Cartas entre las rejas: así comenzó la primera huelga de hambre rotativa en las cárceles del Estado español

La población penitenciaria en lucha se organiza para llevar a cabo una huelga de hambre rotativa que les otorgue mayor visibilidad y un menor impacto en su salud. A través de cartas, con ayuda de colectivos de apoyo, reclaman el cumplimiento de derechos humanos básicos.

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Como viene ocurriendo durante algunos años, a espaldas de celebraciones, reencuentros y riñas familiares, cada 31 de diciembre un grupo de personas organiza la tradicional marcha en solidaridad con la población reclusa alrededor de la cárcel de Navalcarnero. “No recuerdo en qué año empezó esto exactamente, yo llevo viniendo varios”, comenta una de las veteranas en la lucha anticarcelaria.

La guardia civil establece un punto de control en el camino de tierra que lleva a la cárcel, como todos los años. Paran los autocares y hacen una selección de pasajeros que han de bajarse antes de llegar a las puertas de la cárcel y hacer el resto del camino andando. “Entonces, ¿venís a estar un rato y luego os vais?”, pregunta uno. Son las doce del mediodía y las puertas de la cárcel están cerradas para las familias que han ido a despedir el año a quienes tienen dentro. Algunos niños corretean y juegan para hacer más llevadera la espera.

Es costumbre gritar y lanzar cánticos al aire en las manifestaciones o marchas, pocas veces estos llegan a los interlocutores hacia quienes se dirigen. No es el caso de esta marcha, ya que uno de sus objetivos es hacer llegar gritos de solidaridad a las personas que están al otro lado de muros y rejas. La marcha camina junto a la valla del Centro Penitenciario Madrid IV hasta que llega a una pequeña loma que se alza por encima de la altura de las rejas a escasos metros de las mismas. “La cárcel no reinserta, destruye a las personas” o “libertad, libertad”, son algunos de los cánticos que viajan hasta las celdas de los presos. Tras un rato comienza a producirse el efecto llamada y respuesta, como en las canciones tradicionales de blues, y quienes están al otro lado devuelven los cantos, silbidos, aullidos y demás ruido que les llegan de fuera.

Desde el Colectivo Anticarcelario Todo Puede Caer afirman que cada vez resulta más difícil la comunicación con los internos. “Sacar sus mensajes fuera y cartearse con ellos es cada vez más complicado. Muchas veces no puede saberse si llegan las cartas”.

Cuando se acerca el final del encuentro, acercan dos megáfonos a un pequeño equipo de música en el que suena el “carcelero, carcelero, no eres persona decente” de Kojón Prieto y los Huajolotes. Se encienden dos bengalas de humo y se lee un comunicado con las 14 reivindicaciones por las que luchan los colectivos anticarcelarios a un lado del muro y los presos en huelga de hambre al otro lado, entre ellas la erradicación de las torturas, la abolición del régimen de Ficheros de Internos de Especial Seguimiento (FIES), la excarcelación de todas las personas presas con enfermedades graves o incurables o que los servicios médicos no estén adscritos a Instituciones Penitenciarias.

Las reivindicaciones priorizan el cese de toda actividad que esté tipificada como tortura según diversos organismos de derechos humanos. Exigen el control médico sobre los fármacos que se administran a la población penitenciaria y la excarcelación de enfermos graves o terminales. Señalan además la importancia de actividades lúdicas y formativas que permitan a las personas presas. Por último, piden el cese de la dispersión y las trabas a familiares y grupos de apoyo.

CÓMO SE COORDINA UNA HUELGA ENTRE CÁRCELES

El 1 de septiembre de 2019, con los turnos repartidos cada 10 días, comenzó la primera huelga de hambre rotativa en las cárceles del Estado español. Las pasadas navidades le tocó a Manuel Francisco Llopis, El Cabrero, coger en Zaragoza el testigo de su compañero Xavier Corporales en esta huelga que carece de precedentes en la historia del Estado español. La idea y la coordinación de la huelga ha surgido desde dentro de los muros. El 29 de noviembre de 2019 el Cabrero lanzaba un escrito en el que afirmaba “estar preparado para la guerra”.

A principios de enero de 2020, el testigo lo coge Carmen Badía del Centro Penitenciario de Zuera. Carmen, mayor de 60 años, ha pasado por varios cánceres y a día de hoy sigue sin recibir un tratamiento adecuado, lo cual le ha producido problemas graves de salud. Toman el relevo Jorge Vázquez en Valladolid y Sebastián Quiñones en Barcelona. Pero hay muchos más nombres en la lista. En el momento de escribir este artículo se cuentan hasta 21.

Desde mayo de 2019 comenzó una reflexión entre los presos en lucha. El desencadenante principal es que el impacto en la salud de quienes participaban en huelgas de hambre indefinidas podía llegar a ser irreversible. “Sabemos que existen numerosos compañeros y compañeras con enfermedades incurables […] que han realizado huelgas de hambre por iniciativa propia sin ser consensuadas de forma colectiva, lo que me parecen luchas vacías”, escribe el 21 de mayo desde Picassent el Peque.

El ritmo de debate lo marcan dos factores: la necesidad de consensuar una nueva forma de lucha entre varias personas y las trabas a la comunicación entre internos de distintas cárceles. Un grupo de presos llegó a la conclusión de que una huelga de hambre rotativa no solo sería menos lesiva para su salud, sino que les permitiría también llevar a cabo otras acciones simultáneas.

“En los próximos días me dispongo a escribir cartas a todas las instancias del Estado y europeas para denunciar nuestra lamentable situación”, sentencia El Cabrero en la misiva.

Para poder establecer el debate los grupos de apoyo que se encuentran fuera hacen circular las cartas de los presos a través de boletines y grupos de apoyo

Para poder establecer el debate los grupos de apoyo que se encuentran fuera hacen circular las cartas de los presos a través de boletines y grupos de apoyo, como es el caso de Tokata. Estos grupos hacen llegar los planteamientos iniciales al resto de presos para que opinen sobre ellos y devuelven las respuestas de estos a quienes habían iniciado la reflexión. “Por eso siempre insisten en que pongamos las fechas en las cartas que nos escribimos con ellos, para saber en qué momento han sido escritas, ya que nunca se sabe exactamente cuánto tardan en llegar a su destinatario”, cuenta una chica que se cartea con varios.

Desde Tokata afirman que en los tres últimos años han proliferado grupos de apoyo en diferentes lugares del Estado que actúan de forma totalmente descentralizada y de forma coherente. Su primer objetivo es facilitar la comunicación entre presos y sacar su mensaje fuera de las cárceles.

Aunque las cartas que les hacen llegar estos colectivos sirven de apoyo, en muchas de ellas, escritas de puño y letra desde dentro de la cárcel, quienes están entre rejas declaran que eso no es suficiente, que su aspiración, a medio plazo, es conseguir unas condiciones dignas. Desde Daroca, Hermenegildo Alexis Ascensión, un canario que se define a sí mismo como ‘guerrero guanche’ incide en que “si las voces de muchas personas presas como yo se escucharan en las facultades de Derecho, el Derecho Penal sería mucho más humano y civilizado de lo que es hoy por hoy. Entiendo que hay que llenarles los despachos de escritos, no solo a nivel estatal, también europeo”. En muchas de las cartas se plasma esta estrategia que ya sugería El Cabrero.

LA COMUNICACIÓN COMO EJE CENTRAL

La incomunicación es parte esencial del castigo que infligimos como sociedad a nuestros reclusos. Tanto es así que la cárcel, en su grado más extremo, el régimen FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento) aplicado a cara descubierta —antes, de tapadillo— desde 1991, se practica el aislamiento total entre otros tipos de prácticas tipificadas como torturas. Varias organizaciones, entre ellas Madres contra la Droga, llevan años tratando de tumbar esta regulación.

En Neuromancia terapéutica, Dario Malventi, militante abolicionista y doctor en Antropología por la Universidad de Barcelona, que desarrolló un trabajo de análisis en la cárcel de Villabona entre el 2003 y el 2007 sobre el nuevo sistema de gobierno terapéutico de la población carcelaria, reflexiona en torno a cómo la privación de libertad y las medidas de aislamiento están íntimamente relacionados con la pérdida de memoria y de identidad en la población carcelaria. “La acción de recluir se manifiesta también en el lenguaje. […] Se puede imaginar que la palabra que ha sido quitada pueda ser devuelta; pero para la palabra torcida no hay remedio”, cita en su texto a los investigadores italianos E. Gallo y V. Ruggiero. Esa palabra torcida se refiere a ese periodo de separación de la persona presa de su comunidad lingüística y la forma en que esto afecta a su memoria.

Malventi incide en que incomunicar a alguien, ya sea de manera total o parcial, es separarle de su comunidad lingüística, que es uno de los elementos a partir de lo cuales se crea la identidad. Sus estudios señalan una relación entre esto y el hecho de que muchas personas presas no reciuerden quiénes eran o las formas de relacionarse con su entorno. De hecho, la reflexión en torno a las palabras, su significado y su poder es una temática que se repite en muchas de las cartas escritas por los presos.

Según el informe SPACE, actualizado hasta 2018, el 30,8 % de personas encarceladas lo fueron por delitos de robo, el 19,3 % por drogas y el 8 % por homicidio

Según el informe SPACE, actualizado hasta 2018, el 30,8 % de personas encarceladas lo fueron por delitos de robo, el 19,3 % por drogas y el 8 % por homicidio. Para Malventi, la cárcel no puede ayudar a ninguna de estas personas a ser reinsertada “porque la reinserción no existe. Es un mito de la propia institución. La matriz que sostiene la acción de toda cárcel es la obediencia. Reducirse a la obediencia significa emplear todos los engranajes posibles ya sean físicos, psicológicos, económicos, sociales o políticos”.

El antropólogo ha sido también especialmente crítico con la Unidad Terapéutica Educativa (UTE), un experimento que comenzó en la cárcel de Oviedo en 1992. Se trataba de un proyecto desarrollado por la trabajadora social Begoña Longoria y el educador Faustino García, que tenía como objetivo hacer de la prisión un lugar más humano que favoreciese la reinserción. Hoy en día se trata de un sistema que existe en varias prisiones del Estado y goza de amplio reconocimiento institucional. Malventi entró a investigar dicha unidad y aprovechó los cuatro años de trabajo de campo para observar las dinámicas de castigo y control que se ejercían sobre la población reclusa. “Al final, lo único que ocurría ahí era que la persona presa se adaptaba al teatro que le habían impuesto para conseguir ventajas. Además, se fomentaban los roles de vigilancia entre presos”.

REFORMA Y ABOLICIONISMO

“Lo que queremos es que cumplan sus putas leyes”, comentó en otra ocasión a El Salto Javier Ávila, que pasó casi toda su vida en prisiones, con varias fugas a sus espaldas, desde los trece años que entró por primera vez a un reformatorio. Los 14 puntos que se reivindican con esta huelga de hambre precisamente apuntan a que se cumpla lo estipulado por la ONU en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, que lleva vigente desde 1987. Quienes apuestan por esta linea abogan por la lucha institucional para conseguir que las cárceles sean lo que se supone que deben ser según las leyes. Sin embargo, muchos estudiosos o colectivos, como el propio Malventi, son declarados abolicionistas, su posición es diametralmente opuesta a la existencia de las cárceles.

Las leyes no solo se incumplen a través de los regímenes de aislamiento. En 2017 el colectivo CAMPA sacó la campaña #EsclavasEnPrisión con la que denunciaba que las presas en la cárcel de Zuera (Zaragoza) trabajaban para empresas como El Corte Inglés o Zara Home en condiciones de esclavitud de 0,75 euros la hora.

La asociación de Familias Frente A la Crueldad Carcelaria consiguió reunir los testimonios concordantes de cuatro presos de la cárcel de Albocàsser, que ha aparecido varias veces en los medios por casos de torturas, que narraron al letrado Lisandro Girdani haber recibido “verdaderas palizas por parte de funcionarios de prisiones, a base de porrazos, puñetazos, patadas, incluso en la cabeza”.

El Mecanismo Nacional para la Prevención de la Tortura (MNP) señala que “resulta especialmente preocupante el fuerte incremento de muertes asociadas al consumo de drogas (61) y el ligero incremento de suicidios (33)” para el año 2018. Además, desde la asociación Shalaketa Nafarroa señalan que existe un gran número de muertes no investigadas que se archivan como “muerte natural”, ya que muchas de estas muertes serían “consecuencia directa de la incidencia en la salud de las condiciones de encierro, tanto a nivel físico como psicológico”.

Malventi narra que, cuando se entrevistó con varios altos cargos de la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias y pudo acceder a las oficinas, se encontró con “decenas de personas, revisando papeles, archivando datos y tecleando en ordenadores, atrapadas por las dinámicas burocráticas y de precariedad asociadas a estos puestos de trabajo”. Señala a la burocracia como el principal lastre que impide cualquier cambio hacia la humanización de las condiciones de vida en la cárcel.

El antropólogo reconoce que existe una relación entre la dificultad de producir un pensamiento anticarcelario y el hecho de que esta lucha por los derechos humanos de las personas presas no haya calado en la sociedad como otras. “La lógica punitivista atraviesa todas las esferas de nuestra realidad. El feminismo más hegemónico, así como cierto antifascismo, muchas veces recurren al punitivismo como atajo para legitimarse. La lucha anticarcelaria debe situarse en un pensamiento distópico como laboratorio y replantearse formas de resolver el castigo fuera del castigo”.

Desde Tokata, a pesar de reconocer que uno de sus objetivos sería acabar con la cárcel tal y como la conocemos, entienden que la prisión está sustentada por dinámicas capitalistas e íntimamente ligada al Estado. Señalan que es una prioridad para el colectivo escuchar lo que tienen que decir quienes están dentro. Conseguir el reconocimiento de derechos humanos en las cárceles, que es lo que reclama con más urgencia la comunidad presa. “Luchamos por hacer una cárcel humana, que no asfixie”.

https://www.elsaltodiario.com/carceles/huelga-hambre-presos

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