Carlos “Calica” Ferrer recuerda a Ernesto “Che” Guevara, en el 92 aniversario de su nacimiento

Eduardo Galeano: ¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo?

En 1953, cuando Calica tenía 24 años, uno menos que el «Che», ambos emprendieron un viaje que les llevó por Bolivia, Perú y Ecuador. En Guayaquil un hecho casual, los llevan por distintos caminos. Calica toma el rumbo para Venezuela y Ernesto se encamino a la inmortalidad.

Estas vivencias quedaron plasmadas en el libro de Ferrer «De Ernesto al Che», editado por la editorial Marea.

¿Cómo valora a Ernesto Guevara, cuando se cumplieron estos días, 92 años de su nacimiento?

-Creo que la figura de Ernesto Guevara sigue agigantándose en el tiempo. Cada vez esta mas vigente su pensamiento y su ejemplo. Sus valores éticos y morales son más valorados que nunca, ante tanta corrupción en la política del sistema. Hoy el Che es una figura que podríamos decir que es Patrimonio de la Humanidad. Como dijera Eduardo Galeano: ¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo?

¿Mucho se habla del segundo viaje de Guevara con Usted, pero poco sabemos de sus orígenes?

– En la Argentina entramos en la generalidad de los orígenes. Gallegos eran todos los que venían de la Península Ibérica: Vascos, gallegos, catalanes, etc. De todos maneras te voy a contar, un poco haciendo memoria de mi abuelo.

Mi abuelo catalán nació en Blanes. No recuerdo la fecha. Está comprobado porque sobrinos míos y mis hermanos han estado en Blanes. Han ido a la iglesia para esa circunstancia y han constatado que sí, que mi abuelo evidentemente había nacido ahí. Blanes es un municipio  de la comarca de La Selva en la provincia de Gerona, Situado en la costa gerundense. Es el primer pueblo de la Costa Brava, por lo que es conocido como el «Portal de la Costa Brava». En tiempos romanos se la denominaba Blanda o Blandae.

Mi abuelo era de apellido Ricardo Ferrer Ferrer, un apellido muy catalán. Mi abuelo cuando vino acá a la Argentina, ya era un hombre que tenía el bachillerato, era un hombre culto, la gustaba mucho la pintura, sabía mucho de materia artística. Y se casó con mi abuela  Juana Moratel, también catalana.

Te cuento que también estamos emparentados con Galicia. Con otra rama catalana radicada en la península del Morrazo,  con Gaspar, Esperanza y Salvador Massó Ferrer, que crearon Massó Hermanos S.A., dedicada a la producción de conserva, salazón de pescado, compra y venta de harina, redes y fabricación de artefactos de pesca.

Por parte de mi familiar Esperanza Massó Ferrer en 1892 se funda la compañía Viuda e Hijos de J. Barreras  junto con José y Francisco Barreras Massó, viuda e hijos, respectivamente, del empresario pesquero natural de Blanes- donde nacieron mis abuelos- José Barreras Casellas, fallecidos en 1889. Quienes debido al aumento de la actividad de su grupo empresarial, decidieron dar el salto a la fabricación de sus propios buques pesqueros. El astillero se instaló en el Arenal de la ciudad de Vigo.

Los primeros buques fabricados por el astillero son pequeños pesqueros destinados a la pesca de cerco de la sardina que no exceden de los 40 metros de eslora. Se llamaban «vapores tipo Vigo» y revolucionaron el sector pesquero de la época ya que pasaron a sustituir a las tradicionales.

De manera que yo me siento muy orgulloso de ser descendiente de catalanes es decir, en mi “pedigrí” digamos, no hay una apellido que no sea catalán.

¿Como era su familia?

– En la ciudad de Córdoba nacen cinco hijos que son: Ricardo Ferrer, Carlos Ferrer, Enrique Ferrer, Eduardo Ferrer y Hugo, que murió muy joven, de tifus, en aquella época el tifus… no había remedio. Bueno mi padre médico… pasó mi padre; se recibe a los 21 años de médico. Y se recibe a los 21 años porque hubo una huelga, porque si no, hubiese sido un caso especial de una de las personas que se haya recibido con menos edad, e inmediatamente en el año 1.918, ocurre lo que todos nosotros conocemos, que es lo referente a la reforma universitaria y mi padre en ese movimiento tan importante, de orden mundial fue mi padre el representante de la escuela de medicina, siendo como te digo muy joven.

Bueno mi padre fue un excelente médico que siempre se mantuvo en contacto con Córdoba, con la universidad, siempre estuvo actualizado. Mi padre en el año 1.943 viajó a Estados Unidos a perfeccionarse ya siendo médico y a dar conferencia, y destacó su actuación como reformista, como hombre de la reforma.

Después papá se fue, se recibe, después de recibido, se va a vivir a Alta Gracia, que es un pueblo que está a 30 km de Córdoba, que en ese momento la carretera era muy mala… se compró un aparato de rayos y se vino con un amigo de él, Raúl Tisera, un poco a la aventura y pensando que Alta Gracia ya era un lugar de un clima especial para el tratamiento de una enfermedad, que en ese momento hacía estragos en Argentina, que era la tuberculosis, que además era una enfermedad avergonzante, la gente tenía algo como que no le gustaba decir que estaba enfermo.

Un paciente destacadísimo, que tuvo mi padre, fue Manuel de Falla. El genial compositor estaba enfermo del pulmón. Con quien entabló una gran amistad. Ahí se encadena la relación con la familia Guevara. Mi padre recibe un chico de una familia Guevara Linch, de la Serna por la madre, que venía de Buenos Aires, con un chico asmático.  Y bueno, mi padre especialista en vías respiratorias,  fue su primer médico que lo atendió, así que ahí nace la amistad.

¿Cómo era el futuro Che?

– Este era un chico, como siempre fue muy inquieto. Yo diría que era como un jugador de ajedrez, que aunque está jugando este movimiento, piensa en tres o cuatro movimientos después. Entonces Ernesto en aquella época mostraba sus dotes de cacique, de jefe, organizaba pequeñas guerras jugando. En ese momento era Alta Gracia era distinto. Lo que rodea hoy en día al museo del Che en Alta Gracia estaba todo deshabitado. Entonces eran lugares para nosotros fantásticos, se hacían trincheras y nos andábamos a las pedradas, siempre haciendo cosas “indiadas”, digámoslo así. Con todo el respeto que se merecen los indios, empezando por Evo Morales, mi amigo. Nosotros de todas maneras éramos totalmente partidarios de la República española. Durante ese periodo, Ernesto siguió la guerra con un mapita que tenía de España, los movimientos de tropas. Según lo que él iba escuchando por la radio y por lo que le contaban sus padres y gentes que venían a nuestras casas de visita contaban lo que estaba ocurriendo en España. Así que España siempre estuvo muy cerca de nosotros. Inclusive un tío de Ernesto Guevara, Cayetano  Córdova Iturburu,  fue corresponsal de guerra por “Crítica”, durante la guerra civil. Las cartas que enviaba su tío del frente de batalla, lo motivaban a Ernestito en sus juegos infantiles.

¿Cómo conoció a Manuel de Falla y a Rafael Alberti?

– Mi padre me dijo un domingo: “Mirá el domingo que viene andá a cortarte el pelo”. En aquella época usaba el pelo largo: “y a la mañana te bañas bien, porque vas a venir conmigo a almorzar a la casa de Manuel de Falla”. A mí en ese momento  Manuel de Falla me importaba “un pito”. Entonces yo dije: “Bueno”, de mala gana. Deje el el equipo de fútbol, que tenía que jugar, y fui con mi padre a almorzar a la casa. Así que yo tengo el honor -con los años le agradezco a mi padre que esto haya sido así- de haber estado con un personaje como Manuel de Falla.

En esa casa de Falla, hay fotos en mi libro, donde esta Alberti, MaríaTeresa León, también la familia González Aguilar, que era una familia muy culta. El que tuvo más contacto con nosotros fue Juan, padre de de cuatro chicos, que vinieron en esa época chiquitos, como consecuencia del triunfo de Franco y la caída de la República. Carmen, Paco, Juan y Pepe Aguilar, que fueron amigos nuestros, que estuvieron muy relacionados con la familia del Che. También, porque por su lado,  Ernesto Guevara padre, fue una de las personas que colaboró mucho con toda la gente que había venido en la época de la República como exiliados.

¿Cómo planificaron el segundo viaje de Guevara por América Latina?

-Ernesto me propuso partir desde Buenos Aires hacia Bolivia, porque ya conocía Chile de su recorrido con Granado. Nuestro viaje tenía mucho de aventura. No teníamos dinero ni las visas para ingresar a cada país, pero las fuimos consiguiendo en el camino. De Bolivia, donde quedamos muy seducidos por la revolución que planteaba el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), cruzamos a Perú, donde se vivía una dictadura tremenda, y luego a Ecuador. En Guayaquil nos despedimos por esas circunstancias de la vida. Yo debí haber seguido con Ernesto. Él siguió rumbo a Guatemala para conocer de cerca lo que había sido el triunfo en elecciones libres del presidente Jacobo Árbenz (1951–1954). Después la historia es sabida: viajó a México, se casó, nació su hija Aleida, conoció a Fidel Castro y se embarcó en el barco “Granma”, que para mí es el momento en el cual Ernesto pasa a ser el Che. El nuestro fue un viaje inolvidable en el que nos divertimos mucho. Su asesinato fue un tremendo golpe para mí y para los pueblos del mundo que luchaban y luchan por su liberación.

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