Carlos Vera: la encarnación de la veleidad en política

Ha estado por décadas en las pantallas de la TV ecuatoriana como presentador de noticias, esa es la imagen que con que su figura se posicionó entre el público. Personalmente recuerdo que en mis primeros años de televidente consumidor de noticieros, lo veía como un presentador diferente a los demás, su estilo me parecía ágil, y consideraba que era un periodista bien documentado y con un buen acerbo cultural. Ocasiones hubieron en las que realizó entrevistas a personajes claves de la historia política y social del país, dichas entrevistas marcaron igualmente su presencia de un periodista profesional.

Una de las características de su estilo eran sus entrevistas incisivas, en las que, cual boxeador en cuadrilátero, colocaba al entrevistado contra las cuerdas buscando de él la declaración esperada, la declaración comprometedora. Este estilo muchas veces gustó al público, a otros naturalmente no, por que veían a un periodista que buscaba por todos los medios la verdad oculta entre las medias verdades expresadas por el entrevistado.

Por ser un periodista que abordaba lo político, sus relaciones con el poder estaban dentro de su agenda. A lo largo del paso de varios gobiernos, Carlos Vera ha asumido el papel de crítico, y su tarea informativa poco a poco se fue transformando en tarea de opinión, que a título personal fue construyéndose como parte de un sector, es decir era un líder de opinión. Sus espacios de entrevistas llegaron a ser los de más audiencia.
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Como todo personaje público, Vera llegó a ser querido por unos y odiado por otros, y sus espacios, opiniones, marcaron muchos comportamientos ciudadanos en relación con las percepciones sobre lo político y los políticos. Recordemos que en el último proceso electoral, rompiendo todo protocolo periodístico, llamó abiertamente desde su programa a votar por Rafaél Correa, para luego convertirse en uno de sus máximos detractores.
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Hay que comprender que este tipo de personajes públicos no tienen un posición ideológica definida, lo que sin embargo no deja de ser impedimento para que su accionar esté al lado de los sectores dominantes de la sociedad. Esta anemia ideológica es la que permite que de la noche a la mañana se sientan como los llamados a "salvar" a la democracia desde un ego construido por su permanencia en los medios audiovisuales.
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Este personaje es la encarnación máxima de la veleidad política, es decir de un voluntad antojadiza, de una ligereza que a conducido a este periodista a llamar a marchas, a manifestaciones en las que se juntan quienes ven en el gobierno de Correa una amenaza para la democracia, y lanza discursos vacíos sin contenido en los que prostituye la palabra libertad. Y quienes asisten a sus convocatorias son los burgueses y las clases medias, que jamás han plegado a las demandas de las clases populares, son la expresión desesperada de quienes sienten miedo que un proceso con tintes progresistas se profundice y vaya contra sus intereses de clase.
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Los pueblos del ecuador no necesitamos a este tipo de personajes para levantarse a construir una democracia participativa, no necesitamos nuevos "mesias" y sabemos que el camino a recorrer es la construcción del poder popular que aplaste de una vez y para siempre las pretensiones de las oligarquías agazapadas en estas supuestas marchas ciudadanas.
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