Carlos Herrera y Risto Meijide

Por Julio Ortega Fraile

Recuerdo cuando Carlos Herrera calificó de chusma y basura nacionalista a los que trabajaron por llevar adelante (y lo hicieron bien, porque lo consiguieron), la ILP Abolicionista de la Tauromaquia en Catalunya. Este periodista al que le pasa un poco lo que decía Leonardo Padura sobre el periodismo militante: “el militante obedece al Partido. El Partido decide y manda. Entonces el periodista desaparece”, con el añadido de que su Partido tiene visos de dejar de mandar, es hoy el viral, como ayer lo fue otro y mañana otro lo será. Se turnan pero no cambian, no en esencia ni en propósito, por eso todos parecen el mismo. 

Calamaro, Tertsch, Herrera, Sostres… Ya no viven -o les cuesta cada vez más esfuerzo-, de lo que hacían, bien porque se les murió la musa (tal vez nunca les visitó una hija de Apolo sino que lo hace Carmen Polo, de Franco), bien porque se les depauperó el mecenas, así que ahora subsisten de intentar dinamitar lo que hacen otros. Han dejado de ser ellos mismos para alimentarse sobre la piel de los que aparentan odiar, y tal vez algo de ese sentimiento haya, pero la cuestión tiene tufo sobre todo a una gran envidia ajena y una considerable humillación propia. 

Duele ir perdiendo oyentes o lectores, lo hace ir quedando relegado a medios más minoritarios y desde ellos vocear con la esperanza de que te llamen de La Sexta por eso de la audiencia que otorga un bufón con ojos de naftalina. ¿Se imaginan que sería de Eduardo Inda con sólo su Okdiario y sin silla en el debate de La Sexta Noche? La España que los encumbraba mengua y la España que los rechaza medra. Ser sustituidos como referentes en la moral y sobre todo en los titulares les escuece como almorrana, por eso echan mano de la visibilidad parasitaria simulando querer liquidar (mediáticamente), a los que necesitan de forma desesperada para no morir en la vida pública. 

Carlos Herrera, como tantos otros, es un ser endiosado que sin haber sido nunca un dios hoy ya ni apariencia al olimpo cavernario conserva, por eso tanta rabia nacida de la prescripción ética, por eso tamaño deseo de venganza tras el crepúsculo y caída, pero principalmente por una razón el insulto continuo asociado a ciertos nombres: para conseguir que el suyo no se borre definitivamente. Creo que si este hombre tuviese que elegir entre salvarle la vida a El Juli o a Risto Meijide escogería al segundo y es que un parásito, al final, depende para sobrevivir de su hospedador, no de otro parásito, pero de cualquier modo hay que ver lo mal que llevan algunos las cornadas de la evolución.

Julio Ortega Fraile

@JOrtegaFr

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