Capital ficticio y sobrecapitalización: dónde está el dinero?

 

 

En estas terribles fechas estamos asistiendo, atónitos, al derrumbe del Estado español. Es cierto que el proceso es más grande que la propia España,  y que todo el capitalismo se halla en unas convulsiones que parecen terminales. Sin embargo, la situación española, comparada con la de otros países de su entorno y a los que hace poco nos comparábamos sin rubor,  es mucho peor por los agravantes que veremos más adelante. Mientras los contertulios y dizque-expertos de las radios siguen ofreciendo explicaciones con apenas unos días de validez y no aciertan parece ni a comprender la naturaleza de la crisis, esta se sigue cebando con el país y las medidas de austeridad que se toman por gobiernos de los dos partidos mayoritarios solo van contrayendo más  y más la economía, que no la deuda a pagar por esta economía cada vez menor.

Los problemas diferenciales españoles, que agravan la situación respecto a otros países europeos, son bien conocidos. Una concentración de la riqueza muy superior en el 1% y 10% de los más ricos (21 y 63% respectivamente de la renta) herencia del franquismo y aún más atrás, una economía terciarizada y con escasa aportación de valor añadido, una clase empresarial inepta y bastante incapaz tanto de invertir su propio dinero para capitalizar sus empresas como de arriesgar e innovar, un sector bancario que se enriqueció con un cartel sobre el ladrillo con las inmobiliarias y la connivencia política (desde el gobernador del Banco de España, el infame MAFO, a pequeños alcaldes recalificadores de terrenos)  y empobreció a los ciudadanos, una clase política considerablemente corrupta y más empeñada en llegar al poder para asignar los fondos a los suyos que a otra cosa, unos salarios de los más bajos de Europa y por consiguiente un mercado interno débil a más no poder. Y se podría seguir largo tiempo.

Sin embargo no es el objetivo de este artículo el narrar la situación y retratar a los actores de este juego, ambos puntos vitales pero ya muy tratados.

El objetivo de este artículo, menos extenso y más modesto, es reflexionar sobre la naturaleza ficticia de gran parte de los «activos» del mundo financiero, como estos están tergiversando la realidad y pasando a controlarla y cómo, en fin, todo el sistema está encaminado a una masiva transferencia de renta desde el pueblo hacia las grandes agrupaciones de capital y sus beneficiarios. Una vez comprendido esto, trataré de ponerlo en relación con nuestro país.

Ya Carlos Marx explicó con detalle, hace 150 años, como el capitalismo financiero tenía un fuerte componente ficticio. Rudolph Hilferding desarrolló más el tema, comprendiendo que la economía financiera no se trata de una nueva categoría de naturaleza capitalista propia y describiendo perfectamente sus operaciones y lógica interna.  La deuda es, en si, una creación mental, un concepto, no expuesto a los vaivenes de los mercados de bienes  y servicios. En efecto, en una economía de mercado se pueden producir crisis de desajuste entre oferta y demanda y la gran y creciente competencia entre los diversos productores puede ir alterando el peso relativo de unos y otros en el mercado. De vez en cuando y con grandes crisis de sobreproducción se dan caídas acentuadas del sistema que, sin embargo, en unos meses o años reasignará los recursos y lanzará otra hondonada expansiva. Pese a la explotación de este capitalismo industrial, bien conocida, y su apropiación de la plusvalía, lo cierto es que este capitalismo al menos crea toda una serie de bienes  y servicios a disfrutar de la sociedad. Que el reparto no sea justo y que beneficie a los propietarios del capital industrial (los medios de producción) es del todo cierto, pero la producción es una producción real con un valor añadido incorporado y con un valor de uso.

El capitalismo financiero, sin embargo, no sufre estos vaivenes a manos del mercado «a posteriori». Sus términos de pago (intereses) se cifran a priori, y que la apuesta de inversión realizada triunfe o no en el mercado es irrelevante para el que presta, que siempre mantendrá en su balance contable tal operación como un ingreso y reclamará el pago de esas cantidades a las que tendrá ya contabilizadas como activos propios. Esta deuda se puede a su vez vender a otros bancos, a particulares, etc. La poca rentabilidad de la actividad apoyada o los azares de la fortuna no significan nada frente al tema conceptual que supone el «me debes tanto». Alguna quiebra irreversible o impagos de alta cuantía pueden en algún momento dejar al sistema sin sujeto al que reclamar y el sector ha de asumir pérdidas, pero es las menos de las veces y se palia generalmente con las empresas de seguros.El deudor, por su parte, de no poder pagar la deuda se ve obligado a contraer nuevos empréstitos en una continua huída hacia adelante esperando que en alguna de las operaciones siguientes la rentabilidad sea suficiente para pagar todo lo atrasado, y trasfiere cada vez más dinero hacia el prestatario.

Más interesante aún es como, tal como lo explicó Marx en el libro III  de El Capital,  el capital ficticio logra multiplicarse a si mismo a través de las letras de cambio y otros efectos que pasan a ser utilizados directamente como dinero e intercamiables por dinero real en el mercado. Mucho antes que la operación de préstamo que había generado esa deuda o letra a favor de uno de los agentes se lleve a cabo y logre una rentabilidad suficiente para pagar, el poseedor de la letra puede usarla ya como dinero real y ponerla en prenda para lograr nuevos empréstitos o a su vez prestar y lograr tipos de interés a su favor. El carácter «conceptual» de la deuda y esta capacidad para automultiplicarse alejada de la realidad física del mercado es lo que da al sistema financiero sus rasgos más importantes y destructivos y su capacidad de interferencia y de trastorno de la economía.

Y es que es un trastorno, una aberración conceptual, el que el sistema financiero creciera en la etapa 1982-2008 a un 8% anual de media mientras que la economía real apenas crecía al 3.5% de media. Dado que el dinero logrado por el sistema financiero siempre ha de venir de la economía real y que es la economía real y la producción de bienes y servicios la que da sentido al dinero, está claro que el que el sector que logra sacarle unas rentas al sector productivos crezca el doble que el sector que paga esas rentas es algo sencillamente insostenible. Evidentemente hay que tener en cuenta factores como el tamaño inicial de ambos sectores o las privatizaciones como formas de «colonizar» zonas económicas nuevas por parte del capital, pero son consideraciones que solo afectan a cuanto tiempo tardaría el problema en estallar o durante cuanto tiempo se le podrían poner parches. 

Hoy día, prácticamente todos los países de la UE tienen una gran deuda pública. Tantos sus Estados como sus regiones (CCAA en España, Departamentos en Francia, Landers en Alemania, etc) tienen una enorme cantidad de deuda sobre ellas, y un enorme número de entidades privadas o empresas gubernamentales tienen asimismos unas deudas titánicas. El mundo privado no se salva, con niveles de endeudamiento de las familias elevados y grandes empresas con un nivel de deuda constante.  Normalmente si alguien debe dinero es porque se debe a alguien. Especialmente grave es en esta situación la configuración de la Unión Europea, en la cual la propia distribución del circulante genera automáticamente deuda. Cómo? Pues sencillamente, el dinero va del BCE a los bancos privados y estos tendrán que devolver un 1% o 1.5% de interés a este. Los bancos privados, con ya una obligación de pago y con el objetivo de enriquecerse, directamente exigirán por prestar este dinero caído del suelo al menos ese 1.5% y en la práctica todo lo que puedan para obtener la máxima ganancia posible. La situación difícilmente podría ser más halagueña para la banca privada, cuando solo por la configuración de la UE podían lograr grandes rentabilidades con la deuda pública de los estados dejándoles el propio dinero que ellos han impreso y te han transferido y logrando un buen porcentaje de  la cantidad total de dinero en circulación por esa simple álgebra. Sin embargo los propios bancos parecen zozobrar por momentos. Qué está pasando, dónde se está llendo el dinero ??

Para responder a esta pregunta conviene analizar un poco los ingresos y gastos del sector. Como ingresos tiene 1) las comisiones de uso de sus servicios (pequeñas cantidades que ni siquiera sumadas dan ni por asomo las cifras faraónicas de las que estamos hablando), 2) los intereses por préstamos a los consumidores… desde pantallas de TV a hipotecas pasando por vacaciones 3) Dinero sacado a las PYMEs por préstamo directo 4) Dividendos sacados a las grandes empresas productivas por la posesión de acciones de estas, máxime si logran mayoría y pueden poner a un consejo de administración pelele a transferirles el mayor dinero posible 5) Especulación con divisas, acciones, derivados 6) Inversiones directas, tradicionalmente fuertes pero ya muy deterioradas por la percepción del «riesgo» que el sector financiero ve en el mercado de B y S. y finalmente 7) Compra de deuda pública del país (o de otros), fijada a un gran interés y con grandes beneficios para el  banco.

En cuanto a gastos el banco o fondo en cuestión tendrá que hacer frente a su red de oficinas y trabajadores, a los sueldos millonarios de sus directivos, a algunos gastos en compra de acciones etc para comprar por ejemplo derivados, seguros o acciones, y finalmente el quid de la cuestión, sus compromisos a pagar a la gente con el dinero depositado en su banco. Y es que si a las economías familiares y modestas se le da un una rentabilidad por sus cuentas corrientes muy baja, a las grandes fortunas se les da una enorme rentabilidad (a partir del 6%). Es hacia esas grandes fortunas y fondos hacia quienes fluye una buena cantidad de los recursos del banco. Y cada vez más, porque una rentabiliad tan alta sobre grandes fondos produce un efecto acumulación que hace que esa masa monetaria sea cada vez más grande y exiga mayores cantidades del sistema para mantener su rentabilidad exigida. La gran competencia por atraer/obtener estos fondos dificulta, asimismo, el que el banco pueda llega a presionar para reducirles la rentabilidad, remilgos que no se tiene con las clases medias y bajas a quienes se baja la rentabilidad asi a cero a las menores de cambio.

 

Hasta este punto llega la sumisión a este gran capital-dinero que pese a dar grandes pérdidas al banco en cuestión ese dinero se paga religiosamente. Ante los descubiertos que pueda haber una vez realizado este proceso anti-Robin Hood (reclamarles dinero a los que lo necesitan, y premiar con mucho más dinero a quien ya lo tiene) donde los haya, el banco puede optar por la huida hacia adelante pidiendo dinero al BCE barato (o a otros bancos privados mediante el mercado interbancario) para intentar colocarlo con mayor rentabilidad e invertir la tendencia. Sin embargo llegado un momento el BCE puede comenzar a dar problemas para dar más dinero a clientes tan endeudados, o el tipo exigido por los bancos privados extranjeros hacer muy difícil sacarle rentabilidad suficiente al dinero recibido. Llegado este momento el banco puede comenzar a tener graves problemas de liquidez, que pueden ser peores dependiendo de su ratio de apalancamiento o los requisitos de coeficiente legal de caja del país en el que se esté. El caso español es paradigmático, pues se involucró a buena parte de la población española a gastarse el doble y el triple por la vivienda de lo que hubiese sido su casa habitual y a contraer hipotecas a 40 años con unas condiciones y cifras tremendamente ventajosas para el banco. Una vez la burbuja estalló, se debía cantidades ingentes de dinero a BCE y banca alemana y francesa, y no era posible colocar el dinero a la rentabilidad tan alta como se había planeado antes de empezar la crisis, los impagos, el derrumbe de las ventas y el tratar de mantener a toda cosa la ilusión contable de que esos pisos valían lo que decía en sus balances (y que para que eso fuese así no podían rebajarse). Al final del proceso (por ahora) los bancos españoles deben unos 337 000 millones de euros solo al BCE, sin contar lo que deban a la banca privada europea, su deuda agregada es de en torno al 280% del PIB nacional y se les ha cortado a muchos la barra libre de crédito del BCE. Llegados a este punto, los banqueros se firman su propio finiquito (que mas les da dejar un pufo de 1000 que de 1020) y le pasan la pelota caliente al Estado, obligado como está a responder por este sector financiero con el FROB o con lo que sea. Los ciudadanos han pagado unas casas e intereses por ellas muy superiores a los precios de mercado, el Estado ha de tapar los agujeros en las cuentas con dinero público y al no tener acceso directo al BCE ha de endeudarse con los fondos de inversión/bancos que le estén prestando su propio dinero. Quién se ha beneficiado del proceso, pues los gestores del sector ( que saben que incluso despido es un bellotazo serio) financiero y los grandes fondos y grandes fortunas a quienes se le ha dado en este y casi cualquier otro periodo una rentabilidad altísima y la posibilidad de seguir aumentando en el futuro sus ingresos aún más, en contra de los mismos, y con exactamente el mismo mecanismo.  Solo con esta perversa reasignación de rentas, verdadera des-distribución de la renta, se explica como el 1% más rico de España haya ganado su peso hasta casi el 22% de la renta desde un 9% a preincipios de los 80, por qué el consumo de bienes de lujo se ha incrementado en cerca de un 30% en el 2009, etc etc

Ya sabemos quién, pero seguimos sin saber donde. Y la respuesta es demoledora, y más teniendo en cuenta datos bastante recientes. Los ingresos del Estado han retrocedido, hasta niveles de 1988. Se les ha creado unas figuras específicas como las SICAV para  tributar a apenas el 1%, se redujo el impuesto de sociedades y se eliminó los impuestos de sucesiones o patrimonio. Se permitió por loor de la «libertad económica»  y puro chantaje el cotizar buena parte de lo facturado en el extrajero o en paraísos fiscales,  y por la libertad total de capitales y la economía neoliberal y sus postulados se les permitió, con ayuda de la contabilidad creativa, eludir de una forma muy efectiva los  impuestos locales o pagar la mínima expresión de estos. Y cuando el cariz de los acontecimientos se ha tornado un poco peor, se han llevado el dinero del país y mucho de él estará en paises considerados paraísos fiscales. 

 

Finalmente y para terminar la tragedia, vienen las consecuencias. Todo ese dinero, transferido hacia las capas altas de rentas con tanto maquiavelismo como con desfachatez se ha evitado el pago de sus impuestos, supone unas rentas menores de Estado, ciudadanos, y un debilitamiento de la capacidad de consumo de la sociedad. Privado de estos recursos, que no han tenido valor ni voluntad de recaudar nunca ni PP ni PSOE, el Estado es  crecientemente incapaz de sostener el mismo mecanismo de transferencia que implica el funcionamiento habitual del sector financiero. No solo eso, sino que su capacidad de tirar de la economía del país se ve muy mermada y acaba metiendo mano a las  clases medias porque con estas grandes fortunas y empresas  no se atreve. La disminución de la renta real de los trabajadores, el gran paro creado por el sector inmobiliario una vez no se pudo mantener la ficción y las políticas de austeridad estatales van creando un vórtice destructor de actividad económica que provoca una recesión económica que sin embargo se intenta atajar con más recortes y más austeridad. Los recortes en gastos suelen suponer el recorte del ingreso de alguien, y la pérdida continua de puestos de trabajo, cotizantes y pagadores de impuestos, unido a la obscena renuencia a afrontar a los ricos de los sucesivos gobiernos, dibujan una perspectiva realmente negra para el país, un círculo vicioso de decrecimiento de la economía (con el drama social que ello contiene) mientras las deudas a pagar se mantienen iguales o peor aún, aumentando. Una economía cada vez más pequeña no puede pagar los intereses  y volumenes crecientes de dinero a los rentistas, y sin embargo tal como está configurado el sistema es a ellos y casi solo a ellos a los que se puede dirigir, teniendo el BCE prohibida la compra de deuda pública y sin control de la política monetaria y la capacidad de emitir dinero.

 

Esto solo tiene un camino, y es la bancarrota. Y dado que ni en una bancarrota podrías controlar el flujo del dinero, que Europa no rescata sino que presta liquidez y a un tipo de interés, que si no se podía pagar lo anterior menos se va a poder pagar además de lo anterior el rescate y sus intereses y que, en fin, la lógica del sistema es implacable, es difícil imaginar una solución al problema sino es con una total ruptura de las reglas del juego y la valentía y capacidad para cambiar el rumbo e incluso salir de la zona euro de ser necesario, y usar esta firmeza en las negociaciones  con la UE para no tener que llegar a ese punto y reformar el tratado de la Unión.

Y mientras esto pasa, la deuda que pende sobre el sistema es casi 12 veces la producción de B y S de ese sistema, inalterable en su naturaleza conceptual de «deuda» ante los vaivenes de los casi cada vez más depauperados mercados «reales» que deberían un día pagarla si no es para exigir más y más como «compensación» por la intranquilidad que crean a sus ociosos rentistas. Y todavía enviando el dinero hacia arriba. 

 

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