Cataluña: Los Comunes en marcha

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No aceptes lo habitual como cosa natural.
Porque en tiempos de desorden,
de confusión organizada,
de humanidad deshumanizada,
nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar.
Bertolt Brecht

Un nuevo movimiento político está en marcha en Catalunya. Es el proceso de confluencia de las izquierdas. Es nuevo pero acumula historia y contenido. Reúne a gentes de diversas tendencias y experiencias, y aspira a reunir a miles y miles de hombres y mujeres partidarias de cambiar las cosas. Lo encabeza el movimiento municipalista, también quienes vienen del 15-M y quienes representan al movimiento obrero y sindical; hay soberanistas e independentistas y gente combativa de los muy diversos movimientos sociales que luchan contra las repercusiones de la crisis en los sectores más desfavorecidos. En estos tiempos de desorientación, emerge este movimiento político que quiere subvertir las cosas. Se lo conoce como Los Comunes.

Los tiempos difíciles exigen retos importantes. Y qué mayor reto que enfrentarse a la desigualdad, a las graves consecuencias de la crisis capitalista, a las políticas neoliberales, a la desigualdad de género…y hacerlo desde un punto de vista transformador. El proceso para construir un nuevo sujeto político en Catalunya ya está en movimiento. No son sólo declaraciones de intenciones. Un plenario de BComú y una conferencia de Xavier Domenech el pasado 3 de noviembre en el Ateneu barcelonés dieron el pistoletazo de salida. Se está conformando un grupo promotor con gente proveniente de diversos ámbitos y de los movimientos sociales, que sea lo más amplio y representativo posible. Está prevista la constitución de comisiones de trabajo para avanzar en la definición de las bases programáticas y/o plataforma política y debatirlas por toda Catalunya para concluir el proceso en una asamblea constituyente.

Hay reuniones entre los diferentes componentes políticos de la confluencia. BComú hace ya meses que definió una posición favorable y activa. EUiA (Esquerra Unida i Alternativa) acordó en su VII Asamblea, reunida a finales de octubre, una apuesta firme de impulso y participación en el proceso. Podem está desarrollando el debate y también lo está haciendo ICV.

Están reunidas las condiciones para dar el salto cualitativo hacia adelante. Existe, además, una buena base de partida. Ada Colau gobierna en Barcelona. En muchos otros municipios de Catalunya surgieron candidaturas de confluencia política y social. EnComúPodem fue la lista más votada en Catalunya en las dos elecciones generales. El camino de la unidad y la confluencia es el único posible para rehacer las fuerzas, para poder sumar y derrotar a la derecha, tanto en Catalunya como en España.

Más que una confluencia

Es importante el acuerdo de las diferentes organizaciones, pero para construir un movimiento político se necesita la participación de miles y miles de personas que no están organizadas, que participan en los movimientos sociales, en el sindicalismo, en los barrios, en las plataformas y mareas, en el movimiento soberanista o independentista, gente excluida por la crisis, o que sencillamente hasta ahora se han limitado a votar. Se necesita la participación y aportación de todo el territorio y que se sientan partícipes sectores muy diversos que componen las clases populares.

La participación y transparencia deben ser inequívocas. Cada persona se representa a ella misma y le corresponde un voto para decidir sobre el conjunto de las cuestiones planteadas. Así lo acordaron en Galicia cuando decidieron construir En Marea. Esto hay que entenderlo como un paso adelante respecto a las limitaciones de los partidos y organizaciones actuales. Cada una tiene su historia y sus aportaciones son muy valiosas, pero hay que superar la etapa en la que imponían sus vetos y/o cuotas en las decisiones.
En el nuevo sujeto político la voz determinante debe ser la de todas y todos los participantes. Los partidos y organizaciones, por ejemplo, podrían tener derecho a formar parte de los órganos con voz pero sin voto. Podría ser una manera de garantizar la participación más abierta posible y también el derecho de las organizaciones a expresar sus propuestas. Nadie tiene que aparcar sus opiniones, su historia, ni su ideología. Se trata de construir algo nuevo, y, en ese sentido, elaborar y actualizar los elementos ideológicos y políticos que respondan a las necesidades de una transformación política y social.

En la conferencia, citada más arriba, se habló de que el nuevo sujeto político no venía simplemente a cubrir un espacio vacío, sino a construir algo nuevo y diferente. Las tradiciones que vienen del marxismo, se consideren socialistas, comunistas, trotsquistas, gramscianas, las que provienen de otras fuentes como las anarquistas o libertarias, del republicanismo, ecologistas, etc. no sólo deben convivir juntas sino que pueden aportar sus propuestas. De hecho, si hablamos de construir un nuevo movimiento político es porque, se quiera reconocer o no, las actuales organizaciones y partidos ya no son útiles, o no están a la altura, para afrontar los actuales problemas. Por eso se necesita construir algo más que una confluencia, un movimiento político que logre agrupar y entusiasmar a miles y miles de personas en torno a objetivos comunes para la transformación política y social.

Otras experiencias

Este proceso novedoso responde a las necesidades del momento político: acumular fuerzas para enfrentarse a los poderosos; disputar su hegemonía; mostrar que la unidad es posible y no un simple acuerdo por arriba entre unos pocos; definir los objetivos políticos de ruptura con las políticas neoliberales; de ruptura con el régimen monárquico; de defensa de la soberanía de Catalunya y su derecho inalienable a decidir. Existe la experiencia, embrionaria aún, de En Marea en Galicia, que, con sus particularidades propias, ha empezado un proceso como el que estamos relatando.

En otros momentos de la historia las fuerzas de izquierda, obreras y/o revolucionarias se plantearon problemas parecidos. Cuando en el siglo XIX el movimiento obrero empezaba a organizarse, obreros de diversos países de Europa decidieron en 1864 fundar la Primera Internacional. Reunía a trabajadores y luchadores de las diversas tendencias que entonces existían. Empezó como un centro de cooperación y de iniciativas comunes y, sobre todo, como una palanca para organizar en cada uno de los países la lucha por la emancipación de la clase trabajadora.

En los años 30, en España, y en particular en Catalunya, se desarrolló un potente movimiento por la unidad de las izquierdas frente al fascismo. Se constituyeron las Alianzas Obreras, especialmente en Asturias y Catalunya, como la unidad de las izquierdas obreras, y posteriormente el Frente Popular, como una alianza entre las izquierdas y partidos republicanos burgueses. Se buscó también la unidad entre partidos. Durante unos meses estuvo en discusión la posibilidad de una fusión entre los socialistas de izquierda y los comunistas. En Catalunya, se celebraron reuniones para unir a las diversas organizaciones que se reclamaban del marxismo. La unidad no fue posible y de ese proceso surgieron el POUM (1935) y el PSUC (1936).

Otra experiencia más reciente es la del Partido de los Trabajadores de Brasil. Dejemos de lado ahora su evolución en estos últimos años. El PT surgió de un potente movimiento de huelgas a finales de los años 70. Logró reunir a casi todo el movimiento sindical y a las diferentes expresiones de la izquierda. Electoralmente empezó ganando algunas alcaldías (la primera en 1985) y posteriormente consiguió gobernar en algunos estados, hasta que en 2002 Lula fue elegido presidente. Otro ejemplo de proceso de confluencia puede ser el Frente Amplio de Uruguay, que logró la presidencia con José Mújica y acabar con el bipartidismo histórico. Y más cercanos aún, el Bloco de Esquerda de Portugal y Syriza en Grecia.

Hay que situar cada una de esas experiencias en su tiempo y lugar. Pero hay algunas características que se podrían generalizar: una respuesta a momentos de crisis y de exigencia de cambio, su carácter unitario, de organización, y un contenido transformador y/o revolucionario.

Retos

Es fácil imaginar la inquietud que este proceso está generando en la mayoría de ámbitos políticos. ¡Qué se creen estos recién llegados, estos plebeyos, que pretenden gobernar el país! La realidad es que ya se gobierna el Ayuntamiento de la capital de Catalunya y se han ganado las dos últimas elecciones para el parlamento español. El reto es ahora levantar una alternativa que sea mayoritaria en Catalunya, que represente el anhelo de cambio, en lo social y en lo nacional, y quiebre la hegemonía política de la burguesía catalana.

Para el programa y las propuestas para vehiculizar un cambio político y social existen ya unas bases de partida: medidas de emergencia social, defensa de lo público, recuperación de derechos perdidos, radicalidad democrática, defensa del medio ambiente, feminismo, etc. Habrá que avanzar y concretar en el terreno económico, cómo enfrentarse a los grandes monopolios, cómo poner coto a los abusos capitalistas, o responder a las imposiciones de Bruselas, cómo cambiar la economía para ponerla al servicio de la mayoría.

Porque para transformar las cosas se necesitan procesos de ruptura social y política, de movilización y empoderamiento de la gente para convertir en posible lo que parecía imposible. En concreto, eso significa poner en cuestión el régimen político y social, abrir la perspectiva de los valores republicanos (en las libertades, en los derechos, en la organización de la sociedad), de procesos constituyentes (para que la gente decida democráticamente y no los pocos que detentan el poder económico y político) y un cambio radical en la economía (en la que se limiten los beneficios capitalistas y la especulación, que la economía se ponga en función de las necesidades de las personas y no de los intereses de unos pocos, en la que exista un control de la sociedad). También habrá que desarrollar, en la economía, en lo público, en la organización de la sociedad, lo que significa en la práctica la potente idea de “lo común”.

Romper con la hegemonía de la derecha es uno de los objetivos del nuevo movimiento político. Pero este objetivo no se desarrolla como un combate de esgrima, ni solo como un enfrentamiento entre determinadas representaciones culturales, sino que es una expresión de la lucha entre las clases. A la hegemonía de la derecha catalana, hoy muy debilitada y para la que necesita alianzas con otros sectores sociales representados por ERC, hay que oponerle una representación de las clases sociales sobre las que se puede basar el nuevo movimiento político. La clase trabajadora (en su más amplio sentido: quien tiene un trabajo fijo, quien está desempleado, el precario) debe ocupar el lugar que le corresponde. Para que haya mayorías suficientes, con fuerza social, es imprescindible contar con quienes sólo tienen su fuerza de trabajo y/o su inteligencia para ganarse la vida. Como ciudadanos y como personas que forman parte de una clase social.

La fuerza de este nuevo movimiento social está en la fusión, la solidaridad y la confianza entre los movimientos sociales, el movimiento de los trabajadores, los excluidos, la juventud y todos y todas las que se oponen a las repercusiones de la crisis capitalista sobre las clases más desfavorecidas. Ahí reside la clave para el éxito.

Soberanía

La fuerza del movimiento soberanista e independentista es uno de los factores decisivos en la situación política en Catalunya. Año tras año, convocatoria tras convocatoria, hay una movilización masiva favorable al derecho a decidir y a la independencia. Ni se puede negar, ni se puede estar al margen. Para lograr una mayoría en Catalunya hay que tener una posición a la ofensiva respecto al problema nacional. Es erróneo considerar que “lo nuestro es lo social”, como si la exigencia del ejercicio al derecho a decidir fuera una extravagancia, como si se pudieran separar los derechos. Tan importante es el derecho a un salario justo o a una vivienda como el derecho a decidir de un pueblo. Son las dos caras de una misma lucha.

Estar a la ofensiva supone ser consecuente defensor de un referéndum para que el pueblo catalán decida; que no se acepta la represión; que se combate cualquier intromisión del Estado español en las instituciones catalanas y que se participa y forma parte del movimiento de emancipación nacional. Evidentemente, con una posición propia y diferenciada. ¿Cuál? Hay sectores del independentismo que acusan de indefinición a los Comunes. Ellos sitúan el debate sólo entre independencia sí o no, pero el debate está en cómo reunir la suficiente mayoría social para ejercer el derecho a decidir, y para ello es imprescindible la presencia de los Comunes. Como se confirmó en el último Onze de Setembre, que reivindicó el objetivo de República Catalana como la manera de ejercer el derecho y de sumar fuerzas soberanistas e independentistas. La lucha por arrebatar la hegemonía a la derecha es decisiva ante este problema.

Sin duda alguna, el movimiento de los Comunes se reclama del republicanismo y sus valores. Responder a la ofensiva quiere decir que el objetivo de una república, quizás empezando por Catalunya, es la manera de ejercer en concreto el derecho de autodeterminación. Que el pueblo decida mediante un referéndum y que una república catalana, libremente federada o confederada con el resto de los pueblos de España, sea uno de los objetivos del nuevo movimiento político. En el mes de septiembre, según La Vanguardia, Ada Colau lo expresaba así: “Catalunya, y sólo en Catalunya, se puede celebrar un referéndum sobre la autodeterminación, pero reclama que este referéndum sea realmente «efectivo» e «interpele al conjunto de los catalanes». Y es que la dirigente de Barcelona en Comú se define como «soberanista» y «partidaria de una república catalana confederada con una república española”. Para lograr mayorías, se necesita esa definición de movimiento republicano y soberanista.

Sin duda que hay que ser partidarios de otras soberanías, la alimentaria, la energética, frente a las imposiciones de Bruselas, pero no hay que enfrentarlas ni confundirlas con la soberanía política, que es la que hoy moviliza a centenares de miles de personas en Catalunya y que tiene la posibilidad de ser ejercida y facilitar la ruptura del régimen actual y las políticas del Partido Popular y de la antigua Convergencia.

Manos a la obra

Existen las condiciones para el éxito de este nuevo movimiento. Hay ilusión y esperanza. La positiva experiencia en el Ayuntamiento de Barcelona, y la construcción por barrios de BComú, muestran que es posible que muchas corrientes fluyan y converjan en un río más ancho, más impetuoso, que arrastre y se lleve por delante lo que representa el pasado y esas políticas que tanto daño han hecho y hacen a las clases trabajadoras.

Hay que arremangarse y poner manos a la obra para reunir a la gente, para debatir, proponer iniciativas, para que miles y miles de personas hagan suyo este movimiento político al que llaman, al que llamamos, los Comunes. Tras las elecciones generales de diciembre de 2015, en las que por primera vez EnComúPodem ganó en Catalunya, se decía: “Hemos ganado en el pueblo más pequeño (Sant Jaume de Frontanyà) y en la ciudad más grande (Barcelona)”. Eso es ponerse manos a la obra. Llegar a todos los rincones del país, que la gente se organice y dar un vuelco radical, social y nacional, de izquierdas, a Catalunya.

Miguel Salas Sindicalista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

 

 

http://www.sinpermiso.info/textos/cataluna-los-comunes-en-marcha

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