tiempo, dicen lo que piensan. Exigen.

Cuando este papel se exhiba en los quioscos uruguayos las madres estarán llegando a una nueva frontera, para emprender otra ruta, siempre hacia el sur, hacia la cintura del continente. Allí las espera la lucha cotidiana, que no se cuenta en años, sino día tras día.

Brecha, Montevideo, 18-12-2015

http://brecha.com.uy/

Nota de Correspondencia de Prensa

1) La autora alude a barrios populares de Montevideo. El Marconi es uno de los más pobres y estigmatizados: para la Policía y gran parte de la sociedad una “zona roja”, sinónimo de “jóvenes infractores”, marginalidad social y bandas narcos.

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