Catástrofe de Génova: La lógica del beneficio en acción

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Varios informes habían puesto de manifiesto la fragilidad del puente, uno de ellos había aconsejado incluso la necesidad de remplazarlo completamente. Pero la sociedad privada que explotaba la autopista que pasaba por el puente, y que por ello, estaba encargada de su mantenimiento, tenía otras prioridades.

Privatizada hace veinte años, estaba controlada por un grupo financiero   que pertenece a la familia Benetton que ha dedicado los últimos años centenares de millones de euros a la compra de sociedades de autopistas en toda Europa y en el mundo, aeropuertos como el de Niza… ¡Para los dirigentes de esta multinacional, garantizar la seguridad de millones de las personas que toman diariamente el puente de Génova era menos importante que abonar a un puñado de accionistas los beneficios que esperaban!

Por su parte, los poderes públicos no han hecho nada para exigir a esta sociedad privada a hacer frente  a sus obligaciones. Peor aún, desde hace años, los propios gobiernos italianos, todos,  no han cesado de reducir los presupuestos dedicados al mantenimiento de carreteras y de puentes del país.

La catástrofe sobrevenida en Génova ilustra a qué consecuencias dramáticas conduce el parasitismo de los grupos capitalistas. El Estado reduce la parte del presupuesto dedicado  a lo que es útil a la población, a los servicios públicos, a las infraestructuras, para dedicar el dinero público a pagar intereses ingentes a las finanzas. Lejos de ser específica de Italia, esta situación es la misma en todos los países más desarrollados, tanto en Europa como en Estados Unidos.

En Francia, según un informe publicado el mes pasado, un tercio de los 12.000 puentes de la red gestionada por el Estado necesita reparaciones y de ellos más de 800 están amenazados eventualmente de derrumbe.

Como en Italia, después de haber financiado la construcción de autopistas, el Estado las privatizó para mayor beneficio de grupos como Vinci o Bouygues que se limitan a embolsarse peajes en continuo aumento.

Más allá de las carreteras, es el conjunto de los servicios públicos, los que, en Francia como en los otros países ricos, sufren la misma suerte. El Estado disminuye los gastos en sanidad, educación, transportes o vivienda, privatiza las actividades más rentables. Permite a los tiburones de las finanzas extraer, por medio del endeudamiento, una parte cada vez más importante de la financiación de debería ser dedicada a cuidar o albergar a la gente.

Si hoy, los pacientes deben esperar en camillas en los pasillos de Urgencias debido a la falta de camas, si, en los hospitales y las escuelas, falta personal, locales o material, si millones de personas no tienen una vivienda digna, es consecuencia de esta política llevada a cabo por todos los gobiernos, ayer con Sarkozy  y Hollande, hoy con Macron, para satisfacer las exigencias de beneficios de la burguesía.

La economía está dominada por una minoría de capitalistas preocupados exclusivamente de aumentar sus ganancias lo más rápidamente posible, y, con la crisis de su sistema, eso se hace especulando con las acciones, monedas o el trigo, a golpes de compras de empresas seguidas normalmente de despidos y siempre con el aumento de la explotación.  Esto permite a una minoría de ricos privilegiados, los Benetton en Italia, los Arnault, Mulliez o Bouygues en Francia, prosperar como nunca, pero su enriquecimiento se hace a costa de toda la sociedad.

El capitalismo en crisis engendra un caos cada vez más destructivo: explosión del desempleo y de la pobreza, ruina de los servicios públicos corroídos por la lógica del beneficio individual; en muchos países pobres, al subdesarrollo se añaden los desastres de las guerras alimentadas por la competición entre los grupos industriales y financieros.

Otro futuro es posible. A condición de que millones de mujeres y hombres que constituyen la clase de los trabajadores se doten de medios con sus luchas y su organización para derrocar la dominación de los capitalistas y poder poner la economía al servicio del interés general. Está en juego el futuro de los trabajadores y del conjunto de la sociedad.

Editorial – Boletines de empresa  

Lutte Ouvrière

Traducción de Francisco  Ponzán

                                                                                       

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