Caro diario (10)

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La primavera aún tardará en llegar y este tiempo gris y lluvioso de mierda que tanta poesía y marketing inspira en mi país – Galicia – no deja de tocarme los huevos. Entre tú y yo: lo detesto profundamente. Cuando sea profesor viviré solo y tranquilo, al lado del mar, puede que con algún animal de compañía a mi lado, sí, y con el sol acariciándome la oreja casi todas las mañanas. 

Aprovecho estos días de arduo trabajo para escribirte algunas líneas. El máster de profesorado ocupa últimamente todas mis energías. La primavera aún tardará en llegar y este tiempo gris y lluvioso de mierda que tanta poesía y marketing inspira en mi país – Galicia – no deja de tocarme los huevos. Entre tú y yo : lo detesto profundamente. Cuando sea profesor viviré solo y tranquilo, al lado del mar, puede que con algún animal de compañía a mi lado, sí, y con el sol acariciándome la oreja casi todas las mañanas.

He decidido dar de baja mi diario digital. No creo que sea buena idea abrir tu cajón al público y enchufarlo en tiempo real a la red. Un pajarito me ha dicho que hay mucho vampiro estético e intelectual por estos dominios. Además, qué quieres que te diga, el arte de seguir viviendo consiste también en desaparecer y saber esconderse. Para sentirme más ligerito de equipaje le he dicho a mi administrador que proceda a hacerle una copia de seguridad a todos mis escritos, así que “El álgebra del miedo”, mi diario de lectura, reflexión y escritura, ha desaparecido felizmente. Lo tengo en el mismo lugar en el que un escritor guarda su ADN : en su cuerpo. Qué haré y qué no haré con lo que contiene es algo que sólo a mí concierne; puedo garantizarte que a su título le pasará lo mismo que a mi nombre hace ya más de un año : ni será totalmente el mismo, ni será totalmente diferente.

Hace unos días he leído una noticia simpática: habla de la voluntad del estado español de formar parte de la comunidad de países de habla lusófona. Los interesados, en verdad, no saben ni una palabra de portugués ni dos de gallego, pero ellos serán, desde la capital de España, y con la cómplice gestión del gobierno de la Xunta de Galicia, auto-excluyéndose de lo que forma parte de su historia cultural y lingüística, los que van a gestionar la cosa.

Confieso que no he podido dejar de reír hasta sentir agujetas en el diafragma cuando he leído la noticia. Es la primera vez que he experimentado un extraño terremoto estético al que no podría categorizar de otro modo que de epifanía de la idiotez. Digamos que tal epifanía, según mi experiencia interior, tendría lugar cuando contemplas a un ser tan cretino, ignorante y atrevido que no deja de provocarte iluminaciones por la vía mística y lógica al mismo tiempo. Ese ser se llama, en su versión oficial y realmente existente, España y sus muy españolas gentes.

No es que considere, caro diario, que dentro de la práctica y la reflexión lógicas puedan caber todos los matices, misterios e incertidumbres de la experiencia humana. Tampoco considero, ni mucho menos, lo mismo, de eso que llaman la sensibilidad mística, que en nada tiene que ver con la estulticia clerical o con la religio institucionalizada, ni mucho menos con la cantidad de basura new-age o coaching para papanatas en apuros existenciales que inunda nuestro ecosistema cultural. No, carísimo, imaginado y real confidente, no es eso. Lo que sucede es que el estado español y sus élites políticas me parecen tan monstruosas cuando pronuncian la palabra España que, aún no siendo yo un temperamento místico o exclusivamente lógico, cada vez que éstas contraatacan con la ontología política de la españolidad logran zarandear mis resortes lógicos y místicos sin que pretenda utilizarlos. Vamos, hablando en plata, que me sucede lo mismo que a las cuerdas de una guitarra cuando alguien las sacude : hablan.

Esa categoría cuasi ontológica que hay que mantener ajena a toda crítica y reflexión, llamada España, tiene una versión neoliberal conservadora que resalta su universalidad por la vía de la asimilación de todas las alteridades lingüísticas, culturales y políticas que la componen. Pero no sólo eso, es que además tiene una versión social-liberal que resalta su universalidad por la vía del mero reconocimiento verbal de esa diversidad. Lo que me causa perplejidad es que los mismos procedimientos retóricos y lógicos se tienden a imitar en las periferias y también por parte de las izquierdas más o menos institucionales y más o menos cívicas o sociales, obturando e invisibilizando así la posibilidad de abrir un debate serio que muestre prioritariamente en el espejo el modo en que las desigualdades, prejuicios y violencias de género, raciales, clasistas, culturales y confesionales se manifiestan en nuestro país. Qué decir también del impacto eco-sistémico de nuestros modelos productivos en nuestras geografías. Debate inexistente. Realidad y experiencia clausurada.

Tú dirás, caro diario, que pido demasiado. No lo sé. Lo que sí puedo asegurarte es que, paradójicamente, he encontrado, no en la experiencia mística, sino en la experiencia cósmica, el verdadero fundamento de lo que es de verdad ser humano. Cuando me invade la tristeza y el vacío, simplemente abro la ventana y escucho viejos videos de Carl Sagan. La mística deja de ser universal cuando se auto-afirma descansando en un único y verdadero dios, por mucho que pregone con el rabillo del ojo el respeto a las demás formas de mística. Pero las entrañas y la evolución del universo y de la tierra en la que hemos aparecido tras un cúmulo de azares como esta particular y compleja forma de vida que somos, esas mismas entrañas que han imprimido en nuestro código genético los elementos que compartimos con la mayor parte de los seres, no han tenido nunca la tentación de vincularnos sólo con una parte de ellos para olvidar lo que de común tenemos con el resto.

Ya puestos hablar de universalidad, pues hagámoslo en serio, sin etnocentrismos culturales ni ribetes antropocéntricos. Y después, quien sabe, quizás podamos empezar a caminar sobre bases sólidas antes de improvisar una salida a esta civilización del odio.

Si molesto, caro diario, no te preocupes, que ya ahorita me voy a dormir.

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