Catalunya: Cuatro actuaciones urgentes para evitar una derrota total (cast/cat)

Por Pere Cardús

Mientras aquí hagamos esto que hacemos ahora, en Madrid se hartarán de reírse. Han conseguido ponernos en la rueda del hámster y allí nos tienen, dando vueltas sin movernos del lugar. Y cada vez más cansados.

Por Pere Cardús

Me temo que hemos llegado a un punto demasiado delicado. Estamos muy cerca de derrochar todo el trabajo hecho estos últimos años. Uno de los riesgos de la represión llegado el momento de la verdad era este. Y ahora mismo lamento llegar a la conclusión que lo van consiguiendo. Para ser claros, hay dos maneras de responder a la represión: haciendo piña y actuando con más unidad, solidaridad y confianza o echándose los platos por la cabeza, entrando en una guerra de reproches y compitiendo por los restos del pastel que alimenta el estado español. Si se renuncia al objetivo ambicioso, tan sólo queda repartirse las miserias. Y entonces los mordiscos son desesperados. Y ahora estamos en ese segundo estadio, a pesar de muchas muestras contrarias de una sociedad que parece un tipo de roca granítica.

Las dos fuerzas principales del independentismo llegaron al momento decisivo, el otoño del 2017, con muchas heridas internas, desconfianzas, intereses por la gestión del día siguiente (de la victoria o de la derrota), mirándose de reojo y enviándose torpedos por los medios o por los rincones de poder de la Generalitat. Quién se quiera entretener, encontrará fácilmente muchos ejemplos de filtraciones, intoxicaciones y reproches desde hace meses y meses. Este estado constante de desconfianza y guerra más subterránea o menos ha sido un campo abonado para una derrota cuanto más avanza más probable ahora que la represión es implacable.

No hay que entretenerse más, por lo menos en este artículo. Os propongo algunas actuaciones urgentes para revertir la tendencia negativa actual. Seguro que me dejo muchas cosas que se pueden mejorar o que hay que cambiar de los pies a la cabeza. Pero señalo a continuación algunos aspectos que me parecen determinantes.

1. Quizás es comprensible que hubiera una cierta descoordinación en los primeros momentos de la incursión represiva judicial entre los afectados. La estrategia judicial de un movimiento de independencia que quiere acabar con éxito tiene que estar sometida a la estrategia política. De lo contrario, el estado autoritario tiene toda la ventaja y el campo para correr porque sabe que podrá afectar el avance político mediante la coerción judicial individualizada. El miedo que pueden tener algunos afectados y sus entornos es el de caer en el olvido si no son el centro de la estrategia. Pero la represión busca esto precisamente: que todo un movimiento dedique los esfuerzos y someta la estrategia a defenderse de los ataques y deje de avanzar. De manual.

Hay que crear una gran organización antirepressiva que pueda dar coherencia a la defensa de los ataques, pero que no puede condicionar las decisiones políticas del movimiento. Hay que preservar la estrategia política de los efectos del ataque jurídico. En este mismo sentido, los dirigentes afectados por el chantaje judicial tienen que apartarse de los espacios de decisión en la medida que este chantaje condicione el avance de la consolidación de la República. Parece cruel decirlo así, pero este es un principio evidente de cualquier movimiento que quiera conseguir sus objetivos políticos ante un estado autoritario.

2. Estos días vemos como se repite hasta el tedio la canción esa de que la cosa más urgente y prioritaria es dejar atrás el 155. En esa música se mete cualquier cosa que haga volumen. Sentía en una radio que un defensor de la urgencia contra el 155 decía que era muy necesario impedir con un gobierno ‘efectivo’ (es decir, dócil y adaptado a la jaula diseñada por el TC) que el estado pudiera actuar contra la inmersión lingüística, contra Tv3 y contra la política social. Añadía la cantinela de ‘hacer república con políticas sociales’. Todo ello sin ponerse sonrojarse. Cómo si en la pequeña autonomía previa al 155 no se hubiera actuado contra todo esto. Cómo si la imposibilidad de hacer política social no hubiera sido precisamente una razón de peso para dar el salto republicano. Cómo si el TC no hubiera ‘estallado’ toda iniciativa legislativa para ‘hacer república’ de ese modo. Contra la pared. La intervención de la autonomía no es ninguna exclusiva del 155. Basta de decir mentiras. No hay ninguna urgencia que no sea recuperar el hilo de la emancipación y el respecto de la voluntad popular.

3. Los nombres y las estructuras no son sagradas. Ni son el objetivo a preservar. Si tu preocupación es ‘salvar’ las entidades, los partidos o las organizaciones, vuelves a quedar a expensas de la represión. Les muestras el cuello para que puedan hacer su chantaje y clavar los colmillos. El nombre no hace a la cosa. Si una entidad queda tocada o impedida, se crea otra. En esto siempre me ha admirado la capacidad de los vascos de sacar una nueva organización cuando el estado ha hecho caer a la anterior. Decimos que si cae uno de nosotros, vendrá otro detrás… Pues, exactamente igual con las entidades. Preocupa ahora mismo que ni Òmnium ni ANC no tengan la iniciativa ni la fuerza que la gente les ha dado o que no la pongan al servicio de avanzar.

Si estas entidades están amenazadas y ya no pueden encabezar el movimiento independentista en la calle, hay que construir nuevas que tomen el relevo. Es importante que se hagan concentraciones, conciertos, cenas amarillas, colgadas de lazos. Todo esto es imprescindible. Hay que canalizar y potenciar la solidaridad antirepressiva. Pero no puede ser que las grandes entidades dediquen todo el esfuerzo a esto después de unos meses de experiencia. Podían parar el golpe inicial. Pero ahora ya tienen que volver a hacer trabajo político. Tienen que movilizarse por la República y la independencia. Si Òmnium tiene que volver a hacer cultura, lengua y país, que lo diga y que lo haga. Si la ANC se tiene que renovar completamente o hay que hacer tabla rasa, que se diga y no perdamos más tiempo. Los presos y los exiliados sólo volverán cuando la independencia sea un hecho. Y si vuelven antes, no habrá sido el resultado de haber ‘hecho bondad’.

4. También se tiene que resolver de manera urgente el frente político-institucional. El problema no es Puigdemont. El problema es que aceptamos que nos hagan, que aceptamos que nos impongan. Y si aceptamos que decidan el nuevo presidente, que alguien me explique como se impedirá la siguiente cosa que nos impongan. Cuál es el límite? Sinceramente, no es tan importante quién formará el gobierno sino cómo se formará este gobierno. Porque el cómo determinará el ‘por dónde’, el camino que podrá recorrer este gobierno. Un gobierno que empiece con las alas cortadas no podrá volar nunca. El 21-D no creo que nadie votara a los partidos comprometidos con la República con la idea de hacer ‘un gobierno estable dentro de la legalidad’ española, como dice Marta Pascal. Diría que el voto del 21-D fue un increíble voto para preservar la dignidad del 1-O y de la declaración de independencia y el regreso del gobierno legítimo.

Por lo tanto, creo que la mayoría independentista se tendría que avanzar al maratón jurídico-represivo de la semana próxima anunciando un acuerdo para investir a Puigdemont y recobrar el camino de la República. Eh! Y si esto no es posible porque hay poco sentido del poder y todavía menos sentido de estado, que pasen por unas nuevas elecciones y que la gente juzgue todo este espectáculo y ponga a cada cual a su lugar. Verdad que no tenemos miedo de las urnas? Verdad que la democracia siempre gana?

Son cuatro actuaciones que encuentro imprescindibles si se quiere recuperar el trabajo hecho. Son cuatro actuaciones que me parecen de sentido común. Y cuando decimos que hay que incorporar una cierta mentalidad clandestina, quiere decir que no se puede dar la iniciativa al estado, que hay que tener una estrategia propia muy pensada para hacer temblar los fundamentos del poder español en Cataluña. Y hay que actuar coordinadamente. Mientras aquí hagamos esto que hacemos ahora, en Madrid se hartan de reír. Han conseguido ponernos en la rueda del hámster y ah nos tienen, dando vueltas sin movernos del lugar. Y cada vez más cansados. Perdonadme si no doy elementos de confianza o de optimismo. Pero si no empezamos a decir las cosas por su nombre, la derrota será total.

Pere Cardús, periodista

 


 

Quatre actuacions urgents per a evitar una desfeta total

«Mentre aquí fem això que fem ara, a Madrid es fan un tip de riure. Han aconseguit posar-nos a la roda de l’hàmster i allà ens tenen, fent voltes sense moure’ns del lloc. I cada vegada més cansats.»

Em temo que hem arribat a un punt massa delicat. Som molt a prop de malbaratar tota la feina feta aquests últims anys. Un dels riscs de la repressió arribat el moment de la veritat era aquest. I ara mateix lamento arribar a la conclusió que ho van aconseguint. Per ser clars, hi ha dues maneres de respondre a la repressió: fent pinya i actuant amb més unitat, solidaritat i confiança o tirant-se els plats pel cap, entrant en una guerra de retrets i competint per les restes del pastís que alimenta l’estat espanyol. Si es renuncia a l’objectiu ambiciós, tan sols queda repartir-se les misèries. I aleshores les mossegades són desesperades. I ara som en aquest segon estadi, malgrat moltes mostres contràries d’una societat que sembla una mena de roca granítica.

Les dues forces principals de l’independentisme van arribar al moment decisiu, la tardor del 2017, amb moltes ferides internes, desconfiances, interessos per la gestió de l’endemà (de la victòria o de la derrota), mirant-se de reüll i enviant-se torpedes pels mitjans o pels racons de poder de la Generalitat. Qui s’hi vulgui entretenir, trobarà fàcilment molts exemples de filtracions, intoxicacions i retrets des de fa mesos i mesos. Aquest estat constant de desconfiança i guerra més soterrada o menys ha estat un camp adobat per a una desfeta com més va més probable ara que la repressió és implacable.

No cal entretenir-s’hi més, si més no en aquest article. Us proposo algunes actuacions urgents per a revertir la tendència negativa actual. Segur que em deixo moltes coses que es poden millorar o que cal canviar de cap a peus. Però assenyalo a continuació alguns aspectes que em semblen determinants.

1. Potser és comprensible que hi hagués una certa descoordinació els primers moments de la ràtzia repressiva judicial entre els afectats. L’estratègia judicial d’un moviment d’independència que vol acabar amb èxit ha d’estar sotmesa a l’estratègia política. Altrament, l’estat autoritari té tot l’avantatge i el camp per a córrer perquè sap que podrà afectar l’avenç polític mitjançant la coerció judicial individualitzada. La por que poden tenir alguns afectats i els seus entorns és caure en l’oblit si no són el centre de l’estratègia. Però la repressió cerca això precisament: que tot un moviment dediqui els esforços i sotmeti l’estratègia a defensar-se dels atacs i deixi d’avançar. De manual.

Cal crear una gran organització antirepressiva que pugui donar coherència a la defensa dels atacs, però que no pot condicionar les decisions polítiques del moviment. Cal preservar l’estratègia política dels afectes de l’atac jurídic. En aquest mateix sentit, els dirigents afectats pel xantatge judicial han d’apartar-se dels espais de decisió en la mesura que aquest xantatge condicioni l’avenç de la consolidació de la República. Sembla cruel dir-ho així, però aquest és un principi evident de qualsevol moviment que vulgui aconseguir els seus objectius polítics davant un estat autoritari.

2. Aquests dies veiem com es repeteix fins al tedi la cançó aquesta que la cosa més urgent i prioritària és deixar enrere el 155. En aquesta música s’hi fa cabre qualsevol cosa que faci volum. Sentia en una ràdio que un defensor de la urgència contra el 155 deia que era molt necessari impedir amb un govern ‘efectiu’ (és a dir, mesell i adaptat a la gàbia dissenyada pel TC) que l’estat pogués actuar contra la immersió lingüística, contra TV3 i contra la política social. Hi afegia la cantarella de ‘fer república amb polítiques socials’. Tot plegat sense posar-se vermell. Com si en la petita autonomia prèvia al 155 no s’hagués actuat contra tot això. Com si la impossibilitat de fer política social no hagués estat precisament una raó de pes per a fer el salt republicà. Com si el TC no s’hagués ‘petat’ tota iniciativa legislativa per a ‘fer república’ d’aquesta manera. Contra la paret. La intervenció de l’autonomia no és cap exclusiva del 155. Prou de dir mentides. No hi ha cap urgència que no sigui recuperar el fil de l’emancipació i el respecte de la voluntat popular.

3. Els noms i les estructures no són sagrades. Ni són l’objectiu a preservar. Si la teva preocupació és ‘salvar’ les entitats, els partits o les organitzacions, tornen a quedar a expenses de la repressió. Els ensenyes el coll perquè puguin fer el seu xantatge i clavar-hi els ullals. El nom no fa la cosa. Si una entitat queda tocada o impedida, se’n fa una altra. En això sempre m’ha admirat la capacitat dels bascs de treure una nova organització quan l’estat ha fet caure l’anterior. Diem que si cau un de nosaltres, en vindrà un altre al darrere… Doncs, exactament igual amb les entitats. Preocupa ara mateix que ni Òmnium ni ANC no tinguin la iniciativa ni la força que la gent els ha donat o que no la posin al servei d’avançar.

Si aquestes entitats estan amenaçades i ja no poden encapçalar el moviment independentista al carrer, cal fer-ne de noves que prenguin el relleu. És important que es facin concentracions, concerts, sopars grocs, penjades de llaços. Tot això és imprescindible. Cal canalitzar i potenciar la solidaritat antirepressiva. Però no pot ser que les grans entitats dediquin tot l’esforç a això després d’uns mesos d’experiència. Podien parar el cop inicial. Però ara ja han de tornar a fer feina política. Han de mobilitzar-se per la República i la independència. Si Òmnium ha de tornar a fer cultura, llengua i país, que ho digui i que ho faci. Si l’ANC s’ha de renovar completament o cal fer foc nou, que es digui i no perdem més temps. Els presos i els exiliats només tornaran quan la independència sigui un fet. I si tornen abans, no haurà estat el resultat d’haver ‘fet bondat’.

4. També s’ha de resoldre de manera urgent el front político-institucional. El problema no és Puigdemont. El problema és què acceptem que ens facin, què acceptem que ens imposin. I si acceptem que decideixin el nou president, que algú m’expliqui com s’impedirà la següent cosa que ens imposin. Quin és el límit? Sincerament, no és tan important qui formarà el govern sinó com es formarà aquest govern. Perquè el com determinarà el ‘per on’, el camí que podrà recórrer aquest govern. Un govern que comenci amb les ales tallades no podrà volar mai. El 21-D no crec que ningú votés els partits compromesos amb la República amb la idea de fer ‘un govern estable dins de la legalitat’ espanyola, com diu Marta Pascal. Diria que el vot del 21-D va ser un increïble vot per a preservar la dignitat de l’1-O i de la declaració d’independència i el retorn del govern legítim.

Per tant, crec que la majoria independentista s’hauria d’avançar a la marató jurídico-repressiva de la setmana que ve anunciant un acord per a investir Puigdemont i recobrar el camí de la República. Ep! I si això no és possible perquè hi ha poc sentit del poder i encara menys sentit d’estat, que passin per unes noves eleccions i que la gent jutgi tot aquest espectacle i posi cadascú al seu lloc. Oi que no tenim por de les urnes? Oi que la democràcia sempre guanya?

Són quatre actuacions que trobo imprescindibles si es vol recuperar la feina feta. Són quatre actuacions que em semblen de sentit comú. I quan diem que cal incorporar una certa mentalitat clandestina, vol dir que no es pot donar la iniciativa a l’estat, que cal tenir una estratègia pròpia ben pensada per a fer tremolar els fonaments del poder espanyol a Catalunya. I cal actuar coordinadament. Mentre aquí fem això que fem ara, a Madrid es fan un tip de riure. Han aconseguit posar-nos a la roda de l’hàmster i allà ens tenen, fent voltes sense moure’ns del lloc. I cada vegada més cansats. Ja em perdonareu si no dono elements de confiança o d’optimisme. Però si no comencem a dir les coses pel seu nom, la desfeta serà total.

Pere Cardús, periodista

 

https://www.vilaweb.cat/noticies/quatre-actuacions-urgents-per-evitar-una-desfeta-total-article-opinio-pere-cardus/

 

 

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