Carlos Taibo y su «Revolución Permanente» en Serbia

Tras años de "lucha" por la causa de los pueblos balcánicos, Taibo nos pone al día sobre sus avances. ¿Serán estos los golosos frutos, la fructífera cosecha de "la revolución permanente"?

"Serbia, casi todo por hacer"


"Ahora que han transcurrido ya varios días desde la conclusión de las elecciones presidenciales serbias, nada sería más equivocado que concluir que el triunfo de Boris Tadic refleja la irrupción de una oleada de ilusión y esperanza en un país sometido, desde tiempo atrás, a otras influencias. Más bien parece que muchos serbios se han inclinado a la postre por Tadic, con visible resignación, por entender que el presidente de los últimos años configura un mal menor. Se trataba, en otras palabras, y sin más, de evitar que el ascenso del radical Nikolic contribuyese a cerrar nuevas puertas, y ello por mucho que el que más y el que menos estuviese obligado a recordar que lo que estaba en juego, la presidencia del país, tiene –no se olvide– un relieve limitado en el ordenamiento político local.

Parece razonable adelantar, por lo demás, que en la segunda vuelta celebrada a principios de mes pesó poco, pese a lo que se anunciaba, el contencioso kosovar, y mucho, en cambio, la zozobra económica que el país arrastra desde mucho tiempo atrás. A buen seguro que esto acabó por beneficiar indirectamente a Tadic, aun cuando son mayoría los serbios que recelan, cargados de razones, de la capacidad de la elite liberal para resolver problemas acuciantes. En realidad ese impulso que invita a respaldar, sin mayores ilusiones, el mal menor tiene un reflejo en la percepción generalizada de que la mayoría de los problemas, con la Unión Europea o sin ella, van a permanecer enquistados. Y no pensamos ahora en Kosovo o en la disputa que suscita la entrega al tribunal de La Haya del general Mladic: estamos hablando ante todo de una pésima situación económica y de un panorama político nada estimulante. Al respecto de este último no está de más subrayar que en realidad el gran derrotado en las presidenciales no es el perdedor formal, Nikolic, sino el primer ministro Kostunica, circunstancia que anuncia unas más que probables, y acaso estériles, elecciones generales anticipadas. Y es que el panorama político serbio arrastra desde hace mucho posiciones enquistadas y anuncia la reaparición de muchos de los callejones sin salida que se han revelado en los últimos años.

Que lo de Kosovo es una cuestión mal que bien cerrada lo certifica, sin ir más lejos, el hecho de que Nikolic, el máximo dirigente hoy de una fuerza política que hace una década reivindicaba sin rebozo la expulsión de la mayoría albanesa presente en ese territorio, se contentó en la campaña electoral con formular una amenaza de embargo económico que a estas alturas a pocos asusta (está claro que los intereses de las empresas privadas darían al traste con un proyecto de esa naturaleza). No nos engañemos mucho al respecto: el serbio de a pie tiene problemas más severos que encarar en su vida cotidiana. Si se quiere emplear una comparación un tanto delicada –toda vez que la herida kosovar es muy reciente y que el territorio tiene un peso innegable en términos del imaginario nacional serbio–, bueno será que señalemos que, aunque cualquier encuesta realizada entre nosotros revelará inmediatamente que una mayoría de ciudadanos españoles considera que la política del Reino Unido en relación con Gibraltar es ignominiosa, la cuestión correspondiente en modo alguno forma parte, claro, de nuestras preocupaciones de todos los días.

Aunque lastrada por una combinación de victimismo y de argumentos legítimos –obligado es recordar, por ejemplo, que las ayudas que la Unión Europea prometió a bombo y platillo en el año 2000, en el momento del hundimiento de Milosevic, a duras penas han llegado–, a la sociedad serbia no le falta el sentido del humor. El lector recordará que Serbia ganó el último festival de Eurovisión, beneficiada ante todo, y un tanto sorprendentemente, por los votos de un puñado de vecinos con los que mantiene –parece– tensas relaciones. Pues bien: según reza un chiste belgradense de las últimas semanas, este año el triunfo será aún más rotundo, toda vez que la canción serbia se verá beneficiada por los doce votos que corresponderán al Kosovo recién independizado… Y es que no hay mal que por bien no venga.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de Bakeaz.

© Carlos Taibo, 2008; © Bakeaz, 2008.
Publicado en El Correo, 27 de febrero de 2008."

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