Casado huele a muerto

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Por Benito Sacaluga

Por primera vez en toda su historia, desde mayo de 1977, el Partido Popular ha llevado a cabo un proceso de primarias para elegir a su presidente. Los medios de comunicación no dejaron, ni un solo día, de tratar el asunto y lo hicieron desde todos los puntos de vista. Desde fuera fuimos muchos los que no entendíamos como un personaje como Pablo Casado, mediocre y sin un curriculum apropiado, podía tener la desfachatez de presentar su candidatura a un puesto que podía hacerle llegar a la presidencia del gobierno, por mucho que su mentor, Aznar, le insistiese.
En el fondo su candidatura era una buena noticia para la izquierda, de resultar elegido Casado todo sería más fácil para mantener al PP en la oposición por unos cuantos años, y, quien sabe, provocar que los pocos centristas que quedan en el PP decidiesen laminarlo y consecuentemente dar paso a una ruptura interna de muy graves consecuencias.
Yo, que soy muy mal pensado, estoy seguro de que Casado durará muy poco al frente de su partido.
Me explico:
El PP convocó una primarias obligado. Todos sus altos cargos han manifestado siempre, por activa o por pasiva, estar en desacuerdo con el sistema de primarias, lo suyo siempre ha sido la designación directa acompañada por la sumisión de sus miembros. Como digo, se vió obligado para poder dar una imagen de democracia interna que le equiparase con el resto de formaciones políticas.
Antes de convocarse las primarias, en el seno del PP ya se daba por seguro que Núñez Feijóo arrasaría en las votaciones y sería por tanto el presidente del partido, convirtiendo así las primarias en un mero trámite. Pero, oh sorpresa, Núñez Feijóo, se negó a presentar su candidatura, alegando motivos cuasi sentimentales, eso sí, dejando caer que no descartaba presentarse en un futuro no lejano.
Con Núñez Feijóo fuera, ya no había más remedio que seguir adelante con las primarias al uso. En la terna de candidatos solo había dos con opciones reales para competir por el puesto. Saenz de Santamaría, vencedora en la primera vuelta, llevó a cabo una recta final de campaña desastrosa. Casado apeló a la derecha extrema, a los nostálgicos de Aznar, y porqué no de Fraga, y consiguió vencer a Soraya, a pesar de que el asunto de sus titulaciones académicas ya olía mal, muy mal.
Soraya hizo una mala campaña, sí, pero Soraya no tiene un pelo de tonta, y además sus «contactos» son abundantes y poderosos. Soraya sabía que Casado -lo sabíamos todos, también todos los que le votaron- acabaría imputado judicialmente. Casado tenía fecha de caducidad. Empezó el plan, solo era cuestión de esperar aparentando tranquilidad y unidad. En el seno del PP las primarias quedaban totalmente fallidas y devaluadas, mejor el dedo y a eso se pusieron.
A no ser que el Tribunal Supremo archive la causa contra Casado, éste se verá obligado a dimitir de sus cargos en el partido, todos le obligarán a hacerlo, incluso los que él ha nombrado para formar parte de su ejecutiva.
Con Casado defenestrado, el PP podrá ejercer de nuevo su ancestral costumbre de elegir a dedo a sus cargos, ya buscaran ellos la forma de hacerlo. Mucho me temo que el elegido será Núñez Feijóo, Soraya, fiel escudera de Rajoy, dará su conformidad y se apartará.
Núñez Feijóo tomará las riendas, salvo que se lo impida algún inconfesable «dossier» de su pasado. Si no lo hace será Soraya la nombrada. Al fin y al cabo serán los candidatos elegidos por M.Rajoy y aquí de primarias nada de nada, además el «aznarismo» recibiría un golpe casi definitivo.
Bien, creo que así acabará este asunto del PP, sus jefes y jefecillos, aunque también es posible que todo lo anterior solo sea fruto de los efectos que me produce esta cruel ola de calor.
Benito Sacaluga
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