Carmen Aristegui: suspicacias

Dijo Voltaire: “Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Aquel 4 de enero del 2008, como muchos otros en México, lamenté escuchar que, “por incompatibilidad editorial”, la periodista Carmen Aristegui abandonaba W Radio.

Durante dos meses y algunos días, he leído un sinfín de opiniones tanto de especialistas como de ciudadanos. Todos hablando sobre el caso de la titular de Hoy por Hoy.

Las voces en contra son pocas; las que han analizado el hecho sin apasionamientos ni fanatismos, escasean; y las que dan por hecho que han sido violados los derechos de Aristegui son miles.

Luego de un buen rato de reflexión y tratando de analizar el material publicado en Internet y en la prensa, lo siento, pero se me ha despertado el gusanito de la suspicacia.

Estuve presente en una plática que dieron Lorenzo Meyer, José Antonio Crespo y Denise Dresser en Casa Natura y, también, en el seminario sobre la democracia en los medios de comunicación convocado por el Colegio de México.

Como era de esperarse, el punto de partida y el punto final fue Carmen Aristegui. El día del seminario, la periodista estuvo presente para dar lectura al texto de su columna en el periódico Reforma, publicado el 18 de enero. En realidad, no dijo nada que no se supiera ya.

“Los análisis, protestas y reflexiones que se han generado profusamente nos hablan de una auténtica necesidad social de revisar el estado de las cosas sobre nuestros derechos fundamentales y de todo aquello que conspira para que podamos ejercerlos a plenitud”, escribió.

Desde ese día anduvo rondando un frase: “derecho de las audiencias”. Sus más cercanos colaboradores y amigos, como los mencionados anteriormente, además del exsenador Javier Corral y el maestro Miguel Ángel Granados Chapa, pusieron el dedo en la llaga y han reforzado y confirmado la teoría de la censura.

Sin embargo, ninguna de las partes involucradas (en este caso, la propia periodista y los grupos Televisa y Prisa) han ofrecido pruebas reales de que sea así.

Por ejemplo, Televisa se deslindó de toda responsabilidad en un comunicado emitido el 19 de enero. Prisa, por su parte, a través de un artículo publicado en El País, da a conocer una carta que le fue entregada a Aristegui el 10 de diciembre.

Te reiteramos que estamos convencidos de que la defensa de principios como la libertad de expresión e información, y de valores como la democracia no son sólo responsabilidad de un conductor, sino un compromiso de toda nuestra radio.

Como puedes dar fe, en estos cinco años nunca hemos pedido, ni siquiera insinuado, que queramos eludir un tema, evitar una entrevista o simplemente censurar una información.

En la misma nota, se enumeran una serie de indisciplinas cometidas por ella y los cuestionamientos de las exigencias salariales de la misma (300 mil pesos mensuales).

Como haya sido, la información no es suficiente. Resulta extraño que, si Televisa es el socio mayoritario de Radiópolis, diga que Prisa es la que decide la línea editorial de sus estaciones de radio; pero más extraño es el hecho de que Aristegui ha permanecido al margen en el sentido de que, para alguien que es tan minuciosa y detallista en sus noticias, resulta contradictorio que, en su propio caso, sean otros los que tomen las riendas de su defensa. Y tampoco ellos presentan argumentos definitivos de que se le ha aplicado mordaza.

Marco Levario Turcott, director de la revista etcétera, escribió un extenso ensayo al respecto y concuerdo con él. Creo que la defensa de la periodista ha sido un ejercicio de fanatismo apasionado y lo seguirá siendo en tanto ella o cualquiera de sus fieles escuderos pongan las pruebas irrefutables sobre la mesa y que, en la misma medida que han pedido a la sociedad que se manifieste en contra de los poderes fácticos, también nosotros exijamos evidencias.

Me hace dudar el que Carmen únicamente trate con Proceso, en particular con Jenaro Villamil. La única entrevista que ha dado sobre el tema se publicó en el número 1628 de la revista (13 de enero, 2008).

Sus declaraciones son ambiguas: “Todo parece indicar que hay quien pidió mi cabeza y hay quien la cedió”, dijo, pero ¿a qué se refiere? ¿Qué es ese “todo”? Lo único que leemos en la publicación son suposiciones. Señala a Felipe Calderón como la fuente de quien, probablemente, vino la orden de acallarla.

De nuevo, nada concreto: “No tengo evidencia de que Calderón haya dado una orden, pero hay un contexto que hace posibles las interpretaciones, las suspicacias o los señalamientos abiertos”, respondió.

Por otro lado, la parte de la sociedad que se sintió directamente agredida por este hecho, se volcó buscando la manera de solucionar la falta de espacio. Se propuso la creación de una estación en Internet, que Radio UNAM le cediera tiempo, que la comunicadora tuviera su propio blog –de hecho existe, pero según sus autores, Carmen está pidiendo pruebas del impacto que podría tener y, por esa razón, han solicitado a sus visitantes que dejen mensajes en los que hablen de la “necesidad” de que Aristegui regrese–.

Circulaba otra opción más ambiciosa: una sociedad mercantil compuesta por los ciudadanos interesados con el objetivo de reunir recursos para que Carmen pagara un espacio en algún medio.

Luego, se supo, de acuerdo a una nota publicada en Milenio, que ya la habían contratado –no dijeron quién ni bajo qué condiciones– y que su primera emisión sería el 24 de febrero.

La última es que Radio Centro la contrató y que estará de regreso el lunes de Pascua.

Pero, como dije, todas son meras especulaciones que me hacen sentir que las voces a favor de Aristegui, especialmente las de la sociedad, han sido utilizadas para esta batalla de declaraciones incompletas, de acusaciones sin fundamentos sólidos que han servido para continuar con la polarización social.

Carmen Aristegui no ha estado a la altura de la solidaridad de su audiencia y, para colmo, resalta la transcripción de una llamada telefónica entre un ejecutivo de Televisa y otro de Sky hablando de su desacuerdo con algunas opiniones de la periodista.

Una vez más Jenaro Villamil, autor de la nota publicada en Proceso, tuvo la intención de convertir esta violación a la vida privada en una “prueba” más de que Aristegui fue víctima de Televisa.

Creo que Carmen y sus “caballeros de la mesa redonda” están usando las mismas tácticas que, se supone, utilizaron sus “victimarios”. Una especie de “ojo por ojo” que, en lugar de ayudar a la causa, abre más la puerta para la sospecha.

Cabe anotar aquí que para quien escribe una cosa es su desempeño profesional, su incuestionable talento para el análisis y el desmenuzamiento de hechos relevantes, de su estilo único, y otra muy diferente es la posición que ha asumido como protagonista de una noticia.

La dimensión de su salida se ha desbordado y las preguntas sobre los verdaderos motivos de la cancelación de Hoy por Hoy, así como las pruebas de que es un acto de censura absoluta, siguen en el aire.

Por ahora sólo queda la suspicacia de que, en un acto inteligente, la desmesurada respuesta de la sociedad, ha sido aprovechada para una lucha por la conquista de un derecho que no está contemplado por la legislación, el de las audiencias, y que a estas alturas suena a protagonismo y politización a costa de una sociedad que pareciera ingenua.

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